lunes, 15 de abril de 2013

UNA INDECISIÓN CUENTA SI DOS ARMAN UN JALEO.

       Una palabra que cierna encadenadas, iras y rabias, deja el odio patente, para dar paso al lugar de un pequeño atisbo de irrealidades, en las cuales, una parte del poco entendimiento común de las situaciones que embriagan de hechos, y otra parte puesta entre decisiones, roba y presta esas insano juicio procurado entre la subjetividad que da un silencio e incauta  un avaricioso, entramado y lujurioso deseo. Puesto que en esas decisiones prestadas al odio, patentes en la rabia y en la ira, pone un lugares lejos del corazón y del entendimiento cordial y hechos para todos los momentos, de pocos desempeños usuales gratos para encontrar unas razones precisas, llevaderas y ciertas, en un poco del entusiasmo consecuente, provoca la venganza confusa en un pequeño comentario, dadas de los caprichos de la plácida ventura de libertades, y más dadas a libertar un pensamiento puesto en una idea que ha liberar una idea puesta entre las propias conclusiones, ya contrastada con los conocimientos puros, que hacen de la vida, de la ciencia, del saber, un concluyente y conciso parecer. En un poco de vida, en un poco de ciencia, odios, iras y rabias, dan el saber que el miedo provoca en el conocimiento, en un capricho de la maldad, cediendo propósitos ante la furia y dando resultados en risas de los propios malquehacientes, para poner un trozo esperanza en un poco de avaricia. Esa confusión que presta, a quienes hacen caso de esas pocas palabras y de esos pocos miedos, unos propósitos de quienes en esas palabras enfrente de su espejo, de su mirada, antes de decirla un miedo o antes de decir una intención, después de los propósitos a entendedores de buenas maneras; una faz hecha pedazos por la ira y la furia, que sin contener, no presta ni regala, solo hiere y malgasta la dicha, pues prestando un poco a quien no quiere o regalando a quien precisa lo justo, objetiva una clave de la propia cordura y de la propia realidad. Mas hecha a la medida salvaje que hecha a la medida de trozos de cielo cayendo, antes de poner limpia una palabra y antes de poner entre dos cuerdas o en una pared el trocito de cielo que no cae y que emerge otra vez hasta llegar lejos, a su sitio, después de saber que esa parte es de uno y las otras que caen son de todos.


domingo, 7 de abril de 2013

LA APARIENCIA ENGAÑA, LA REALIDAD ASUSTA.

      Entre la distancia que separa la contienda de las decisiones, no hay más de dos muros entre los problemas ha decisionar, pues el concluyente término de la realidad, puestas en la vida entre los sueños, afrontan para darle el verdadero sentido a todo centro en la vida que pueda hacer entre los placeres del tiempo y un momento de verdad entre todos los sueños. Poniendo entre una palabra la realidad y un testimonio del hecho, para mezclar y darle sentido a quienes están en ese centro y a quienes dan a la vida el sentido de la dignidad y de la razón, a un lado en lo puesto y a otros, entre las cosas que están bien y vayan a mejor, dejarán a un lado lo que hace personas y hombres, al encerrar los ideales en un trozo de los propios hechos de esta vida, pues los hacedores de malas ideas forman un cúmulo entre ellos, que sinceran y encierran con ira, para liberar tan solo un poco de odio entre sus propias indecisiones. Los que hacen de un momento un simple estorbo en la dicha humana, el placer de darle el sentido a todas las cosas que hacen de la vida el mejor lugar, el propósito de hacerla mejor es la cuestión entre una frontera real y una frontera del miedo, que en la participación, que és donde la ilegalidad forma el hecho y la verdad la contradicción de poner dónde o no una existencia, y de hacer infinito una apariencia, desde donde parte una simplicidad y desde donde habita la sabiduría, pueden entre existir por apariencia, para entablar la maestría en la primordialidad de las verdades, puestas al darle sentido a partir de la tranquilidad, donde asumen todos los riesgos de la mente perturbada, hacedora de irrealidades,  y de una mente tranquila sin perturbar, todas las inapropiadas bocas que prestan amargos y enteras peste, mereciendo esa ira entre sus mentes perturbadas, dejadas entre un dicho de la realidad y una propia apariencia, deja solo decir que la ilusión enmarcada entre dejadez de ideas de la realidad es darle sabor a la vida, y otra muy distinta, aparentar que ese sabor es digno de darle a un poco de tiempo excluirlas en unas palabras. 
(Versión NO original)