miércoles, 25 de diciembre de 2013

EL INSANO REÍR DE LA CONSTANCIA PERECEDERA.

El encuentro que da la ilusión, al tropezar con los viejo recuerdo que anhela un propósito, sin lamentos, sin lástimas, transita en un momento, donde un poco de aquel recuerdo precisa el toque de tu atención, que presta al despertar la placida sonrisa. Antes de darle una sonrisa a la mañana, lleva a pensar quién precisa de un poco de alegría, pues cuando alguien grita o susurra y pide que esa sonrisa sea sincera, no dan los lamentos más que una lágrima que tienta a quienes hacen del cristal una pequeña mella en la luna, y del que en su lástima no ve más que emborronados los ojos que le dan a su pequeño acorde del tiempo, a la llevadera intención de poder hacer del recuerdo, un lugar mejor, un lugar poder darle a ese trozo de tiempo, más que una alegría, pues el espacio que regala la sonrisa, le da al tiempo un poco más que eso, pues felices somos hasta que ese pequeño instante en el que sonríes, borra de las lagrimas un pasado y que en ese lamento olvidado, nos revive  aquella angustia de anhelos perdidos, pues el destierro del alma que hace su sentir en el hueco de la vida, desampara a quienes dieron su trozo de esperanza a la misma ilusión con la que poder servir  a la  promesa compartida, con todo el amor que merecemos cada día, sin dejar a un lado la sensatez que nos ata a la propia existencia, de la que salimos con esa sonrisa en preciosos momentos, que unimos y envolvemos en la alegría por nuestros motivos, encerrados en una honesta mirada, que nos junta cada vez que recordamos un pequeño gesto.


Poder reír y gritar de júbilo, sin prestarle atención a la propia sensatez, que sin querer, nos roba el tiempo en cada día y en cada instante, cuando tendemos a hacer lo mismo o tal vez, cuando todos hacemos un poco de la vida para encontrarnos después, en cada vez que hacemos algo, nos recuerda que ese momento es único para una impresión estática  que vaga en la desdicha de quienes recuerdan un lamento, o que hace del propio instante un error por no saber decir lo siento, por no saber decir. Aceptar la vida es cierto, por no saber expresar lo que se ve alrededor o no saber pensar en qué o en cómo hacer posible una ilusión que nos da ese poco tiempo prestado en la humanidad, entregado a la paciencia infinita cuando nos aguarda en cualquier rincón, en cualquier sitio que tengamos humildad, pues entre la propia apariencia de un pensamiento que recorre largos tramos para llegar a un pequeño estado de paz, o la apariencia de embaucar un lejano capricho en la desdicha de acentuar la inestabilidad, promueve un poco de placer entre ese lejano espacio que recorre fugaz un estimulo y entre la propia precariedad que da un trozo de tiempo guardado en un largo viaje, pues es en ese preciso retorno de la inercia que desestabiliza un propiciado error, conmueve saber que hoy es un día y que mañana es otro, en vez de poner un día para hacer posible las risas que nos emocionan, entregados a esa pequeña dicha de la inocencia cuando somos dignos de un poco de tiempo, o de un poco de vida, o un poco de la familiaridad que nos presta el entorno en el que damos vueltas cada día para poder mejorarlo, pues entregados a una, o a dos, o a tres alegrías en el que precisamos tener una razón para entregarla sin más, es un motivos para creer en nosotros, las personas que dan a la vida razones por la que existir, sea cual sea el momento y sean cual sean los propósitos, pues merecedores de la alegría que nos da la familia, todas las alegría juntas  se pueden regalar y todas los abrazos que podamos darle a los que nos quieren, son motivos para saber que se dan de verdad, sin mentiras ni engaños, a sabiendas de esa sinceridad que nos presta la realidad, aun entornada en la más oscuras de las ideas y en las más insólitas nieblas de la discordia, ya que  entregar un poco de lo que tienes, conlleva a llenar las manos en la entrega de la verdad, honesta en las intenciones, que regala la ventura del recuerdo, al darle a la vida un poco cada día, un poco más cada instante, pero haciendo posible que esa gran felicidad sea con toda la humildad del mundo.

lunes, 15 de abril de 2013

UNA INDECISIÓN CUENTA SI DOS ARMAN UN JALEO.

       Una palabra que cierna encadenadas, iras y rabias, deja el odio patente, para dar paso al lugar de un pequeño atisbo de irrealidades, en las cuales, una parte del poco entendimiento común de las situaciones que embriagan de hechos, y otra parte puesta entre decisiones, roba y presta esas insano juicio procurado entre la subjetividad que da un silencio e incauta  un avaricioso, entramado y lujurioso deseo. Puesto que en esas decisiones prestadas al odio, patentes en la rabia y en la ira, pone un lugares lejos del corazón y del entendimiento cordial y hechos para todos los momentos, de pocos desempeños usuales gratos para encontrar unas razones precisas, llevaderas y ciertas, en un poco del entusiasmo consecuente, provoca la venganza confusa en un pequeño comentario, dadas de los caprichos de la plácida ventura de libertades, y más dadas a libertar un pensamiento puesto en una idea que ha liberar una idea puesta entre las propias conclusiones, ya contrastada con los conocimientos puros, que hacen de la vida, de la ciencia, del saber, un concluyente y conciso parecer. En un poco de vida, en un poco de ciencia, odios, iras y rabias, dan el saber que el miedo provoca en el conocimiento, en un capricho de la maldad, cediendo propósitos ante la furia y dando resultados en risas de los propios malquehacientes, para poner un trozo esperanza en un poco de avaricia. Esa confusión que presta, a quienes hacen caso de esas pocas palabras y de esos pocos miedos, unos propósitos de quienes en esas palabras enfrente de su espejo, de su mirada, antes de decirla un miedo o antes de decir una intención, después de los propósitos a entendedores de buenas maneras; una faz hecha pedazos por la ira y la furia, que sin contener, no presta ni regala, solo hiere y malgasta la dicha, pues prestando un poco a quien no quiere o regalando a quien precisa lo justo, objetiva una clave de la propia cordura y de la propia realidad. Mas hecha a la medida salvaje que hecha a la medida de trozos de cielo cayendo, antes de poner limpia una palabra y antes de poner entre dos cuerdas o en una pared el trocito de cielo que no cae y que emerge otra vez hasta llegar lejos, a su sitio, después de saber que esa parte es de uno y las otras que caen son de todos.


domingo, 7 de abril de 2013

LA APARIENCIA ENGAÑA, LA REALIDAD ASUSTA.

      Entre la distancia que separa la contienda de las decisiones, no hay más de dos muros entre los problemas ha decisionar, pues el concluyente término de la realidad, puestas en la vida entre los sueños, afrontan para darle el verdadero sentido a todo centro en la vida que pueda hacer entre los placeres del tiempo y un momento de verdad entre todos los sueños. Poniendo entre una palabra la realidad y un testimonio del hecho, para mezclar y darle sentido a quienes están en ese centro y a quienes dan a la vida el sentido de la dignidad y de la razón, a un lado en lo puesto y a otros, entre las cosas que están bien y vayan a mejor, dejarán a un lado lo que hace personas y hombres, al encerrar los ideales en un trozo de los propios hechos de esta vida, pues los hacedores de malas ideas forman un cúmulo entre ellos, que sinceran y encierran con ira, para liberar tan solo un poco de odio entre sus propias indecisiones. Los que hacen de un momento un simple estorbo en la dicha humana, el placer de darle el sentido a todas las cosas que hacen de la vida el mejor lugar, el propósito de hacerla mejor es la cuestión entre una frontera real y una frontera del miedo, que en la participación, que és donde la ilegalidad forma el hecho y la verdad la contradicción de poner dónde o no una existencia, y de hacer infinito una apariencia, desde donde parte una simplicidad y desde donde habita la sabiduría, pueden entre existir por apariencia, para entablar la maestría en la primordialidad de las verdades, puestas al darle sentido a partir de la tranquilidad, donde asumen todos los riesgos de la mente perturbada, hacedora de irrealidades,  y de una mente tranquila sin perturbar, todas las inapropiadas bocas que prestan amargos y enteras peste, mereciendo esa ira entre sus mentes perturbadas, dejadas entre un dicho de la realidad y una propia apariencia, deja solo decir que la ilusión enmarcada entre dejadez de ideas de la realidad es darle sabor a la vida, y otra muy distinta, aparentar que ese sabor es digno de darle a un poco de tiempo excluirlas en unas palabras. 
(Versión NO original)