Las razones por las que
dar un salto a lo desconocido, lleva la sensación pegada a la
valentía y el impulso necesarios para dar un gran salto al vacío, a
diferencia de si tirarse a una piscina vacía de cabeza sin mirar es
sinónimo de romperte la crisma. Una sensación que invade para
aterrar en lo desconocido es mejor buscar en lo fiable, para poder
dejar en claro que el propósito de embargar todo el tiempo en un
riesgo inminente. Podrá hacerse mejor en el indagado mundo de la
seguridad, donde apelamos a tener claro que es lo que hacemos y para
que, ya que hacerse con lo desconocido con el riesgo de ganar mas que
de perder puede hacer mella en la diferencia de un temerario a un
valiente o de un atrevido a un osado, que solo busca la sensación de
perpetrar un riesgo en cuenta de ese valor que pierde cuando no tiene
sentido. Dar la vuelta al tiempo es imposible, mas aun cuando
queremos dar marcha atrás a un suceso que si el valor nos deja
podríamos hacer de el el recuerdo perfecto. La llave que abre la
certidumbre de connotar ese pasaje entre la realidad que enseña los
dientes y la subconsciencia que permite pasar los impulsos erráticos,
cuando entregados al subconsciente nos abre la ternura de comprender
que es lo posible cuando entre unos y otros que salan las conciencias
para quitar el agrio y amargo sabor de la incertidumbre, deja
entregado a la rotunda idea de apaciguar el entredicho por mucho
menos que entregar la constancia en una rutina aparente, llena de
halagos por un lado y llena de discriminación por otro, hasta dar
cuenta de qué es mejor, si apalabrar un contratiempo o insinuar una
palabra para llevar el contraste del pensamiento hasta hacerlo digno,
pues entre unas razones y entre un sabor al que recurrir siempre
queda la sensación aromática que envuelven los lazos del día a
día, ya que unos piensan en positivo para seguir dando
unilateralidad en la vida, siendo otros los que colectívamente
impregnan la razón con sus postuladas apariencias, antes de dar por
sentado que las posibilidades de dar y de recibir son tan
contradictorias que emplean la mano fácil para apretarla antes de
saber que contrato dará el ir a los campos en los que se refugia la
vida, en una difícil apreciación al gusto por el que hacer las
cosas tal y como mandan, ya que unos dicen y dicen qué es mejor,
pero otros ni cuentan ni comparten las propias razones por las que
dar una dignidad al tumulto de improperios, dejando a un lado la
prosperidad que da el saberte humilde y seguro, antes de romper con
esa rutina que ciega de vicios nos lleva a aparentar las condiciones
humanas de los que destruyen mas que construir.
Hay muchos sentidos que
le damos a una misma peculiaridad, pero hacer posible el
entendimiento a uno solo, mientras pasan rápido las demás
insinuaciones, es preferible recordar que uno sólo delante, otro al
medio y otro al final, ponen los sentidos que se solapan para
desarrollar el comportamiento que nos hace falta cuando en silencio
paramos el motor de la inercia y nos regocijamos con el sentimiento
que necesitamos, un sentimiento plácido y estático, para dar
movimiento al pasado hasta prendar el futuro de mejores enseñanzas,
que iremos haciendo sin trompicones, delante de las experiencias que
marcadas con las hazañas nos hacen posible vivir dignamente, antes
de que desaparezca el pudor y la honradez que guardamos en un
recoveco de alma, pues antes que desalmados encontraremos las guerras
y conflictos de gente que no es gente y de personas que no son
personas. Dejando a un lado la dicha que nos conmueve, el darle a
quienes no se lo merecen el valor de los sentimientos, dejará
preocupado a quienes saben que existe esta similitud de ideas,
contrastadas con los epígrafes de noticias que vulneran la
sensibilidad, para morder el sentimiento de quienes pulcros dejaron
de serlo, alimentando el ego que provoca la difusión de la moralidad
concurrente, hasta emprender en el camino de la cordura el
entendimiento que nos deja perplejos cuando sin razón le damos a los
sueños que vivos despiertan pasiones, para dar el vivir en un
infierno a quienes atrapados en la mafia de los recelos que evocan
los resentimientos profundos del ser humano, vinculados a los
propósitos que nos hacen merecer apelativos con razón, hará la
interpretación de la vida alrededor de los malos hábitos y
merodeará en la codicia con el valor que le damos unos u otros,
inclinándonos al temperamento correcto los que posibilitan liberar a
los sueños que enfrascados entre cuatro paredes y cerrados en un
abismo concordante posibilitamos la pasión por esa libertad en la
inseguridad que nos proporciona la dependencia a quienes atados a un
lujo inconmesuralbe nos desvelan en ese apacible entender de la
propia y nefasta idea de amarrar un buque a una boya de profundidad,
pues profundo es el océano y la ilusión flota en cada uno de
nosotros, para dar en cada propio océano una cierta cantidad de sal,
para que la flotabilidad de uno de nosotros pueda hacer al agarrar la
mano de otro, un reflotamiento de las emociones y sentimientos que
marcan nuestra vida, en nuestro rumbo por las ilusiones que
humildemente proponemos en las guerras que otros hunden con plomo en
los costados de los que libres piensan y de los que liberados sueñan.