domingo, 27 de diciembre de 2015

El ápice del vértigo.

       La incondicional lealtad a uno mismo, mella en las decisiones que perpetramos en nuestro inconsciente, pues desleal o no, la fuerza que emana del subconsciente, entre las palabras y acciones que hemos de dar sentido, la única verdad que tiñe de colores la realidad es ese hilo rojo que traspasamos a través del espejo que nos mira pidiendo comprensión. Antes de enhebrar la aguja con seda, queda el valor del esparto cuando la calidad del preciado pensamiento no rige en esas consciencias que colectivamente han regido un punto en común, desapegándose de esa inercia que hace posible entenderlo, pues con un soslayo encuentra la palabra correcta, pero un pensamiento fugaz que intente invadir en contra de la intuición que refleja la realidad, difiere de ese sentido común que antes o después iba de la mano del entendimiento. La verdad que envuelve el pensamiento, cuando en los sueños desvelamos su significado, nos deja ver que hay en el entramado de las proyecciones que nuestro subconsciente nos regala con cada virtualización que hacemos sin darnos cuenta, pero que en el fondo, su intrínseco revoloteo de ideas manifestándose a través de las imágenes que trafican con sentimientos y emociones, dan para estar bien cuerdo, haciendo depender del colectivo para entramar los resultados de ese significado que le damos desde un punto de vista hasta el otro sentido digno de cordura, aunque entregado a los sueños, nos demos cuenta de su valor hasta pensar qué es posible recordar de entre unos y otros o qué es posible encontrar cuando sin querer los sueños se vuelven pesadilla. Aun así, la realidad que hacemos posible con cada palabra y con cada pensamiento, es diferente en cada cual, representando el indicio de un camino que seguir o complaciendo el recorrido que llevamos entre el punto de partida de un hecho y el digno estar en el camino que llevamos por dentro, por nuestra psique y ondas colectivas, que dando incapié a las decisiones tomadas a mano alzada infiere en el transcurso de esos que prefieren codiciar al entendimiento que manifestar un acuerdo entre mandatarios del placido sueño que envuelve el día con su noche. Cada forma de pensar hace única la tradición que hemos de seguir pero el que no sabe estar en el momento presente, con los que en ese momento predicen para lograr ese entendimiento futuro, que mella entre lo cuerdo y la fantasía, propaga un rayo de incertidumbre entre los que apaciguan con halos de desesperación la frontera de ese hilo de seda, que antes de quedar en desacuerdo, fundamenta al principio del logro antes de asumir la calidad de vida o la calidad de hermandad que sufragan las decisiones posibles antes de dar sentido al acometer la dicha con un inesperado contratiempo a corto plazo, ya que lograr a todo largo plazo un acuerdo común entre los que prefieren donar vida a los que necesitan robarla, da entre los trompicones del desacuerdo mutuo que hilvana dos prendas distintas como pensamientos entre si, dando como resultado un acuerdo dividido por las mismas prisas que da recorrer todos los pensamientos en un solo segundo y ver con claridad que ese inconsciente es el hálito que mueve la intuición, aunque veces sean quienes no quieren regirse por esos codiciosos y deshonestos principios, para ver si en el transcurso de la necesidad que nos hace humanos, una decisión que particularice ese sentido digno de honradez para enmendar las situaciones difíciles que nos hacen ver la crisis particular en un encuentro con la dignidad que nos ha de dar satisfacciones. Una vez conseguido el pensamiento al unísono de un acuerdo mutuo en compañía de la certidumbre, mueve mas tiempo prestado que el robado por las innecesarias cautelas que privan de seguridad al humano que pretende pensar en positivo y adecuados los modos por los que luchar, hacer de las palabras una posible conexión de dialogo en vez de ruptura inadecuada por los valores que ciernen las propias palabras, de boca en boca y de discurso en discurso, sin apoyar mas que a la gloria de sentir el hondo hueco que cae cuando aun no nos hemos levantado, insistiendo en repercutir sobre el mandato de la acción que llevan a cabo unos pocos por la verdadera decisión que mueve honradez y humildad antes del nefasto acuerdo que vela por la corrupción propia e indebida de quienes mueven la condición humana a la salvaje y brutal connotación de guerras y disputas. Ser cruel no vale la pena, ser rencoroso ahoga el alma, ser codicioso rompe el saco, ser inexpugnable forma un muro que has de saltar tu mismo, ser adecuado no adecua mas que unos principios y ser fiel no lleva mas que a ser uno mismo con la integridad propia de esos principios que nos envuelven entre lo real y lo verdadero que tiene ser uno mismo.