Hola...para quienes leían parte de las palabras del miedo, os dejo con un nuevo blog en el que hago ver de distinta forma esas palabras que nos llevan, una detrás de otra, a caminos inimaginables por los que pasea la consciencia, vagando por los entresijos de la superflua realidad, para encontrar al final de cada palabra, un comienzo por el camino que nos hace ver parte de una ilusión que evocan en algún momento los pensamientos conscientes del paso del tiempo. Aquí os dejo con Seguramente Palabras.
https://mentilinea.blogspot.com.es/
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miércoles, 15 de marzo de 2017
miércoles, 8 de marzo de 2017
En el rellano de la inconsciencia.
El
apesadumbrado bienestar que vive de nostalgias hace que el estar
existiendo pese mas que solo un desgastado bien vivir que nos da la
vuelta desde el principio hasta el fin de cada pensamiento,
desvarando una y otra vez los haces de luz que contemplan la dignidad
del ser humano. Cada segundo que se pasa agonizando por el pasado,
cada vez que se hace posible entender que lo causa o cada vez que
pensamos que es lo propio de estar contemplativo, da un estado en el
que viajar en ese pasado no arreglar nada, dejando cada vez que la
propia inercia vuelva ha recordar. Cada vez que la propia voz que
emana del infinito susurre que eres capaz, sera la chispa que
recuerde tu esencia, la propia voz que hablará de lo que eres capaz,
de un pasado en el que envuelto en tragedias nos desvelamos a el
amparo de los gratos caminos que hacemos cada día, sin entumecer los
huesos con la frialdad de la humedad que estorba entre los rincones
ya que en esos caminos, la luz que emerge cada día nos dará ese
espacio que vemos tan cerca, lejos de nosotros mismos y con la
desesperación del tiempo que va dejando que pase ese momento en el
que reaccionas hacia un desconocido sueño que empuja quienes no
quieres y quienes hacen que todo sea posible, sin contar contigo,
dejando que ese momento en el que decides plantear una lágrima a la
desconsolada vida nos devuelva un grato favor, para que en ese
rellano de incertidumbres, las inconsciencias sean solo para quienes
quieren oírlas, dejando que ese bienestar sea tan solo el principio
de la propia lealtad que nos debemos a la ilusión de los años que
nos enseñan, de los vuelcos de la vida en los que festejamos la
creíble madurez de estos momentos, sin caer en el rellano de la
inconsciencia otra vez por parte de quienes fueron partícipes de
esas congregaciones que fueron haciendo mella en la propia inmadurez,
hasta ver que entre los esclavos de la discordia solo depende caer
entre uno de ellos para que ese caos rompa la buenaventura de los que
vamos caminando, hacia un sendero en el que compartir los lados de su
sombra sea la propia quietud que despoja el velo de un nuevo día
para encontrar lo justo y deseado, por hacer posible que la
tranquilidad de ver a salvo un nuevo amanecer sea lo que entregamos a
esos centelleantes puntos blanco que tenemos entre un pensamiento y
otro, dándonos el mejor resultado para que cada pensamiento sea
único, y con el valor de otros tantos conseguir que la inercia de la
vida nos devuelva ese llanto que apagamos con lentitud antes de caer
rendido en alegrías que después nos hicieron fuertes. Ya que
dejarse llevar a un sinsentido obligado, donde cada interés corre
por parte de quien premedita constantemente en alcanzar ese
condicionamiento recurrente en el pasado y vuelto a entregar a un
futuro sin mejorarlo, un recuerdo que habita en una consciencia
desmesurada por la gratitud y amparada por el inciso de sus
reacciones cuando esa luz nos permite ver que hay detrás de cada
segundo, de cada milésima o de cada vez que nos embriagamos y
decidimos que es lo mejor, sin acordarte de lo que eso significa,
para dar la vuelta a las satisfacciones de la vida en un pequeño
consejo que dio una chispa de la propia esencia que nos envuelve sea
acorde al principio de gravedad natural que nos impulsa en ese viaje
hacia lo desconocido, en donde cada rellano de inconsciencias creará
un mundo paralelo para ver que hay detrás de lo bueno, cuando en
realidad solo queremos mirar y ver plenitud cuando estamos aislados,
por dejar entrever lo sensato y dispersar la credulidad nula de un
mundo mejor, en el que la cordura falta y el entendimiento nos
desvela que poco a poco nos vamos haciendo al entorno, hasta poner tu
sinceridad entredicha por la nostalgia de perder un recuerdo.
domingo, 5 de marzo de 2017
El ruido o el sonido que embriaga.
El
profundo bienestar refleja cada momento como único, donde el
resguardo de la apariencia de la vida, nos lleva por semblantes
hechos para guardar todo lo rico que hay entre los pensamientos que
vagan por la inercia de la vida. Más rápidos aun en estos años,
cada vez va incrementándose la velocidad con que el espaciamiento
nos lleva por los sueños, donde el principal benefactor de la
similitud que hay en el recíproco mentalismo que abarcar viajar en
el espacio a la velocidad del vibrante interior, que con sus acciones
hechas para vivir en plenitud, las fases en las que desarrollamos los
plenos condicionamientos, existiendo entre tantos conocidos por los
que elegir camino seguro, donde entre cada grupo que pone su música
y nos deleitan con el ruido de sus manos y no con la melodía de sus
almas, ni con el surgir de ese cosmos que aguarda sonidos llenos de
misterio cuando la fricción de los materiales que viajan en muchas
micropartículas juntas pero separadas unos dos milímetros por 8
micrómetros que mide cada partícula viajera en el espació, con un
silbido suave espaciado y armónico, que captados por cada ente que
vive fuera de esta galaxia que nos permite viajar en nuestro tiempo,
abarcando en lo más profundo de nuestro interior esa dimensión que
nos empuja a ir lejos con los pies puestos en la tierra, pero con el
espíritu albergando distancia tan cerca y próxima como nos dejamos
en la memoria que nos da libertad de elegir y estacionar nuestro
espacio tiempo en una partícula que ha viajado y simplemente se
entremezcla con el silbido y sigue su rumbo, estremeciendo la
satisfacción de pertenecer estáticamente a un mundo que nos da esa
imagen que tenemos de la vida, siendo de otro color y otra forma en
otras dimensiones, y en cada una su espontáneidad para que segundo a
segundo, un poco mas lejos cada vez y mas cerca de ese fin que a
todos nos lleva hacia otro lugar, en donde la plenitud de la alegría
desborda el encanto de las tardes en donde hay tardes y mañanas en
donde hay mañana, para que entre los que dan un paso para enfatizar
sobre algo, siempre es de la forma más inocente, aunque parezca que
no, donde cada uno ha perdido el tiempo llenando de cosas no tan
gratas en esa inocencia que nos desvela en la honestidad y la
humildad de reconocer que somos adultos pero con la propia educación
que nos permite discernir entre lo bueno y lo mejor, para dar un poco
de sentido a los sueños que desvelan que estamos aquí, y no por las
nubes, ni entre las montañas, estamos en un centro gravitacional con
sus propiedades, pero quién estudia las sensaciones producidas por
el silencio que cada uno lleva a su ruido personal, a sus enlaces en
la imaginación y el largo renacer de cada momento que nos envuelve
en lo mas profundo y nos ciñe a la liberación del uno mismo con el
todo, hasta poder llevar esa inercia entre los que recuerdan el viaje
hacia algún lugar en algún sitio. Depender de la inercia que nos
desvela el místico viaje de la vida hacia algo mejor, es hacer
posible que esos condicionamientos que nos rodean el subconsciente
con sus ondas por aquí y por allá o cuando un sitio que guarda la
verdadera forma ancestral, nos desvelamos al extásico existir de lo
que entre los que sueñan ven que hay algo mas lejos sin estar cerca,
simplemente estando, en un estado de serenidad y seguridad que entre
los que se agarran a las voces que entre todos los ruidos del sueño
es lo peor, es donde entre los que dan por sentado que el recapacitar
es poner el subconsciente a trabajar en vez de dejar ir el
pensamiento hacia el espacio, empezando por nuestra consciencia, de
saber situar el estado meditativo y devocional suficientemente
arraigado a la naturaleza universal, la contemplación hacia uno
mismo, cuando nos miramos dentro y vemos que la imagen que refleja es
la propia imagen sin luz, sin un reflejo nítido, en el que a la vez
que saber que es alegría el bienestar de los que alrededor cuentan,
es ahora cuando de verdad abro los ojos, contemplo un poco el techo
blanco y al cerrar de nuevo la propia inercia que me lleva lejos, es
saber que con un poco de aire la expansión de uno mismo es la forma
en la que dar un poco de quietud no impida dar forma a una imagen en
la que los que piensan igual que tu dirán de otra forma o de otro
modo, a la vez que entre los que no conocen el comienzo dejarán al
lado lo que prefieran hasta dar de nuevo en quien calla a quien.
jueves, 23 de febrero de 2017
EL TRAYECTO EN LA OSCURIDAD.
Empezaba lejos el sentido de pulcritud,
cuando entre las hoja de los árboles, los restos de basura eran
despedazados por las ratas, en un ambiente lúgubre por entre los
recovecos de la memoria, donde empezaban a dar sentido los entresijos
de los lugares por los que habitaba la mente, entregado al silencio
de los ojos terceros que entre palabras en algún momento nos dimos
cuenta del presagio de la virtud del silencio, cuando esos terceros
no cohabitaban entre las palabras, mas bien eran pasto de ese callado
silencio que decía mucho, pues entre esos pensamientos reprimidos,
en un impulso anterior hecho para crear todo en un segundo, hace que
pensemos que la vida es corta y nos lleva en el sentido común de la
desesperación, pues entre la maldad silenciosa solo queda la virtud
de la disciplina, cuando en esos silencios ocultas tu sentido digno y
mofas sobre la propia sensibilidad hecha para amar sin
condicionamientos, metido en un bucle que forma la distorsionada
imagen de un espacio, de un trozo de universo, para ti, para tus
sentidos, para la propia instantánea que quieras recordar, pues
entre los momentos que habitan en el espacio, nosotros estamos
conectado a ello y con la aceleración de la memoria el cuerpo viaja
mas rápido por el universo hasta llegar lejos, cuarenta años luz
nos da la perspectiva que deseamos con la ingeniería que nos lleva a
través de rayos inflarojos, que abarcan mucho mas la leyenda de
apagar las luces y quedarnos mirando el espacio a través de un
espejo, contemplando ese silencio que nos dio el ser pacientes, con
la atención en lo alto de la cabeza y con la retrospectiva digna de
quien en silencio ocupa el espacio y hace digno el bienestar de los
que le rodean, pues entregados a la magia del poder omnipresente que
abarca desde lo las sencillo hasta lo mas entregado a la dignidad,
que repercute en esos chillidos inoportunos de la vecina de abajo,
sin saber que los insultos condenan el alma y esta se resiente con la
propia palabra, como si nos ahogáramos en un vaso de agua. La
cultura nos enseña que el poder está en la palabra, y así, bien
dicha, nos podemos encontrar en qué decir o que contar, para
entregar un poco de la discordia continua o un poco de bienestar
aparente. La palabra nos hace fuertes y concisos, dignos y precoces,
propios y concordantes, sensibles y carismáticos, también nos hace
canallas e inmaduros por ser ordinarios y cobardes además de
ingratos y misceláneos hipócritas que nos envenenan con
habladurías. Es probable que cambie la decisión de gritar cada vez
que se nos antoje, tomando como ejemplo, por los que habitan y aún
no se han quitado los pañales, entre los trozos de coloridos
semblantes hechos para dar comienzo a lo que acaba de terminar, para
poder hacer posible que esa chispa que emerge de un contacto
indirecto nos afecta en medida a la proporción de hábitos sanos
para que repercuta sanamente y no con la condición de hacer daño
por hacerlo, sin mirar lo que se dice y no ver lo que se habla, por
entender que ese silencio que nos hace poderosos, ese estar callado
de la similitud con el universo, nos transporta a ver caóticos
escenarios o bellos parajes, en donde la vida nos lleva cada vez que
pisamos ese trayecto a la inercia de la vida, que nos despoja de toda
seriedad estática y nos desvela que hay posibilidades de que en la
unión con el todo tenga que ver ese estado de silencio, y en el que
cada vez que nos vemos reflejados en una importante cantidad de
materia oscura que generamos para crear un poco de vida, nos daríamos
cuenta del pasaje que hay entre ese segundo en el que nos regalan una
imagen para nosotros y el tiempo dedicado a la asignación que le
hemos dado para que siga su curso.
martes, 21 de febrero de 2017
Una palabra y un dicho.
Sentirse seguro de las palabras, sentir
que ellas hablan solas con el impulso de un tema concurrente, con la
ayuda de los conocimientos y el placer de poder decirlas para hacer
posible un claro ejemplo de lo circundante y posponer la mentira para
dejar de hecho que el valor de unos comentarios llega mas profundo
que un simple y mero sentido de hacer palabra en el honor de los
expertos en temas concretos en vez de ver la estereotipada inducción
a temas mucho menos banales que el resto, esperando tener una
condición de humano en quien promueve la propia sabiduría y el
recordar de lo insensato entre los mejores años de una época en
cuestión de la vida que nos da por ceñido la verdad de todos
aquellos años en los que la satisfacción de haber contenido en el
tiempo un poco de lo que llamamos entendimiento con los propios
decorosos de un simple gesto de inercia en el que habita el
comprender una mente o a una persona que dice, y no solo por tener el
mejor de los sentidos puesto en comentar, para que la insistencia de
los esclavos de ellas, hacer que de ellas sea el placer de decirlas,
porque el tiempo que nos hace ser honestos y justos entre la
desilusión o el desencuentro produce tu sensación, propia de cada
cual en cada momento. No tendría sentido si cada uno dice lo mejor
pues para criterio propio es saber que cada vez que entregamos un
dialogo a terceros, el mejor de los resultados que nos hacen ver el
tránsito de la vida entre parodias y entusiasmos gratos, catalogados
como comedia, hechos para saciar el ánimo de alegría y el mejor de
los dramas que cómicos nos transporta a la vida alegre que uno sueña
pero con el valor de saber que cada uno que escucha se nos hace
cómplice de la intuición que nos desvela el subconsciente que
estando preparado para dar valor y carisma a la reacción propia de
una voracidad en lo perpetuo de ese instante que nos desvela emoción
y coraje para dar la mejor de las sonrisas y el mejor de los
aplausos, o la mejor de las palabras y lo mejor que escuchamos entre
cada uno, entre los que de alguna manera nos hace pensar y entre los
que de otra forma nos entrega ya masticado el resolutivo conflicto en
nuestra mente cuando relacionamos lo que escuchamos con nuestra
opinión pues veces ese mejor ejemplo es uno mismo sin pensar en
quien ni en como para rehacer un valor disoluto en una gota de agua y
el propio quehaciente y su propia mentira hecha pedazos por palabras
que en su lugar solo darían un sentido digno si se dijese de una en
una, las opiniones que nos hace ver quienes somo en lugar de ver de
donde venimos para dar una sinrazón o dar una razón a medias donde
el valor de decirla es la opinión de quien interpreta su
condicionamiento base donde la opinión de su crecimiento personal
determine que interpretación le damos a la docencia o a la
amigabilidad que nos persona entre lo aprendido y la propia
experiencia para darnos cuenta de que entre los que hacemos posible
un entendimiento y los que recrean su placer por deleitarse, conlleva
adoctrinamientos necesarios para dar por sentado que la opinión es
correcta hasta el punto de ver que ese sentido se lo dábamos cuando
entre colegas nos poníamos a prueba con palabras que nos dieran el
valor en el mínimo segundo, siendo cada vez palabras mas cortas y
sintetizadas por cada vez que la recíproca palabra es silencio en
el más absoluto bienestar de la propia sinrazón que nos hace
personas cuando entre los que nos hacemos remolones con el tiempo que
sobra hasta por los codos, la intención es hacer posible el cuento
que todos tenemos en el interior, cuando el miedo se cierne sobre las
propias sensaciones que un oyente nos presta al misterio de conocer
que hace posible un miedo y que nos debate para referir que hacemos
posible con ellos, hasta el resultado de ver que la vida nos enseña
a disfrutar de cada rincón que tenemos entre los contenciosos de la
disciplina o los disparatados que nos envolvemos en magia, en
momentos únicos y placenteros que de alguna forma pude llegar a
entenderse, hasta que la propia acción de ese juego que nos hace
pensar entre las paredes de fría envergadura o entre ladrillos que
propinan cuadros imperfectos en un fondo oscuro y meticuloso,
parecido al cuadro que siempre quisimos tener y que nunca compramos o
como el cuadro que nos regalan para dejar a un lado, hasta la
posibilidad de pintarlo y darnos a conocer entre jirones de tela y
lienzos en blanco, para darnos sentido a lo que sin razón aparece y
sin quererlo nos dibuja, para trazar colores entre ese fondo oscuro
para darle luz y luego, simplemente contemplar, en silencio,
masticando la palabra que puede salir o la que te puede repercutir,
para coincidir con ese futuro recurrente que nos agobia y el propio
presente que nos dice o tal vez, ese cuadro que vemos refleja el
sentido de todo lo que nos representa entre la vida y el espejo de la
imaginación, para tratar de hacer posible el bienestar de una o dos
palabras bien dichas mejor que decir demasiadas y caer en el cuento.
martes, 7 de febrero de 2017
Dos años y un poco.
Daba
la vuelta a la esquina y encontraba el consuelo de una calle en
bajada, con sus adoquines oyentes del traquetear. Los tacones y las
suelas movían pesados ladrillos aferrados al suelo con una fina capa
que contenían la arena de mortero lo suficientemente seca como para
que los poros del ladrillo despegaran sus contactos, mas blancos que los demás entre varios
miles de ellos, en hileras, haciendo con el tiempo un sonido de agua,
al rozar los bordes y esquinas de unos con otros y con el suelo frío,
empapado de agua mientras la ya tenue brizna de lluvia acompasa a los
charcos, que vislumbrados desde la perspectiva de la Luna, con su luz
reflejada entre los pasos que van acercando al mar en la escollera
del puerto, hasta rodear el muelle, después de haber pasado por el
puente que une los dos extremos a una altura considerable, peatonal,
que desde allí, el amanecer consuela con la plácida y lenta agonía
del Sol por querer salir y adornar con sus sutiles y candentes rayos
impetuosos que van dejando sus colores por todo el mar, llevando en
una barandilla de hierro con pequeñas redes situadas a los bordes
que decoran y hacen de protección al embobado puente que me deja
poder respirar unos segundos de paz, ensimismado en el horizonte y
bajando los peldaños de acero con el consciente pisar de colores
claros en un suelo resbaladizo, hecho para aguantar las inclemencias
del mar, que ha veces, entre las olas iracundas de sed que rompen en
la escollera, desde donde saltan grandes gotas a la plataforma y hace
que su color se vaya haciendo marrón, blanco por los bordes entre
las manchas de oxido y la pintura verde que tenía despellejándose
entre las costras, hinchadas del casi pulido hierro que hace la
estructura, una sólida pasarela que lleva a los mercaderes a vender
las sales inglesas y los naranjos que llegaron bien al puerto, en
matas pequeñas y radiantes, pues llevaban todo el agua que querían
entre las cien que llegaron para desembarcar en el muelle Norte,
donde encontrar algo que no viniera en barco sería casi imposible.
Todo se podía encontrar en el muelle, en el mercadillo que expedía
a mayoristas y mayoristas cargaban de troncos como pago, pues la
madera que se llevaban para hacer barcos ligeros que navegasen por
los océanos y cambiaran el carbón por máquinas hechas para durar y
llevar mas de una carga al mes. Toda la madera, todo el coraje de la
tierra hecho para respirar, destrozado, pues no solo se llevaron los
pinos y los robles, también se llevaron la fauna y parte del
ecosistema que ahora conocemos como normal, siendo en el Norte donde
encontramos esos recursos pero sin comparación a la madera que esos
pinos llevaban a buen puerto, para desencadenar su transformación
gracias a la vida humana, hecha pedazos por la inercia del hombre que
hace posible la coexistencia entre unos peldaños que me acercan por
la barandilla del barco hasta seguir pisando madera, entre los
tacones que se dejan su huella y una sensación única, dependiendo
del tamaño del ir y venir de pasos que nos acercan de nuevo a la
otra orilla, sin pensar en lo amargo que puede ser vivir sin consuelo
o desmedido por la alegría que me acerca ha amarte, dando la razón
por tus sueños y tus viajes, ahora míos y sentados entre los libros
que encierran misterio y aventura y algo de nostalgia para consolar
los sentidos, padeciendo ya la añoranza que embelesa una mañana
entre las hojas de otoño que yacían revueltas mas de un segundo
entre los muros y luego volaban hasta llegar cerca de esa inercia que
nos acarrea mas de unas pocas cerca del arremolinado pelo, siendo
diminutas y secas por esos días en los que el sol pica mas de lo
normal, encareciendo el aire deseoso de respirar con los árboles,
que entre las zarpas del tiempo y las mañanas, impertérritos
aguantaban hasta que sus troncos cedían con el paso de las hachas,
puestas y entregadas a la vida, como años de hojas puestas para
caldear la estufa que ahora mueve motores en barcos que navegan hacia
el océano y traspasan pequeños charcos en frágiles canoas hasta
brindar la cohesión que tenemos en viajar y sentirnos desplazados,
rotos, despegados de ese apego a la vida que tenemos, hasta darle la
vuelta a las prioridades entre los momentos a elegir, encontrando en
los sueños un señuelo que nos acerque a reencontrar la ilusión que
nos regala existir para darnos cuenta de la propia incidencia en
nosotros, hechos raíz en una casa con puertas y ventanas que nos
recuerdan poder abrirlas o cerrarlas, eligiendo cuando el clima nos
ayuda a tenerlas abiertas o cuando por su ímpetu tenían que ser
cerradas para demostrar que se puede estar dentro de un habitáculo
hecho para residir y cautivar el tiempo entre paredes, esperando
abrirlas para saltar al vacío y dar de lado a la sutilidad de los
impropios recuerdos que como rabia se deshacen entre la pulcritud
desmedida o la dejadez de unos años que pasan largos cercanos a
volver para encontrarte y saber que han pasado dos o tres y la
sonrisas puesta para llegar lejos con la alegría que es darle un
embozo de los años a la sobriedad de un beso robado, que encontró
al llegar con mis pasos mi tiempo y el tuyo, haciendo posible que
otra vez vuelvas a esperar conmigo, para darle al universo tan solo
una pequeña parte del misterio que daría encontrar lejos lo que
buscamos aquí, teniéndolo cerca.
miércoles, 18 de enero de 2017
La inercia del todo
La capacidad que tenemos
asumida en el intrínseco espacio que nos separa de la vida, para
entender que todo se mueve, que no hay nada estático, que todo
alrededor da vueltas y sobre la misma vida todo sigue un movimiento.
Es sublime, ya que nos damos cuenta de que estamos parados, quietos,
pero en verdad todo está en movimiento haciendo posible el encanto
de cada uno cuando sus ojos de verdad consuelan. Todo se mueve, todo
está en movimiento. Cuando queremos estar quietos, la sensación que
nos produce el sentir la quietud no es más que el movimiento de la
vida en nosotros, con cada invisible causa que nos desvela la inercia
con el todo, con cada pensamiento que intentamos equilibrar y poner
en su sitio. Hasta los pensamientos se mueven, se hacen ver en cada
uno de nosotros con un pequeño movimiento del alma en la mente, que
nos hace saber que queremos en cada momento o que hacer. Todo lo que
nos rodea es exquisito, pues la pereza de ver entregados la razón y
el alma, el mejor de los momentos es cuando de verdad vemos un
reflejo, un pensamiento fugaz que nos desvela que estamos despiertos,
pero con un sabor amargo en la boca, desesperado por beber un vaso de
agua y saber que sí, que es posible ver el tránsito entre los
parajes de la memoria, para hacer posible el encuentro con un día,
una tarde en un paseo, por las calles que siempre nos llevan al sitio
correcto, donde queremos estar hasta encontrar el suspiro del aire
envuelto entre rosas del jardín, que celosamente se han cuidado para
que cada uno, y todos los que den un paseo por esas calles,
embriagador memento al cruzar por entre sus vayas pequeñas y
jardines de terciopelo entretejidos en yerba. Es cuando te das cuenta
de que todo no está en la mente, que hay un aparato que se mueve por
ti y encierra un misterio unicelular que lo define y le da realidad a
cada latido que por ti, hace posible entrever su cordialidad en el
regalo mas espectacular de todo lo que nos hace posible entrever. El
corazón no se para hasta el final del viaje y nos recuerda que late
para vivir, en movimientos pausados y a su ritmo, ni más rápido ni
más lento. La vida que llevamos nos hace saber que cada cosa está
en su sitio, que cada instante es único y verdadero y cuando decimos
eso está quieto en verdad se mueve, porque tiene que estar en la
Tierra y se mueve. La Tierra se mueve, al compás de unas vueltas
alrededor de si misma y del Sol, en un viaje que nos hace recordar el
día y la noche cuando cerramos los ojos y queremos saber, cuando la
vida nos deja entrever el dichoso existir que nos a tocado, cada uno
con sus vueltas y cada uno con su vida, con sus cosas y pensamientos.
Y al mismo compás que mueve el caos dentro del orden una centésima
de segundo convertidos en años y años detrás y delante de una
misma estrella que nos da vueltas y dentro de un mismo rigor que nos
extraña cuando vamos mas lejos que cerca y mas cerca que lejos, pues
entre las corrientes que se entregan a las rocas, pocas vidas se
mecen entre los sueños avocados en gloria y nos preserva de la
entidad que nos han regalado, es hacer que al compás de todo solo
rija la salud y la educación como méritos de una sociedad. Y nos
quejamos, nos machacamos las ideas para exacerbar una cantidad ínfima
de sustancias volátiles que nos recorren la médula hasta llegar al
mismísimo centro de nuestra identidad, repleto de sensaciones
estremecedoras que nos renueva hasta llegar a donde partimos, para
recordar una vez mas la inestabilidad que nos evoca evadirnos, cuando
entre los recelos de la incertidumbre nos desvelamos en una noche
mágica, envuelto en sábanas hasta la médula, mientras corretean
los chiquillos por los pasillos de la casa de al lado, mientras al
despertar los juegos inundan la alcoba y nos hace estremecernos
porque estamos vivos, hechos de unas materias especiales, que nos dan
la salud y el quehacer de unos buenos golpes de revés en la cancha
de al lado, y mientras en la pared rebota la pelota te das cuenta de
que todo es movimiento, todo sigue su curso y en su momento, hasta
probar la inercia de la vida contando con solo dos piernas y dos
brazos, un tronco y una cabeza, cada parte con sus peculiaridades,
con sus cualidades y defectos, cada parte de la vida atada a una
particularidad de Dios, puesta en la medida justa y en el sitio
perfecto, para dar vida a algo que solo es un compuesto de vida hecha
para ese fin, y dadas las habilidades de cada momento, nos envolvemos
en el aura compleja de la vida, para dar parte a cada instante que
compartimos, cada vez que nos vemos entre semejantes y cada uno
aporta lo justo, lo necesario para dar un poco de si mismos entre los
que hacen posible la vida y lo preciso para amar cada vez mas y dar
gracias por lo poco que tengo, mientras entregaré lo que de verdad
me importe hacia quien de verdad quiero que lo reciba.
lunes, 2 de enero de 2017
El precio adulterado de la vida.
La intransigencia que
provoca verse envuelto en adinerados poderes que desvelan el sustento
de actitudes corrosivas como las dependencias adictivas, como el
juego que parte de una mesa para que entre cartas ganemos o perdamos,
desvela que la fragilidad humana es cosa de verse obsesionado por
algo o por alguien, hasta memorar y sufragar los cuartos que quedan
entre las vasijas de oro, puesto que el que mas tiene puede tener y
mas puede gastar, ya que así es parte de la vida, sabiendo que no se
necesita mucho para vivir, pero para mantener esas actitudes que nos
develan y nos hacen buscar entre la piedras hasta encontrar lo
innombrable, la vida se nos hace mejor para aquellos que saben bien
lo que tienen, sin necesidad de rebuscar entre los pajares para sacar
mas grano. Los que se hacen a la medida del lujo y despiertan al
diablo que mece las adicciones, tendrán mucho que hacer durante el
día, pues tendrán que pensar cómo lograr más y más dinero para
que luego, entre las noches que están hechas para dormir, sean los
reyes de una sala o de una barra americana, pues tener mas incita a
ser despechados con el que solo tiene un real y si hablamos de
ebriedad ya solo queda aguantar a quien presume de tener lo
inmemorable. Todos merecemos vivir y el nivel de vida de cada uno es
parte de este juego que nos toca vivir, siendo afortunados el que
menos necesita y siendo abrumador e intolerante el que derrocha a
mansalva, pues entre las condiciones que nos hacen en este mudo
personas no se mide con el dinero, ni con tanto vales tanto tienes.
Si miramos a los ojos de quienes tienen una sonrisa desde la mañana
para hacerse valer y un trabajo que le hace existir, los que se
sientan en sus cómodos sillones y contemplan lo que los ojos solo
pueden ver en pensamientos, los que se van del sofá a la barra a
tomar y luego a pasear en sus lujosos coches, los que se sientan en
un lugar reservado desde el mediodía y compran una botella de vino
en el mejor de los restaurantes para comer los mejores mariscos de la
mar, los que se hacen a si mismos promesas de que bajaran el
colesterol con una pastillita y no cuidan sus adicciones- que pueden
ser muchas- serán personas que se llevaran junto con la mortaja un
montón de cosas buenas vivida sin mirar alrededor mientras tienen la
cabeza bien alta y estirada, con sus relojes de rubíes y corbatas de
seda, a la vez que no saben que hora es o de que color se la a
puesto, pues entre los hombres y mujeres adinerados, la mejor de las
sonrisas es a la vez que están poniéndote otra cara cuando te das la
vuelta, ya que esa adicción a la vida lujosa solo se consigue
después de tener suerte o de haber heredado el poder y la gloria de
quienes trabajaron para conseguirlo, y aún así el talento de tener
entre los pensamientos una sola palabra de agradecimiento se pierde y
se merma con los años que te hacen jugar y gastar sin promesas ya
que el pudiente entre las personas siempre quiere mas y mas. La vida
nos hace que seamos personas y a lo largo de esos maravillosos años
que pasamos educándonos somos el reflejo de lo que vemos alrededor,
y nos hacemos a la idea de lo que hay que hacer, si sentarse en una
mesa de juego y apostar a lo grande o dedicarte a trabajar en algo
para que esas horas en las que estamos sentados solo sea un rato en
la tarde para la hora de la siesta, suponiendo que entre los
educandos y profesores haya sentido común, pues entre la vida que
queremos sin consciencia no es vida y heredamos también esa manera
de educar hasta que alguien con sentido común nos hace ver que hay
muchas cosas que deberíamos hacer en esta vida en vez de dejarla
ociosa, ya que entre los que aprendemos de nuestros padres, otros
aprenden de sus hermanos, tíos y tías, abuelos y abuelas, primos y
primas, hasta personas que se encargan de educar. Hasta que no se
conozca en la vida alguien capaz de hacernos ver que los vicios solo
cargan la vanidad, la falta de respeto y violencia, hasta que no nos
tropecemos con alguien que nos haga ver el valor de la vida en todos
sus sentidos, hasta que no venga alguien o aparezca y nos haga
entender que el dinero solo es la parte de la apariencia del poder,
cuando alguien nos haga entender que somos parte de un diván en el
que recostados contamos todo lo que nos gusta gastar en vez de
invertir, cuando esa persona tenga que reconocer que ha estudiado
para hacerte entender que el consumismo no es lo mismo que adicción,
cuando esa persona tenga que indagar en tu vida y hacerte entender en
lo que estabas equivocado para reeducarte e intentar hacerte mejor
persona, cuando esa persona te diga lo que está bien o está mal,
cuando es misma persona tenga que ser confidente de tus deseos y
acciones, cuando gastabas en vicios que harían un motón de cosas
buenas si se hubiese desviado ese dinero en cosas mas gratas y
solidarias, solo entonces te darás cuenta de lo poco que vales.
Incluso en cuestiones propias como tener más para poder tener mucho
más, pero claro, ahí esta la cuestión, que nos merecemos el vivir
lo mejor que podamos y podemos darnos cuenta de lo que hacemos, pero
nadie mira al otro y contempla su vida, ya que nos ensimismamos en
nuestro poder y hacemos de él el mejor sitio para estar, sin
importarnos las guerras o los desastres naturales, sin importarnos la
vida ajena a la que solo estamos acostumbrados a ver, que no es otra
que la propia costumbre heredada desde que nacemos, creciendo y
viendo todo lo que hay alrededor, siendo importante para nosotros el
ejemplo, y así, en esa mezquindad que nos da la vida y que nos
arrebata cada momento que no sabemos vivir, es la manera en la que
vemos que cada uno tendrá su felicidad, si cree conveniente que en
cada instante que saboreamos de la mejor forma es lo adecuado para
cada ejemplo, siendo tantos y tan diversos que tendríamos que dar
una clase entera, un curso o quizás una carrera para darnos cuenta
que hay que vivir y la manera que elijamos o la manera que nos dejan
hacer, siendo cuestión de poder mirar hacia el frente y tener de
acuerdo con nosotros mismo, la condición de ser persona.
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