A pesar de las
diferencias, nos sentimos humanos, en un universo que transfiere todo
su potencial en el tiempo, para hacer de cada galaxia un habitad para
los que han de aprender a vivir con todos sus semejantes, aunque el
ser humano haya concebido la guerra como arma para poseer el poder de
la destrucción y crear un mundo para los que están a salvo y para
las pobres victimas un lugar en el que desaparecer gracias a esa
destrucción que poco a poco va mermando la capacidad de crecer como
semejantes, con todo el acometido de escusas para hacer valer y darle
un significado a la vida que desea muerte y para la muerte que desea
ser ella misma. El vasto infinito que nos acompaña ha de hacer valer
a quienes están cerca de nosotros y para los que viajan de galaxia
en galaxia, encontrar un lugar en el que los hombres haces de
inhumanos o donde los humanos no aprenden a ser hombres sino animales
que dan por sentado que la vida ha de ser arrebatada de aquellos
inocentes que van y vienen, siendo truncada su vida por el despecho
de unos que han de pensar como fanáticos por el nombre de quien en
verdad es solo la imagen de un Dios de todos con el nombre de su
propia doctrina y con el ápice de la verdadera moralidad que nos
atañe a todos por ser lo que somos, personas que dependemos de
alguien superior para que nos de fuerza al vivir y al contemplar la
vida, y si, es así como hemos de ser, dignos de confianza en todo lo
que acontece la vida, pues dar vida no es sencillo pero es agradable
y quienes indignan al vida con falsas y temerosas ideas, han de saber
que todo lo que se hace en el nombre de la vida propia es ayudar a
ese prójimo que nos desvela la apariencia de un acto de fe, en donde
poner las ideas aclaratorias sin sacarlas de contexto y donde la
complicidad es el afecto que hemos de dar, la sabiduría que engendra
la vida en cada uno de nosotros, depende de ese afecto que nos han
dado o nos han quitado para hacer de esa dignidad una forma de llegar
a la vida contemplativa y saber que los disparos de un espíritu
hacia otro espíritu no es mas que un haz de luz del amor divino
hacia otra persona que desea recibir el amor celestial, es la propia
existencia de quienes saben qué es amor y con la diferencia de saber
quienes ponen espinas en el camino que lleva hacia la gloria eterna,
cuando entregados a la razón de dar sin esperar nada a cambio, es la
llave que abre las puertas del cielo no una mentira a medias con la
razón de estar con alguien inocente después de haber puesto la vida
de otras personas en manos de esa mentira que duele en lo mas
profundo de la consciencia humana, ya que ultrajar y saber que
esperan unas pocas mujeres a las puertas del cielo para hacer con
ellas lo que plazca, es una condición que da grima y que si en la
vida de quienes hacen posible el amor a la dignidad por ser una
parcela y parte del todo con amor, gozo, dicha y paz, el que no
encuentra esa tranquilidad y difiere sus ideales con la vida, poco
hemos de esperar de esas personas que nos hacen daño con el terror y
con el pavor de la inseguridad, que puestos a pedir, hoy en día, son
acontecimientos que hieren la razón humana para dar paso al
salvajismo, en unos días que están marcados por los acontecimientos
que nos roban de nuestro tiempo, aunque el tiempo siga siendo
infinito y siga dando vueltas de día en día, ya que si nos vieran
desde otras galaxias y compararan la dignidad que hay en cada vuelta
que da el planeta con otras civilizaciones mas completas y con mas
tecnología, seguro que lo que nos dan, hoy por hoy, es la esperanza
de que por lo menos, los humanos que queremos seguir dignamente con
la vida en el planeta que ya se está extinguiendo, con la propia
vida que nos regalan cada vez mas desesperada y contaminada, hemos de
esperar a que vuelvan los días de paz hasta saber que en el mundo,
quienes están para hacer posible la vida en positivo, no sabremos
que hacer cuando en el cielo en vez de nubes haya una capa de
desesperación que envuelva toda la idea de civilización que
guardamos en el tiempo futuro y en el que haremos un lugar mas digno
para vivir si quitamos toda la contaminación posible y hacemos de
nuestros días el apacible bienestar de una vida envuelta en alegría
y paz, para que entregadas las armas del desconsuelo y de la
desintegridad, podamos hacer posible un lugar en el que ahora pide a
gritos el lamentable estado en el que encontramos a la realidad,
puesta entre los papeles de una mesa y entre las palabras de unos
mandatarios, con actos a medias entre los que mandan y los que
obedecen y con sangre en las manos de muchos hombres que sin saberlo
destruyen cada soplo de aire en la atmósfera de la vida en le
planeta y que ademas de hacer imposible un acuerdo entre fronteras,
tengamos que dar vida a quienes están desesperados por la compasión
merecedora de estos actos que en el planeta, vuelven a mellar sus
límites por poner entre dicho la desconsolada vida que otros están
sufriendo y por la grandiosa elocuencia de la evolución, que además
de darnos la espalda, hemos de dar ese paso para el bienestar de
todos los que tengan la capacidad de dar un paso al frente y cambiar
el rumbo de la existencia en este pequeño planeta, donde la vida
está menguando y donde la esperanza es cada vez mas rara de
encontrar.
jueves, 31 de marzo de 2016
sábado, 26 de marzo de 2016
Las piezas que desencajan.
Todas las piezas del
puzzle encajan cuando has dado tiempo a medir y revisar todas las
fichas. Eso es lo que pasa cuando tienes todas las piezas puestas
sobre la mesa con un dibujo a seguir, a seguir con el orden de las
cosas, con el sitio que corresponde a cada ficha, con el motivo que
te une a atar una pieza sobre otra, hasta conseguir que todas
encajen, como cuando piensas y tienes muchas cosas liadas en la
mente, y solo saber unir el propósito de estar en silencio, de estar
en quietud para que esas cosas de mas se esfumen y solo quede el
sitio para respirar en un momento de diez o en un instante de cien,
haciendo que las fichas revoloteen por encima de la cabeza, hasta
encontrar su sitio en el recóndito almacén de las sensaciones y que
hace brotar el sinfín de emociones que regresan a su sitio después
de ese instante o momento, en el que has dado tiempo a tus sueños,
revocados entre la suerte y la constancia, envueltos entre un ensueño
y la vigilia, retozando en el infinito hasta hacer ver que cada
instante o momento son únicos, hasta que el sueño que destroza la
vida por egoísmo nos entorpezca hasta encontrar el sueño que nos
hace vivir y nos hace soñar de nuevo, en el paisaje desdibujado de
la razón, donde encontramos el anhelo a la vida pasada que dejamos a
un lado para aprender de sus errores y en donde planificar solo es
cuestión de estática, para dar sentido a lo que vivimos en cada
trozo de tiempo que se detiene para dar esa sensación de avidez
entre la disciplina de guardar silencio y el acometer de darle vida a
nuestros movimientos, que una vez entremezclados en la utopía de
hacer cierto un encuentro certero por casualidad. La causalidad de
esos momentos en los que brindamos a la vida el regocijo del
encuentro hasta pararte a pensar si verdaderamente es el mejor
instante en el mejor momento. La vida hace posible los encuentros en
la medida de lo posible, lo imposible es encontrar algo que no está
aunque se sabe donde se dejó, es la parte en la que sabemos donde
están las cosas y las ponemos en su sitio hasta que otra mano cambia
de lugar lo que tenemos en ese sitio, pero para hacer lo posible, nos
guiamos por el hilo de la certidumbre y el asertivo impulso de la
realidad, para saber por donde va lo que tenemos en algún lugar y
por donde hay que ir para encontrar lo que es nuestro por derecho,
pues quien cambia de parecer es lo mismo que quien cambia de
dirección sin tener la brújula medida por los hierros que hay
alrededor que dejan encabritar a la aguja sin poder tomar el rumbo
que precisa y que sin mas motivos que el de buscar de antemano la
dirección para no cambiar mas que de parecer, por la misma razón
que hace el saber donde están los momentos y los instantes que
debemos de olvidar y cuales debemos de dejar en nuestra cabeza, pues
entre los comienzos de una dignidad aparentemente verdadera, la
subyugación de quien parte de un comienzo firme a su antojo, sin
encajar la pieza desde el principio, hace que esas personas que van
hasta el sinfín del universo y que van y vienen de estrella en
estrella, nos puedan dar esa paz al saber que estamos a salvo, que la
vida humana sigue en otros sitios y en otros lugares, a pesar de que
en este planeta no encaje la ficha de un puzzle roto por las guerras
y las armas y la destrucción de una mentalidad enferma de extremismo
radical, que hace que nos demos cuenta de ese camino que hay que
seguir instante a instante, momento a momento, hasta dar por sentado
que la vida es un transito en el que acaparamos todo por vivir, pero
solo los ambiciosos que pisan al de abajo para poder estar mas alto,
es la parte en la que dependiendo de quien sea el que ejerce ese
poder atraiga a quienes quiere, pero el que es certero de hincapié
puesto entre el tramo de quien está abajo y de quien está arriba,
el que en el medio busca un trozo de tiempo para dar un solo acierto
en el trabajo del hombre, sí es de los que encuentran una razón mas
digna por la que poner entre el cielo y la tierra un ser que medie
esta locura planetaria, de la que nos libraremos tarde y de la que
encerrados en ella nos asfixia hasta el punto de dar por sentado que
en este tramo nos enredamos con la cierta vida que nos dan los
pasajes humanos, de tantas historias por las que vivir y por las que
lucha que solo el fanatismo acierta a endiablar a unos pocos para el
susto y terror de los que simplemente tienen ese pié entre la orilla
y la arena, para dar dos pasos adelante cuando estén preparados para
librar con el agua una brillante manera de limpiar el espíritu, agua
que reboza y retoza en todos los lugares del mundo, hasta hacerse
limpia en su reposo.
domingo, 13 de marzo de 2016
El sutil encanto de la hipocresía.
Queda esperar de las
palabras un hálito de certidumbre, como cuando hablamos de lo que
queremos sin darnos cuenta, sin percatarnos del mensaje subliminar
que entornamos en nuestra mente, para decir o hacer algo que
consideramos real, sin darnos cuenta de que ese mensaje puede
prevalecer ante una duda menospreciada, para decir que, luego del
entender el por qué, la vida se nos antoja divertida, sin demorar a
la astucia prevalecedora de los instantes en los que rodeamos el
comentario para hacerlo indigno con una consideración inapropiada.
Las emociones que pululan por nuestro interior, cuando las
canalizamos para dar sentido al momento, nos nutre dependiendo de la
complejidad, para poner en claro que somos seres emocionales, y de lo
cual, somo lo suficientemente personas para aceptar que cada cual
siente lo que siente. Si empeñamos el dolor que nos embauca cuando
las emociones no nos gustan, hemos de darnos cuenta de la empatía,
que pudiendo merecerla, nos hará el despótico sentimiento cuando
queremos sublevar al encantador de sentimientos y emociones, para
darnos cuenta de que el juego que empezó para dar sentido a un
momento nos encierra en un acertijo de condiciones para hacer de la
percepción la encantadora manera de arrebatar las claras emociones
de paz, dando la vuelta al sentimiento que alrededor nuestro fluye,
encadenando al fluctuante merecedor de las palabras que encierran
despotismos, anclando la superficialidad del comportamiento como una
mera forma de acentuar el juego entre dos para dar por sentado que
cuando no hace falta algo o alguien, sea despedido con la indignación
propia de los que juegan a querer y ganar mintiendo. Una propuesta
para hacer posible la hipocresía que nos envuelve entre los que
rodeados de ideas manipulan el entredicho de la verdad a medias, es
capacitar a un ser a que mienta y acepte su condición de humano en
la cual es contentar al mandatario que embulle la propia decisión de
repercutir en el estado de ánimo de quien sólo hace posible el
entendimiento entre cohechores que permiten saciar el hambre de
mentiras para ligar con la propia verdad entregada a los hechos que
nos rodean por querer ser desigual al concepto de jerarquía, cuando
el que presta la voz para emancipar la decisión, cuenta con el apoyo
de ese pretexto en el que incide la voluntad propia acertando en la
discontinuidad del propio valor que le damos a la existencia, sin
pararnos a pensar en qué o quién hace lo posible para subyugar el
aliento de honesto en unas precarias maneras de dar a entender que es
posible mentir diciendo la verdad y contradecir la verdad con una
mentira sólo es posible si emerge un conflicto de intereses entre
los que dicen la verdad y los que mienten, demostrando con honestidad
que cada cual cree que es posible hacer de intermediario con las
manos vacías, hasta entonar el llamamiento a la realidad de quienes
merman la capacidad de acción con un entredicho vulgar, a pesar
entre los que prefieren la dificultad de encubrir a un embaucador y
de encerrar entre las cuatro paredes de un patio al que sin mentir a
decidido encerrar la realidad para enseñar después el propio dolor
que repercute en el humilde y sensato ser que abarca desde que sabe
que es mentir sin pararse a contarlo, sin pararse a concebir, sin
pararse a menospreciar el cariño que desprende una iluminada
sensación que nos ampara en el interior, para expresar desde otro
punto de vista el enjaulamiento del opresor que difama por costumbre
sobre la capacidad de reacción que tienen los que solo saben que
entre un bien añadido y un mal consternado, solo cabe esperar que
entre una palabra y otra halla un contraste entusiasmado de
positividad entre la fe que guarda el sentimiento y la verdad que
guardan las palabras, hasta dar por sentado que la unificación de
una sola verdad que nos pueda bendecir con cada verbo, pueda dar a la
vida el mejor de los sentidos y emociones, aunque en el transcurso
hasta llegar a la verdad, entre los que prefieren decirlo a medias,
es entrega la honestidad que nos precede ante los ojos de los que
verdaderamente hacen posible la dignidad de un solo encuentro con las
palabras que mal sonantes nos enreda en un hálito de certidumbre
cuando es solo el parecido de la realidad contando con los que
vuelven a casa después de trabajar y reaccionan con el parecer de
una vida plena en la que guardamos lo mejor para la tarde, y
encontramos en la mañana un trozo de tiempo para que ese instante en
el que nos paramos a pensar si es mejor ser digno y decir la verdad a
pesar de que nos cueste entenderlo o decir mentiras a media voz para
seguir con el entresijo de deslealtades que nos propone la
civilización en la que guardamos una hipocresía para regalarla a
quien verdaderamente no se la merece.
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