sábado, 24 de diciembre de 2016

Cuadrados perfectos.

        El universo que habita en el alma, es la parte de la vida que nos lleva lejos, cuando queremos estar cerca. La precisa condición humana nos reverbera la inmensa cotidianidad que nos envuelve el preciso instante que espera la propia sensación personal, o el que inspira la propia sensacionalidad que emerge de los altares de la economía, el mundo convencido de la reciprocidad que nos entrega la propia sazón de unos instantes, la propia sinrazón de un papel hecho para resistir la condición de entrega, hasta los hechos en pantallas que emergen de la propia locura del abismo en el que la razón y la propia inercia que nos precipita a encontrarnos, hacer de la sinrazón un mundo en el que las ideas cohabitan con los propios seres que nos rodean con las palabras, entre un ser que coordina su alter con la cordura de un ser que busca algo que hacer entre las noches, buscar que encontrar durante el día y ser un protagonista entre los recursos que nos envuelven para hacernos mejor. El mejor de los regalos es la soledad, para entender que hay sitios por los que la vida nos lleva con el sentido correcto, según la propia voz que nos guie, para darnos el propio carisma que nos enreda entre la propia razón de soñar o la propia decisión que nos enreja en un pedestal de rabia cuando ceñimos la vista y se nos enreda la comprensión entre los albores de la naturaleza, puestos en la medida justa en el momento justo, pues es cuando la proporcionalidad de la madurez en los actos los que nos determina cuando somo capaces de dar en vez de recibir, en la totalidad de la acción lo que nos hace saber de unos y otros, dados a lo capaces entendimientos que nos albergan y que nos ponen en alguna situación. Esmerados, unos y otros nos llevan lejos de cada situación, para encontrarnos cerca en algún lugar, perdidos entre marismas hechas de pasajes y costas cálidas que pierden las mareas cuando ganan unos metros. Hacer posible que entandamos que cada situación nos sumerge en otra, para emerger posiblemente en otro sitio, otro lugar a miles de kilómetros, juntos, hechos de la misma talla y de la misma pulcritud, haciendo lo que entendemos por sinergia, producida por la misma espontaneidad que mantenemos en algún tipo de hilo celestial, que nos va apagando en determinados momentos, hechos para el destino que nos hace posible subsistir, entre las sendas hecha para dar pasos certeros y las que a su vez nos guía mientras que otras veces nos enciende provocando la sensación de plenitud que nos embriaga cada vez que topamos con la copa llena y poco a poco va surgiendo el pleno derecho de la mezquindad, produciendo entre los estados de conciencia en los que habitamos en el cuerpo de otro para ponernos en su pellejo, ya que entre la discordias excéntricas nos habituamos a dar por sentado que la propia mente está sujeta a valores que no damos en la vida ni por cinco euros, ya que soltando la imaginación propia conduce a la incidencia de la propia divinidad o la propia maldad que nos sujeta a un abismo, entregado a ver el por qué de las cosas que hacemos sin darnos cuenta, para ser consecuente con los premeditados actos de valor, un valor que nos pone a prueba delante de la verdad que sujeta a juicios propios de pensamientos mediocres, nos lleva a dar la vuelta a la hoja sin que la tinta esté completamente seca, ya que los rasgos de la pluma encallecida da la propia condición a esa letra que marca un brazo sin serlo, siendo una transcripción la propia palabra hecha pedazos.
       Hay que sujetar la vida a un trozo de esperanza, propia en cada uno, que revela la situación cómica de la mejor de las alegrías, ya que en cada trazo de unión con la propia consciencia nos revela la situación propia de una imagen sacada de un trozo de fotografía iónica, pretendiendo encelar a la propia naturaleza, en un cosmos sugerido que embelesa la particularidad que envuelve cada imagen micro por cada contemplación macro, haciendo que cada una sea parecida en un universo persuadido de la propia ciencia, que entre los recovecos de la imaginación se parecen entre sus principales pensamientos.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Por las risas de un pasado.

Perdido en la sombra que emerge de un aislado encierro, encierro fortuito de la vida que ampara la lograda disidencia que guardó la familiaridad de unos pocos, por la legendaria y versátil ocupación del desamparo, que tras los años no dejó hacer mas que unas pocas enemistades y otras tantos agresivos encuentros entregados a la amistad, ya que una vez hecho el primer comentario que sonó a risas entre los comedidos, la cara de espanto que guardó el pobre muchacho ante semejante barbaridad, el mero sentido de la dignidad tirada por los suelos le dejó perplejo, y mucho mas aún cuando después de las risas vinieron los insultos y el desprecio. Con el tiempo esas burlas se hicieron mucho mas patentes entre los supuestos amigos y con el preciado tiempo por delante, abrupto por no poder decidir en que bando estar ya que uno eran los que allegados decían serlo y el otro la soledad amparada por el aislado destierro de su suerte, pues entregados a la vida entre compañeros, otros hacían el desvelo de lo fortuito que en ocasiones marcaba el tiempo, hasta perpetrar un pasado arruinado por un presente dañado entre sus quehaceres y por un futuro obscuro abocado por el sutil aroma de la incertidumbre. Entre los peñascos que tubo que tirar al desfiladero antes de caer fue el peso de ese pasado que le llevaba todo el tiempo ordenar, para darse cuenta de que solo era eso, peso que debía de quitarse de encima para dar sentido a la dignidad, a la poca dignidad que le dejaban tener, pues todo lo que hacía estaba mal y peor aun si intentaba arreglarlo, ya que se habían empeñado en hacer daño a un personaje que débil solo podía hacerse fuerte con el mesurado tiempo que le restaba a la meditación, pues entre carcajadas hechas entre paredes que solo reunían a unos pocos para hacer las burlas entre el techo que arropaba a los semejantes, la cordura se desató hasta el punto en el que la maldad se hizo con ese pasado que en el presente solo dio un golpe siniestro a la vida, cuando intentando hacerse con los mando de su vida ajetreada los impulsos que volcaron a la paciencia y al mismísimo Dios de su pedestal, los hirientes solo reían mas y mucho mas cuando la voz se hacia con el tiempo, voces que retumbaban entre esas paredes que bajo el mismo techo solo podrían hacerse con el eco de los corazones que vibraban para hacer un poco de esa maldad que guardaban entre sus comentarios. La pesada piedra que debiera de tirar en el último momento decidió cargársela a los hombros ya que por los abruptos comentarios decidían por el hasta el punto que partió de sus bocas el mismo hecho de persuasión obligada entre los que ya sabía de esa herramienta que le daba voces a cambio de silencio y que aisladamente solo podía tragar la misma sensación que le obligaba a estar encerrado en ese asilo familiar que tenía como camino la desolación de ver como se tragaba el tiempo a ese pobre muchacho, que aislado de la vida se quebró al intentar cargar esa piedra enorme que debía de llevar en los hombros el resto de su vida. Parecía cuento de piratas el que el pobre muchacho tuviera que navegar solo entre tantos grumetes a bordo, en una barcaza que le dio el capitán en forma de habitación y de la cual, si salía, los tiburones que acechaban acabarían comiéndoselo, ya que los grumetes estaban al quite para darle golpes nada mas sea visible a los ojos del barco pirata: la habitación grande que reunía a muchos y de los cuales ninguno simpatizaba con el pobre muchacho que guardaba temeroso encontrarse con alguien de a bordo en los pasillos. Su temeridad creció al igual que su corazón, que guardo mucho tiempo la paciencia necesaria para no dejarse atrapar por las redes de semejantes hijos de mala madre, ya que le hacían sufrir con comentarios del pasado y construían entre sus palabras malquesonantes aberraciones para que en un futuro, como en una historia de miedo, el atajara con su vida, hasta el punto de querer quitarlo de el medio, de eliminarlo, de borrarlo del planeta para que entre los que guardaban el barco pirata pudieran decir que el grumete ya no está atado al cabo que mecía la barca en la que descansaba. Todos sabían que hacían mal, que estaba muy mal que ellos desearan ese tipo de cosas, incluso a los que llegaban nuevo y oían la historia de terror que tenían construida, ser repelían de volver a encontrarse en semejante situación pero la fuerza de la costumbre volvía e incidía entre los que presuntamente no querían saber del tema, hasta el punto de acostumbrarse a semejantes villanos haciendo de un pobre e indefenso muchacho, un espacio en el que nunca debió de existir, pues quien propuso una idea al principio para hacer unas risas, acabo en un desprecio a quien por naturaleza era bueno y sensato, pero que los intereses del poder acabar con semejante desprecio, solo fuera el principio de un hombre que nunca tendrá corazón pues vendido al diablo, una vez, lo cambio por poder tener poder sobre los demás. Eso lo tendría en cuenta quien hizo su sortilegio que engañándolo solo le daría disgustos y un problema extra, pues desempeñar semejante labor entre los que decía querer, se vino a casar con una mujer que también había vendido algo al diablo y no era su corazón sino su alma. Esas almas que viven entre la miseria el y desprecio solo se merecen perder lo que tienen para recuperar algo de amor si les cabe en el corazón, en vez de lapidar con todo el peso de las piedras que tenia ese pobre muchacho en la espalada, que una vez tiradas al precipicio y olvidad su carga no arremetieron, pues en la vida hay que saber olvidar y perdonar aunque cueste vender el espíritu al servicio de la Divinidad.

jueves, 12 de mayo de 2016

El otro lugar del silencio.

Inundado el corazón con otro pulso, con otro compás cerca de el que late apresuradamente, contagia de esperanza y anhelos acompasados, con otro lugar donde se esconde el ruido. El silencio que guarda en si para oír el otro latido de un corazón vivo y adherente a la vida, que hace posible el encanto que guarda la vida en un pequeño momento de expansión, en donde recela el pasado y vive el presente la dicha que emerge de un sinuoso tambor que late fuerte y que se oye claro, sin confusiones propias del día a día, para caer en el arrumaco de una sola caricia en el aire, exhalando todo el gran suspiro para dar paso a otro gesto en forma de pensamiento, en un solo silencio que invade la alcoba, hasta terminar todo el aire que quedaba dentro de los pulmones, incluso hasta dentro del pensamiento, propiciando un entrañable ambiente entre la música de los latidos en forma de tambores que tañen en lo mas profundo del alma, acompañando el sabor de los besos que se pierden en la noche, hasta contrarrestar al despertar esos compases que inundan el corazón con otro pulso, con otra medida de cariño y pasión que guardan las cabañas, en el dulce renacer de un día, hasta hacer posible el despertar con la imaginación puesta en lo mas alto de la vida, en lo mas alto de querer ser humano, para dar comienzo a la propia rutina que nos envuelve, cuando olvidamos el silencio, cuando nos dejamos caer y nos acordamos de que existe, que hay un vinculo entre estar en paz y quietud y estar activo y manejando situaciones. Lo que ocurre en este momento mágico, envuelve para uno mismo el secreto de amar, de querer por querer amar y de amar porque existimos, hasta el punto de saber querernos a nosotros mismos y complacernos por el mero hecho de vivir con armonía, puesta en el sonido de una voz que nos arrulla hasta extasiarnos de paz y cariño, que una vez despertada en nosotros nos hace movernos con ese amor que nos ata a la vida y a la realidad, pues humano es ser humano pero sentirse humano es llevar por delante la generosidad de saber dar con medidas lo justo y lo necesario a quienes prestan un poco de atención o a quienes necesitan una sola palabra para ser justos y medidos. Hasta el punto de propiciar un encanto sutil en la envoltura del pensamiento, hace a la medida justa otro halo que envuelve la noción del tiempo, hasta llevar lejos la noción que presta al instante la mágica percepción de un sueño evocado con los vapores del éter que respiramos sin mas, sin dar medida justa a ese poquito de instinto que nos deja ver que es posible con el encanto de un adormilado amanecer, entrañando entre el rayo de sol que asoma por la cortina de la ventana y el ruido de los pájaros que aúnan fuerzas para cantar mas alto de la rama para dar paso a su festín que espera en el césped, pues los trozos de ayer que quedaron fuera, es ahora un manjar para la codiciosa intemperie que remojados en una serenada que evoca al amanecer con tibias gotas de amor, remojan ese pan que después de ser comidos todavía siguen siendo alimento para los invitados del día en una mañana que reboza de paz. En el inicio de otra manifestación clandestina, entre los invitados que todavía duermen y los perros que ladran al son de los gatos, da tiempo para otra vez empezar a oír esos latidos que nos envuelven en un susurro despegado de la inercia que nos recela cuando oímos otro vez las campanas que dan las y media y a la vez que otro susurro invade invitando a dormir sin desperar del sueño, nos dejamos envolver otra vez en la mañana que presta la sensación placida de otro silencio por escuchar y de otra palabra a la que oír sin antes dejarnos caer por el silencio y por el sonido de ese tambor en forma de corazón que hace posible entrañar tanto o mas que un simple golpe de tos, antes de dormecer en esta mañana de domingo.

sábado, 30 de abril de 2016

Un rato desmedido.

Surge, de mil maneras, el auge para ceñir los pensamientos, que desbocados atrapan la araña que pasa rápido por el alfeizar de la ventana, sabiendo que cada pensamiento era propio de la acera de enfrente, en donde voces y tacones van a todas horas, mas los coches contaminantes que pasan sin aviso previo, a provocar un indeseable zumbido entre los oídos, como si fuesen acompañando al vehículo que pasa veloz entre los cuarenta kilómetros hora a los que puede ir, sabiendo que a las tres de la mañana poco iba a esperar de la noche, con su silencio agudizado con el vibrar de los transformadores que se cuelan en el tendido eléctrico, o el zumbido de la nevera que carga para decirte que tiene frío puesto en marcha y que si aguanta el aguacate partido a la mitad es hasta mañana. Tranquilamente lanzo la araña unos metros mas allá de mis narices y veo como el hilo transparente se alza por el viento, que meciendo gotas tempranas del apacible rocío y la luz de las farolas, dejaban ver caer a la araña unos metros mas abajo, agarrada otra vez a la fachada del edificio en donde empezará a buscar un nuevo cobijo, tal vez un poco mas arriba, y si hay suerte en donde estaba, ya que pasó varios años la misma araña en la esquina del quicio de la ventana, hasta que una noche de fiesta, la araña voló por entre las gotas de lluvia hasta empezar en otro punto su inercia, que la llevará a sobrevivir otra vez, en otro lugar y en otro sitio, para dejarse ver en otras circunstancias o tal vez, cuando vaya a visitar a la vecina esté en su ventana, en una esquina en la que ha pasado sigilosamente unos meses, acostumbrándose al olor de los cocidos y potajes, en comparación a mis ráfagas de humo del cigarrillo, que bien sabidos o no, mata, hasta el punto de tener que abrir la ventana por la noche, para poder coger el aire que entra por la rendija, entre la cortina y la pared, que limpia el aire en la noche y deja entrar el fresco que se cuela suavemente y me roza la cara, semitapada por la manta y la colcha en la que la nariz se refrescaba un poco mas cuando el tiempo refresca y las serenadas son mucho mas frías. Una araña que vuela abajo, colgando de su hilo aferrado a un punto disperso en el que se verá hasta donde puede llegar y desde donde puede partir, para buscar el mejor sitio en el que estar y al que ir, solo siendo una araña tiene sitio para estar y solo siendo uno mas cuesta tener un sitio para hacer lo propio de la vida, existir, ya que desde que seamos unos pocos en donde solo pueden estar unos cuantos, el dilema será grande si hay que buscar sitio para que en cualquier caso se pueda estar, con la vida, con los amigos, con los familiares, con los que estemos en ese momento en alguna parada de autobús o de metro, en la entrada a una panadería o en la esquina de los sorteos, donde se juntan los loteros a dar todo lo que tienen en sus manos llenas de riquezas inalcanzables, donde entre el justo parecer de la victoriosa contradicción de un mal dicho impertinente e insostenible que hace imposible deletrear la fracción que corresponde a tres por cuatro, y en donde poner un solo ápice de tiempo es poner una gota de la lluvia que sale a borbotones, recorra todo un camino por la frente hasta la barbilla, sin pensar en donde podría secar con la toalla de algodón de antes de salir, y en donde sin querer se había quedado dormida la gata que custodiaba la ventana pues el bochorno ya era inconcebible con respecto a los días y las noches que nublaban el horizonte con vapor, y con el pavor de quedarnos hirviendo en un planeta en donde solo una araña puede buscarse otro sitio, otro lugar, otros momentos pues en los pies del suelo ya pagas por donde pisas y ya pagas por lo que andas, impuestos nuevos que han de verse los céntimos pues ya pagamos por pisar la tierra en donde pocos pasos puedes dar y en donde pocos sitios ya quedan por ver.

miércoles, 13 de abril de 2016

El silencio que apaga la llama.

La vida se apaga cuando en el último momento expire la llama, pero dará de si todo lo que anduvimos y por todo lo que transitamos seremos recompensados mas o menos, tal y como hacemos al vivir, recibiendo cordiales alegrías cuando en el camino nos hacemos felices unos a otros, cuando nos damos la mano para entablar un momento de presentación o de cordialidad, para cuando nos hacemos cómplices del que se presta a recibir un cordial apretón de manos. Es lo normal, cuando estamos en la vida, caminando para llegar a algún lado, en algún recodo habrá alguien para prestar ese encuentro dichoso con la realidad. El dar un abrazo sin explicaciones puede confundir al que se presta a recibirlo pues no estamos acostumbrados a estar abrazado, pero hay que estarlos al menos treinta segundos al día. Yo me abrazo a la almohada nueve horas para estar descansado y a lo mejor no es es abrazo mas cálido pero si el mas seguro, con respecto a la vida que se nos cierne cuando queremos mas de lo que necesitamos o cuando apreciamos mas al que no se deja ver siendo amigo de interés, o siendo el conocido que te presta un apretón de manos solo cuando el abrazo no es momentáneo como otras veces, cuando nada mas ver el interés se nos presta toda condición apacible sin dejar a un lado lo interesado del momento, pero no en el último momento es cuando hay que esperar a decir o expresar los sentimientos ya que en la vida todos nos encontramos a quien hacer valedor de nuestras recompensas al conseguir como triunfo el velador secreto de la intimidad, ya que rebuscándolo entre el besar en los recibimientos solo conseguirás tener un poco de felicidad cuando puedes tener todo lo que hay en la alegría con solo mirar a los ojos de quien está enfrente y te hace partícipe de la felicidad, ya que estar horas sentado, mirando el interior que reluce de satisfacción, poco dará cuando quien lo necesita solo busca para si y no para dar un poco mas de si, como al enfrentar dos contrapuestos sentimientos y hacer que solo gane uno en vez de potenciar el que desinteresádamente vaya mas acorde con lo que se necesita y con lo que se aprecia, para dar sentido a ese abrazo que antes de darlo fue prestado por el precio que tiene la amistad, si cada vez que hace falta o se necesita y no lo tenemos, será entonces cuando le demos el valor que precisa y que de cualquier forma nos hace valernos mas por lo que se siente que por lo que se necesita. La llama de la vida no expira en el momento en el que nos quedamos en silencio pero si calma esa necesidad de autoestima para dar valor a lo que sufrimos, a lo que perdemos, a lo que sentimos, a lo que nos corroe por dentro y solo pesadumbrádamente nos embota y nos hace frágiles en el entorno en el que se volvieron contra nosotros los abrazos que regalábamos, y que ahora se buscan en cualquier rincón por no haber sabido cuidar el valor con el que se da un apretón de manos o por el precio que se ha de pagar para tener los abrazos mas caros del mundo, los que se dan a quien no siente ni padece nuestra alegría de darlos, a quien no sabe por donde ir para que ese abrazó se encauce y nos tome por la iniciativa de cuidar el valor con el que prestamos nuestro silencio, nuestra llama que resplandece en lo alto de nuestra cabeza y nos hace pensar en la divina actuación que hemos de preparar para que en ese recibimiento tengamos la vida entera en nuestras manos y del que en un solo gesto pueda impulsar el acometido para hacer feliz a quien desespera por perder su noción del amor, de la alegría, del entusiasmo de esperar a que vengan a verte o simplemente de saber que quieren verte, pues haciendo soledad solo te quedarás, aunque perdido en el tiempo la contradicción de ganar para valerte solo será la forma en la que pierdas poco a poco con el cansancio, el precio que pusiste al valor de un abrazo y ahora tenga que dar uno sin saber lo poco que cuesta darlo de corazón y sabiendo que por humildad es el valor que atañe al sentido del calor humano el que presta a saber que se puede estar en silencio cuando todo lo demás es ruido y así, esperar a que venga esa luz a ti, ese valor que solo es luz en armonía o ese valor que solo son vibraciones frescas para hacer refrescar la memoria que te hizo vencer a la vida y pensar en la destrucción final del encuentro con la muerte, para pararte sin saber como y para hacerte vividor de tu vida sin saber con cuanto puedes cargar para desesperar en un momento de lucidez y hacerte tambalear en un momento de euforia, pues entre el entusiasmo que damos a los que propician vida y calor si saben como, el que propicia desesperación y temor, rabia e ira, solo desembocará en un canto letánico a la cordialidad que se regala a manos llenas, para dar por sentado que en la vida hay que luchar y vivir para contar que se puede hacer con nuestras manos lo que necesitamos para vivir si se entiende que es lo propiciado para dar unos céntimos al bolsillo que no necesita mas que un poco de pan y otro poco de vino, si desde que hemos rendido cuentas por todo lo que se nos hizo costumbre, empezará a contar esos céntimos para saber que cuesta en la vida el silencio que regalamos, si entre lineas encontramos un valor que se nos hace claro y afectuoso, pues sin pararnos a pensar en el calor de la vida o en el frío de la muerte, ese tajante salto en especies se puede entender como el regalo de prestar un poco de alegría y felicidad al entorno que se nos regaló una vez y del que hemos de prestar mas atención para que cuando vuelva, sea entonces, cuando entendamos que una llama puede apagar la existencia de un papel, pero el silencio puede apagar todo el llanto que surta en el mar de dudas.

miércoles, 6 de abril de 2016

La pena confundió la salida.

La pena ya no es un llanto para la desolación. Ahora, teniendo en cuenta la propia voz que engulle parásitos adyacentes a la rabia, la ira y la discordia, hacemos al pensar que la pena se va con un leve sentimiento de alegría, por cualquier cosa que pueda producir ese incesante penar de la vida que arrastra el pasado, haciendo que ese tiempo que se nos va no vuelva hasta que esa alegría se vea desbordada por la comprensión que hemos de tener si la madurez que evoca los años nos atañe hasta contemplar el propósito idóneo de las crisis emocionales, hasta ponernos en el lugar y en el sitio adecuado, pues entre otras cosas, la vida nos hace mas fuertes si tenemos esa mentalidad de sosiego para cambiar el estado de ánimo que hace depender entre los fugibles desarmonizados eventos que envuelven ese pasado con lágrimas contenidas en el empapado suelo que presta una lluvia para limpiar ese suelo que pisas y del que si queda huella es porque está marcada en cemento ya que el barro de nuestros pies serán remojados en el charco de la entrada para dejar atrás el camino sembrado de semillas, de las que esperarán a dar fruto cuando ese tiempo pase y deje constancia de que la mano del hombre puede construir con el tiempo la historia, hasta hacer la mejor versión de nosotros mismos y reflejarla entre los días y las noches, haciéndonos pensar en lo mejor y lo mas positivo, pues está la medida de la tristeza pero la alegría por poca que sea se vive intensamente hasta que en el estado evolutivo en el que crezca ese tiempo que hacemos para nosotros, nos de mas vida y entereza a la hora de vivir nuestros momentos, nuestras ilusiones y sueños, que perduran en la alegría mucho mas que en esa tristeza que da pena entre los que han vivido un desapacible entramado entre la vida y la muerte. Prestar a la alegría un entusiasmo mas, para los que lo tienen todo es mucho menos complicado, pero los niños ríen, se ríen de todo, será por eso que están en el reino de los cielos, en el sitio de la inocencia nata, hasta saber que el hombre con sus ideales ha puesto precio a los brazos y piernas que han de hacer el camino con sus manos, pues el que ha de trabajar y sacrificar su tiempo, mide las esperanzas con el poco que tiene libre, ya que hemos de pararnos a pensar que es la felicidad en su estado puro, y no es mas que estar rodeado de tu familia y de tu gente. Para el solitario, el que encuentra en su lugar refugio, para el que es estado de paz es la soledad, ha de buscarse alegrías en el estado mas puro de su inercia, al rodearse de música para bailar sentado, o al encontrar en el silencio la propia esencia de su ser, y así poder rodear con los brazos su árbol favorito o hablar con las piedras que antes le hicieron caer, para dejarlas fuera de la mochila en la que llevaba todas esas piedras envueltas en papel de seda, y que con el tiempo se han ido yendo de ese pasado que no volverá hasta que otra vez, esa pena que sin querer se ha escapado por la rendija del pensamiento, otra vez vuelva a saber que una vez hubo una piedra en el camino y que sin querer tropezó. Hemos de darnos cuenta de que ese regalo a la vida es otra forma de hacerla alegre cuando en soledad sentimos la tranquilidad, pero ha de haber gente en nuestras vidas y esa gente, la del día a día, es la importante, la gente a la que puedes regalar una sonrisa, a la que puedes darles un apretón de manos y preguntar que tal van las cosas, la gente que se siente en el parque a comer pipas y que te prestan un puñado de ellas por un simple “hola” o un “que tal estas”, para continuar con los que van y vienen en las calles, personas y gente que hacen de la vida un lugar para si mismos y que regalan esas sonrisas, que son motivos para estar alegres y aunque no entusiasmados los suficientes, sirve para combatir ese hambre de presencia al que le hace falta un abrazo, al que le hace falta sentirse agradado, al que le hace falta calor humano, ya que si solo el que tiene un sitio para estar es feliz, mas feliz será si comparte momentos en los que las palabras brinden un apoyo y las risas y fiestas un lugar en el que sentirse seguro, consigo mismo y con su alter ego, ya que para quienes rondamos esa soledad a medias, encontrar un lugar para ser feliz solo basta con un abrazo familiar. Los que dependan emocionalmente de esos abrazos, lo tendrá mas duro hasta que ese mismo fin sea el de agradar, hasta que pueda decir que con unos pocos pasos hacia la puerta y ver que hay detrás, hasta que diga ese sitio me lo merezco y es lo mejor que me puede pasar ya que hay vida detrás, pues entre mis pasos y una puerta cerrada, lo único que me falta es abrazar mi confianza y salir a estrechar la mano al pomo de la puerta, salir y decidirme por que camino he de liberarme para no encontrar piedras que me molesten o que vaya dejando las que anteriormente me hicieron pesar en el alma, hasta saber que en el recorrido habrá un sinfin de cosas gratas que me hagan reír o embozar una sonrisa, con los vecinos que dan la tabarra cuando esa música que les envuelve está mas alta de lo normal, o seguir hasta que los pies lleguen cargados de pisadas en el suelo que nos ha hecho ver que existe la vida fuera de las puertas que en la soledad solo ven la obscuridad de una ventana cerrada a cal y canto, ya que el que sale para ver la luz del sol, aunque llueva y se moje, vive alegre de saber que hay vida después de un desafortunado pensamiento de pena, ya que sin el antagonismo de nosotros mismo en distintas representaciones de la vida, el sufrimiento que nos envuelve algún momento errático, la dicha de saber levantar la cabeza y sonreír a quien quiera mirarte a los ojos, es el logro mas sencillo de todos los momentos si esa estima es la alegría de sentirte digno

jueves, 31 de marzo de 2016

La inercia de un todo.

      A pesar de las diferencias, nos sentimos humanos, en un universo que transfiere todo su potencial en el tiempo, para hacer de cada galaxia un habitad para los que han de aprender a vivir con todos sus semejantes, aunque el ser humano haya concebido la guerra como arma para poseer el poder de la destrucción y crear un mundo para los que están a salvo y para las pobres victimas un lugar en el que desaparecer gracias a esa destrucción que poco a poco va mermando la capacidad de crecer como semejantes, con todo el acometido de escusas para hacer valer y darle un significado a la vida que desea muerte y para la muerte que desea ser ella misma. El vasto infinito que nos acompaña ha de hacer valer a quienes están cerca de nosotros y para los que viajan de galaxia en galaxia, encontrar un lugar en el que los hombres haces de inhumanos o donde los humanos no aprenden a ser hombres sino animales que dan por sentado que la vida ha de ser arrebatada de aquellos inocentes que van y vienen, siendo truncada su vida por el despecho de unos que han de pensar como fanáticos por el nombre de quien en verdad es solo la imagen de un Dios de todos con el nombre de su propia doctrina y con el ápice de la verdadera moralidad que nos atañe a todos por ser lo que somos, personas que dependemos de alguien superior para que nos de fuerza al vivir y al contemplar la vida, y si, es así como hemos de ser, dignos de confianza en todo lo que acontece la vida, pues dar vida no es sencillo pero es agradable y quienes indignan al vida con falsas y temerosas ideas, han de saber que todo lo que se hace en el nombre de la vida propia es ayudar a ese prójimo que nos desvela la apariencia de un acto de fe, en donde poner las ideas aclaratorias sin sacarlas de contexto y donde la complicidad es el afecto que hemos de dar, la sabiduría que engendra la vida en cada uno de nosotros, depende de ese afecto que nos han dado o nos han quitado para hacer de esa dignidad una forma de llegar a la vida contemplativa y saber que los disparos de un espíritu hacia otro espíritu no es mas que un haz de luz del amor divino hacia otra persona que desea recibir el amor celestial, es la propia existencia de quienes saben qué es amor y con la diferencia de saber quienes ponen espinas en el camino que lleva hacia la gloria eterna, cuando entregados a la razón de dar sin esperar nada a cambio, es la llave que abre las puertas del cielo no una mentira a medias con la razón de estar con alguien inocente después de haber puesto la vida de otras personas en manos de esa mentira que duele en lo mas profundo de la consciencia humana, ya que ultrajar y saber que esperan unas pocas mujeres a las puertas del cielo para hacer con ellas lo que plazca, es una condición que da grima y que si en la vida de quienes hacen posible el amor a la dignidad por ser una parcela y parte del todo con amor, gozo, dicha y paz, el que no encuentra esa tranquilidad y difiere sus ideales con la vida, poco hemos de esperar de esas personas que nos hacen daño con el terror y con el pavor de la inseguridad, que puestos a pedir, hoy en día, son acontecimientos que hieren la razón humana para dar paso al salvajismo, en unos días que están marcados por los acontecimientos que nos roban de nuestro tiempo, aunque el tiempo siga siendo infinito y siga dando vueltas de día en día, ya que si nos vieran desde otras galaxias y compararan la dignidad que hay en cada vuelta que da el planeta con otras civilizaciones mas completas y con mas tecnología, seguro que lo que nos dan, hoy por hoy, es la esperanza de que por lo menos, los humanos que queremos seguir dignamente con la vida en el planeta que ya se está extinguiendo, con la propia vida que nos regalan cada vez mas desesperada y contaminada, hemos de esperar a que vuelvan los días de paz hasta saber que en el mundo, quienes están para hacer posible la vida en positivo, no sabremos que hacer cuando en el cielo en vez de nubes haya una capa de desesperación que envuelva toda la idea de civilización que guardamos en el tiempo futuro y en el que haremos un lugar mas digno para vivir si quitamos toda la contaminación posible y hacemos de nuestros días el apacible bienestar de una vida envuelta en alegría y paz, para que entregadas las armas del desconsuelo y de la desintegridad, podamos hacer posible un lugar en el que ahora pide a gritos el lamentable estado en el que encontramos a la realidad, puesta entre los papeles de una mesa y entre las palabras de unos mandatarios, con actos a medias entre los que mandan y los que obedecen y con sangre en las manos de muchos hombres que sin saberlo destruyen cada soplo de aire en la atmósfera de la vida en le planeta y que ademas de hacer imposible un acuerdo entre fronteras, tengamos que dar vida a quienes están desesperados por la compasión merecedora de estos actos que en el planeta, vuelven a mellar sus límites por poner entre dicho la desconsolada vida que otros están sufriendo y por la grandiosa elocuencia de la evolución, que además de darnos la espalda, hemos de dar ese paso para el bienestar de todos los que tengan la capacidad de dar un paso al frente y cambiar el rumbo de la existencia en este pequeño planeta, donde la vida está menguando y donde la esperanza es cada vez mas rara de encontrar.

sábado, 26 de marzo de 2016

Las piezas que desencajan.

Todas las piezas del puzzle encajan cuando has dado tiempo a medir y revisar todas las fichas. Eso es lo que pasa cuando tienes todas las piezas puestas sobre la mesa con un dibujo a seguir, a seguir con el orden de las cosas, con el sitio que corresponde a cada ficha, con el motivo que te une a atar una pieza sobre otra, hasta conseguir que todas encajen, como cuando piensas y tienes muchas cosas liadas en la mente, y solo saber unir el propósito de estar en silencio, de estar en quietud para que esas cosas de mas se esfumen y solo quede el sitio para respirar en un momento de diez o en un instante de cien, haciendo que las fichas revoloteen por encima de la cabeza, hasta encontrar su sitio en el recóndito almacén de las sensaciones y que hace brotar el sinfín de emociones que regresan a su sitio después de ese instante o momento, en el que has dado tiempo a tus sueños, revocados entre la suerte y la constancia, envueltos entre un ensueño y la vigilia, retozando en el infinito hasta hacer ver que cada instante o momento son únicos, hasta que el sueño que destroza la vida por egoísmo nos entorpezca hasta encontrar el sueño que nos hace vivir y nos hace soñar de nuevo, en el paisaje desdibujado de la razón, donde encontramos el anhelo a la vida pasada que dejamos a un lado para aprender de sus errores y en donde planificar solo es cuestión de estática, para dar sentido a lo que vivimos en cada trozo de tiempo que se detiene para dar esa sensación de avidez entre la disciplina de guardar silencio y el acometer de darle vida a nuestros movimientos, que una vez entremezclados en la utopía de hacer cierto un encuentro certero por casualidad. La causalidad de esos momentos en los que brindamos a la vida el regocijo del encuentro hasta pararte a pensar si verdaderamente es el mejor instante en el mejor momento. La vida hace posible los encuentros en la medida de lo posible, lo imposible es encontrar algo que no está aunque se sabe donde se dejó, es la parte en la que sabemos donde están las cosas y las ponemos en su sitio hasta que otra mano cambia de lugar lo que tenemos en ese sitio, pero para hacer lo posible, nos guiamos por el hilo de la certidumbre y el asertivo impulso de la realidad, para saber por donde va lo que tenemos en algún lugar y por donde hay que ir para encontrar lo que es nuestro por derecho, pues quien cambia de parecer es lo mismo que quien cambia de dirección sin tener la brújula medida por los hierros que hay alrededor que dejan encabritar a la aguja sin poder tomar el rumbo que precisa y que sin mas motivos que el de buscar de antemano la dirección para no cambiar mas que de parecer, por la misma razón que hace el saber donde están los momentos y los instantes que debemos de olvidar y cuales debemos de dejar en nuestra cabeza, pues entre los comienzos de una dignidad aparentemente verdadera, la subyugación de quien parte de un comienzo firme a su antojo, sin encajar la pieza desde el principio, hace que esas personas que van hasta el sinfín del universo y que van y vienen de estrella en estrella, nos puedan dar esa paz al saber que estamos a salvo, que la vida humana sigue en otros sitios y en otros lugares, a pesar de que en este planeta no encaje la ficha de un puzzle roto por las guerras y las armas y la destrucción de una mentalidad enferma de extremismo radical, que hace que nos demos cuenta de ese camino que hay que seguir instante a instante, momento a momento, hasta dar por sentado que la vida es un transito en el que acaparamos todo por vivir, pero solo los ambiciosos que pisan al de abajo para poder estar mas alto, es la parte en la que dependiendo de quien sea el que ejerce ese poder atraiga a quienes quiere, pero el que es certero de hincapié puesto entre el tramo de quien está abajo y de quien está arriba, el que en el medio busca un trozo de tiempo para dar un solo acierto en el trabajo del hombre, sí es de los que encuentran una razón mas digna por la que poner entre el cielo y la tierra un ser que medie esta locura planetaria, de la que nos libraremos tarde y de la que encerrados en ella nos asfixia hasta el punto de dar por sentado que en este tramo nos enredamos con la cierta vida que nos dan los pasajes humanos, de tantas historias por las que vivir y por las que lucha que solo el fanatismo acierta a endiablar a unos pocos para el susto y terror de los que simplemente tienen ese pié entre la orilla y la arena, para dar dos pasos adelante cuando estén preparados para librar con el agua una brillante manera de limpiar el espíritu, agua que reboza y retoza en todos los lugares del mundo, hasta hacerse limpia en su reposo.  

domingo, 13 de marzo de 2016

El sutil encanto de la hipocresía.

        Queda esperar de las palabras un hálito de certidumbre, como cuando hablamos de lo que queremos sin darnos cuenta, sin percatarnos del mensaje subliminar que entornamos en nuestra mente, para decir o hacer algo que consideramos real, sin darnos cuenta de que ese mensaje puede prevalecer ante una duda menospreciada, para decir que, luego del entender el por qué, la vida se nos antoja divertida, sin demorar a la astucia prevalecedora de los instantes en los que rodeamos el comentario para hacerlo indigno con una consideración inapropiada. Las emociones que pululan por nuestro interior, cuando las canalizamos para dar sentido al momento, nos nutre dependiendo de la complejidad, para poner en claro que somos seres emocionales, y de lo cual, somo lo suficientemente personas para aceptar que cada cual siente lo que siente. Si empeñamos el dolor que nos embauca cuando las emociones no nos gustan, hemos de darnos cuenta de la empatía, que pudiendo merecerla, nos hará el despótico sentimiento cuando queremos sublevar al encantador de sentimientos y emociones, para darnos cuenta de que el juego que empezó para dar sentido a un momento nos encierra en un acertijo de condiciones para hacer de la percepción la encantadora manera de arrebatar las claras emociones de paz, dando la vuelta al sentimiento que alrededor nuestro fluye, encadenando al fluctuante merecedor de las palabras que encierran despotismos, anclando la superficialidad del comportamiento como una mera forma de acentuar el juego entre dos para dar por sentado que cuando no hace falta algo o alguien, sea despedido con la indignación propia de los que juegan a querer y ganar mintiendo. Una propuesta para hacer posible la hipocresía que nos envuelve entre los que rodeados de ideas manipulan el entredicho de la verdad a medias, es capacitar a un ser a que mienta y acepte su condición de humano en la cual es contentar al mandatario que embulle la propia decisión de repercutir en el estado de ánimo de quien sólo hace posible el entendimiento entre cohechores que permiten saciar el hambre de mentiras para ligar con la propia verdad entregada a los hechos que nos rodean por querer ser desigual al concepto de jerarquía, cuando el que presta la voz para emancipar la decisión, cuenta con el apoyo de ese pretexto en el que incide la voluntad propia acertando en la discontinuidad del propio valor que le damos a la existencia, sin pararnos a pensar en qué o quién hace lo posible para subyugar el aliento de honesto en unas precarias maneras de dar a entender que es posible mentir diciendo la verdad y contradecir la verdad con una mentira sólo es posible si emerge un conflicto de intereses entre los que dicen la verdad y los que mienten, demostrando con honestidad que cada cual cree que es posible hacer de intermediario con las manos vacías, hasta entonar el llamamiento a la realidad de quienes merman la capacidad de acción con un entredicho vulgar, a pesar entre los que prefieren la dificultad de encubrir a un embaucador y de encerrar entre las cuatro paredes de un patio al que sin mentir a decidido encerrar la realidad para enseñar después el propio dolor que repercute en el humilde y sensato ser que abarca desde que sabe que es mentir sin pararse a contarlo, sin pararse a concebir, sin pararse a menospreciar el cariño que desprende una iluminada sensación que nos ampara en el interior, para expresar desde otro punto de vista el enjaulamiento del opresor que difama por costumbre sobre la capacidad de reacción que tienen los que solo saben que entre un bien añadido y un mal consternado, solo cabe esperar que entre una palabra y otra halla un contraste entusiasmado de positividad entre la fe que guarda el sentimiento y la verdad que guardan las palabras, hasta dar por sentado que la unificación de una sola verdad que nos pueda bendecir con cada verbo, pueda dar a la vida el mejor de los sentidos y emociones, aunque en el transcurso hasta llegar a la verdad, entre los que prefieren decirlo a medias, es entrega la honestidad que nos precede ante los ojos de los que verdaderamente hacen posible la dignidad de un solo encuentro con las palabras que mal sonantes nos enreda en un hálito de certidumbre cuando es solo el parecido de la realidad contando con los que vuelven a casa después de trabajar y reaccionan con el parecer de una vida plena en la que guardamos lo mejor para la tarde, y encontramos en la mañana un trozo de tiempo para que ese instante en el que nos paramos a pensar si es mejor ser digno y decir la verdad a pesar de que nos cueste entenderlo o decir mentiras a media voz para seguir con el entresijo de deslealtades que nos propone la civilización en la que guardamos una hipocresía para regalarla a quien verdaderamente no se la merece.

domingo, 28 de febrero de 2016

Los límites de la cordura.

Las maneras de hacer en la vida algo con locura dependerá del grado de insatisfacción que acarrea la incertidumbre a la hora de pensar qué es necesario para vivir con ello sin que los remordimientos nos encaucen hacia lo desconocido. Hablamos de locuras por amor, por cariño a quien tenemos al lado y nos brinda instantes para recordar, hablamos de la locura sana, la que puede hacer posible que las risas embriaguen la mente y nos envuelva con dulzura a la vez que roza la suave brisa por entre los recovecos del pelo ensortijado, hablamos de la locura pasional que nos delata cuando emocionados cruzamos los límites creíbles de la cordura, una cordura subjetiva que nos envuelve a cada uno de nosotros. El fin de acarrear problemas por sentirnos locos es por la perspectiva que nos enseña el mundo con su propia locura, cuando llevamos al límite nuestro razonamiento y sin darnos cuenta estamos sumergidos en un conflicto sin sentido, cuando en la vida de otros simplemente es un suspiro mas del hálito de esa vida que enseña a levantarnos cuando caemos en un sin sentido de la cordialidad, mezclado con el sudor de la impaciencia que evoca el conflicto cuando las manos tiemblan y las palabras se truncan en una indignidad provocada por el mero hecho de la ineptitud que nos recela cuando aun sentimos lejos los latidos del corazón. Es la manera de hacer y pensar todo lo que podamos de antemano o simplemente vislumbrar un atisbo de inestabilidad en todo lo que creemos hacer y en todo lo que soñamos al pensar, aun cuando la manera de hacerlo sea correcta, siempre que esté dentro de los limites de la cordura, siempre que sea la manera de hacer una solución en vez de un problema. Ese mero formalismo que ata y embriaga la dignidad fuera de lo común, que se aprovecha de la debilidad del fuerte y que grima la fragilidad del rudo, ese instante en el que vemos repercutir una falta de perdón o que embobados aislamos del pésimo sentido que da la libertad, esa perspectiva que emana de la ligereza de un propósito hacia la inestabilidad preconcebida del apoyo que merma la capacidad de acción, es a fin de cuenta un trozo de tiempo que marca la diferencia entre un malestar y un principio inadecuado que tolera del desistimiento cuando a propia voz rebusca entre los quehaceres de un espacio inadecuado y sobrepasa los limites de la tolerabilidad que nos embauca cuando aun prendemos razones por las que apagar la vela en vez de dejar el candil amparando la poca luz que se necesita en un alma o en un espíritu vivo de alegría. En vez de empezar al terminar o en vez de seguir al desistir, en vez de apaciguar cuando el miedo insiste en perdurar, en vez de acicalar cuando las insatisfacciones despeinan la cordura o cuando la creatividad encierra una falta de dignidad, es cuando la humildad hace posible el embozo de una sonrisa, cuando la seguridad de tener entre unos u otros la propia posibilidad de ser uno dentro de este mundo en el que nos hacemos en cada día, es como ser paciente ante la espera de saber que la tranquilidad nos hace seguros, es cuando la posibilidad de mencionarte y mencionar a otros sin la desigualdad propia de quienes fomentan los engaños nos de acritud y menosprecio sin venir a cuenta para fortalecer los instintos innatos que heredamos de la vida y del sueño que repercute cuando salvajemente nos hemos desaprobado al decir de esos otros o de nosotros mismos. Es la ardua tarea del día a día, que nos construye y nos hace pensar en todo lo que nos rodea cuando simplemente se nos está cayendo el mundo, cuando a nuestros pies arrojan agua hirviendo en vez de dejarlos en reposo tibiamente antes de ir a dormir, para recrear en la paz que nos invade cuando mecemos la cordura, hasta hacer posible ese mal estar que irradia todo lo que tocas cuando aun no has mencionado palabra, al designio particular de tu aventura sin compañía, a la atrocidad de mermar la infancia a dos paredes cerraras, a un pasillo en el que por una puerta estas escondido y en la otra se esconde tu fortuna, para dar las luces que abren el cielo en una mañana a ti mismo en tu propia compañía, hasta llegar hacia otro lado en el que por la tarde buscas con quien ver esas luces que revolotean por tu cabeza sin darte cuenta de que te tienes a ti mismo y a quienes hacen posible tu historia, sean del fondo de tu cabeza los que salen o sean los de tu cabeza los que entran.
Superar con la fuerza de voluntad un acontecimiento impredecible, cuando el canto de las sirenas transforma la sutileza de amar en sumisión, aparenta que servimos a la realidad de ser uno mismo mientras el incesante canto nos va acercando al paraíso del engaño, cuando las razones que embaucan los sentidos nos difiere y alejan de la realidad, puesta entre los pensamientos y reacciones que presumibles antes de tirar al fondo del pozo toda la cordialidad y afecto, hacen que el intercambio de posibilidades fehacientes rompan con su esquema para repercutir en una acción descomunal por llevar a cabo una ilusión desmedida. Para hacer posible una cordura real, en el mundo en el que vivimos, las normas que comparten los prejuiciosos que siembran discordias dan por sentado que recogerán discordias, pero si dejan pasar por alto esas normas que nos definen, la cordura no tendría sensatez, entregados a cumplir lo que pactan para el bien común sin dejar de pensar en la sensatez que nos haría hacer distinto el aislamiento humano, pues hombres de bien somos los que asumimos el papel del verdadero interés que traza la cordialidad entre todos los que sembramos para recoger eso mismo que sentimos en lo mas profundo de la vida, antes de contagiar de ira los que no saben esperar y con los que es mejor dejar a un lado, hasta que la propia vida nos enseñe que estar un poco loco es sinónimo de estar un poco vivo y totalmente cuerdo es aquel que esconde la mano una vez tirada la piedra.

domingo, 21 de febrero de 2016

La inocencia que truncó la desesperación

El torbellino de decisiones que debe de tomar el mando de un ejercito, no es igual cuando las ordenes son claras y sensatas, pues mandar a un grupo de insurgentes que abaten a tiros a todo lo que se mueve es dar riendas a la perspicacia que monda en el terreno angosto de las dificultades enteras y puestas de la mano de guerrilleros que ambicionan el terror y la codicia de aterrorizar a quienes tienen tan solo un momento para darse cuenta y toda una vida para quienes sobreviven en esa contienda de malos modos. Ya puestos a pensar quien es el malo, todo lo que busque un sentido ofensivo en una guerra de ultratumba es cortar la libertad que tenemos todos a la hora de poner un pie si en el quicio de la puerta, si se ha puesto otro para dejar pasar al que entra con malos modos, sea o no el que mande en esos territorios puestos a pedir, ya que quienes ponen la fuerza para aterrar aunque solo sea al vecino, es digno de contemplar su mudez cuando tiembla al ver su peor enemigo, antes de dar por sentado que la vida la hacemos los que vivimos en paz y la deshacen los que indignan al complejo de superioridad. Aterrar o no a quien es hermano de la vida, por pasajeras puestas de miedo en la infancia, cuando todo el terror era apagar la luz de la habitación y al contemplar la linterna entre las sábanas el pavor de iluminar la oscuridad dando miedo es peor que esperar a que vengan con fusiles y bayonetas a cruzar la puerta y con el haz de luz eliminar a todos los que en alguna guerra han pasado, como los abuelos que guerrearon por la patria y aun no han despertado del horror y a sus nietos pavonearse de pistoleros cuando en verdad les entra miedo cuando no están esos mayores que les dan protección. Pero cuando queda uno solo, uno que no quiere guerras y le dan collejas por pasivo. Es el pendonear de la vida ancestral por todo el tiempo que lleva huyendo de sus migas hechas con el pan del propio hermano que mete en el horno el pan de cada día de unos pocos y come el pan de cada día de otros tantos, que hechos ha pedir de boca solo tienen esa rebeldía con la vida puesta en el interés de hacer daño, sin saberlo, sin saber que se es capaz de hacer la vida con dignidad en vez de seguir con esa linterna encendida en medio de la habitación diciendo que la luz corrompe el alma y destroza el espíritu, dando al que agnósticamente ha labrado para un futuro mejor una esencia distinta a la que lleva de por vida, pues semejantes o no cada uno lleva un trozo de vida atado al pasado aunque no lo recordemos. Esa es la esencia que tenemos y el que vibra de corazón con todo el transcendentalismo que repercute en su labor. La propia magia que ejerce el poder de la inocencia no es el mero de ser como un niño y sentirse como tal, es saber que ese don de la humildad que tenemos antes de que lo corrompan los individuos de mal carácter, hace que rompa la dignidad en un percance de esos cuentos que antes sonaban a dicha y que ahora suenan a guerra, pues el que pone los pies en el suelo al levantarse y le invade el terror de que se lo coma un cocodrilo llevado desde los sueños de Piter Pan, es esa madurez que cuenten con los dichos de un adulto antes de dar por sentado que un poco de miedo hará mas fuerte al que no teme, sabiendo que el que está asustado y con miedo es simplemente el mejor resultado de la inocencia humilde y no del machismo desmesurado, que contando con los sueños solo ve en ellos las vueltas que da el horror en un termostato de un horno de pan, ya que todos los que dan por sabido que un hermano es para toda la vida, rompiendo con esa sinceridad que mecía las condicionadas y manipuladas acciones en el juego, antes de ser desapegado por naturaleza de los propios y horrendos padres que sin saber hacían daño y daban pié a un hermano trazador de inconsciencias, pues en la madurez machista que impone con un grito y un puño cerrado en la mesa es peor que cinco hermanos menores pidiendo algo con que comer antes de dar sentido a los que sentados en la mesa esperan que ese trozo de pan llegue de donde sea para poder dar un suspiro al hambre que con el terror se habían encogido los estómagos y se habían dado cuenta de que el miedo a seguir era secundario mientras que las ganas de vivir solo dependerían del entorno que el humilde había conseguido con un poco de trabajo pues los celos del que solo sabia poner masa de pan al horno y el machismo que engendraba con su propia conciencia repartida por los mayores que le hacían caso es peor que el buscador de vida que lejos encontró que hacer para comer mientras cerca de ellos habían monedas para que siguieran comiendo, sin darse cuenta del error al aterrar con palabras malquehacientes que derrotaban la dignidad con solo levantar un poco la voz.

lunes, 8 de febrero de 2016

La insaciable necesidad.

      Abrigarse al lado de la chimenea que quema los recuerdos que nos deja la inconsciencia, cuando queremos dar un paso y ya hemos dado el otro, antes de levantar la cabeza y mirar para donde vamos cuando el paso se ha de dar en firme, en un abrupto y discordante terreno como es el de ser tal y como quieren y no tal y como somos. El camino que seguimos cuando andamos no nos deja ver qué somos cuando vamos anticipando el paso que damos con el posterior, para dar incapié al sentido en el que tenemos que guardar las composturas, en vez de guardar las manos en los bolsillos por si el frio arrecia o por si encontramos en los bolsillo desmedidos tikets de la compra de ayer, cuando sin darnos cuenta fuimos por donde los precios son asequibles para nuestra tarjeta de Visa sin pararnos a pensar en el mundo caótico en el que el consumismo nos da la espalda cuando tenemos con qué gastar y no sabemos el qué comprar, para darle un capricho al discordante embeleso de la televisión que promueve la dicha colectiva cuando se tiene lo mejor de todo y cuando se quiere tener eso que aun sin hacernos falta, admiramos como pieza de caza para dar sentido a nuestra dignidad puesta en manos de un gran almacén o de una tienda exclusiva, donde el juego de los ganadores es tener mas de una moneda en la mano y donde el triunfo del espectador es adinerar a quienes tienen motivos para ganar mas de lo que jamas un pobre habría soñado antes de tener un empleo y un gran coche para llegar a pagar un alquiler o una hipoteca afijadas a unas letras que con el tiempo se incrementa su disposición económica hasta darle el valor que unos cuentan y otros mantienen para dar un tipo de interés a la vida y al valor de poder tener algo, aunque suene a la insaciable necesidad de ser o del ser así, tal y como quieren los que mandan y tal y como mantiene su teoría económica los que aprenden del tipo de interés que forman los consumistas o simplemente cualquier gobierno que quiera mantenerse dentro del estatus global, pues entre los economistas y políticos cabe esperar que el mundo siga tal y como lo vemos, pero el que necesariamente quiere hacer otra vida, puede, con su valor y dignidad por encima de todo, pues hacerse humilde en un mundo materialista es dar un valor añadido a quienes pueden recibir algo a cambio de algo, pero el que ve que tiene para dar y regalar, solo gasta en su condición de pagador, ya que si necesito poco lo invierto en algo que cueste poco, como semillas a las que darle vida en mi necesario terreno, y esperar salud a cambio de un respiro de aire oxigenado es lo que privatizaría un emprendedor con ganas de comer sano y a su salud que coman unos poco mas, pues entre amigos, amigos de compra-venta, estos que son los que esperan de ti un buen pagador, son los que por el mundo merodean entre las llamadas poco afectivas esperando que una buena fiesta llene a todos con el placer de gastar por el interés que afirmativamente estoy proponiendo en mi escucha, en una escucha indirecta que a cada hacedor de palabras propone antes de organizar la merienda con ensalada y fruta o de alquilar un local y merendar con las moras que presta el árbol de la esquina.
      Todo lo que sostiene un precio en estos días en vendible, pero los que tienen precio son los que se venden a mejor postor. Todos nos vendemos por algo pero hay gente que intercambia valores y sentimientos por emociones y gratitudes. Estos que saben qué es ganar tiempo con salud, son los que van mejor en todos los sentidos dignos de la aventura en la vida, pues sentados en un trozo de tierra pueden hacer que la vida pase cada vez que caminan por debajo de sus pies y encima de la tierra la mas generosa de las gratitudes, plantas comestibles que aun sin cosechar ya asoman por la rendija de la vida que en salud nos prestará un trozo de su destino y un poco de su bienestar. Otros que llevan el carro hasta encima de yo que sé que cosas llenas de venenos lentos, que van matando porque se acumula en nuestro cuerpo esas sustancias o no toleramos bien algunas de ellas, es el mundo que nos ha tocado, el mundo que se viste de grandes superficies y del cual ya no aprendemos nada, pues para aprender están los colegios pero para aprender de la vida, ya no está el abuelo que nos contaba o la tía que venía del extranjero con fotos o el sobrino que vuelve de su viaje a África y del cual nos trae semillas de cacao para plantar en la finca de los tíos, pues entregados a una solitaria campaña con el consumismo de la mano poco nos espera de quienes queremos que sigan aprendiendo y solo ven la maldad que evoca un sinfín de atrocidades que aprenden de lo que no es justo y de la maldad que habita en el intrínseco ser humano, cuando en vez de dar la mano mira la cartera y en vez de apretar las manos se agarra a un clavo hirviendo porque es de oro.

lunes, 1 de febrero de 2016

Insiste la codicia.

     Arropar a los derroteros de las disciplinas que emergen de la sociedad, con sus preámbulos de poca insistencias y directos al fehaciente desarrollo de sus complicidades en el activo mundo de las calles, en las que poco de lo que cuentan es agradable y del que en su violencia provoca al invadir una estancia en el recelo de la hipocresía, pues maltratadores los que hacen sentido al poco sumiso acuerdo y malhechores los que promueven el significativo de bienestar. Hay que hacer lo mejor que uno pueda dentro de la dignidad acordada, pero ponerse de acuerdo con la violencia sumergida en un hábito delictivo frecuente en una psicopatía común entre los benefactores de ideas hechas para morir, mientras no se conmueven al saber hacer explicito un significado entre los compañeros de lidiada o los enemigos hermanados de la soledad, opositando las dignas falacias al mero signo de rebatir la cordura con un poco del quehaciente derecho de ignorancia, perpetuo en las exhaladas de humos que comparten las esquinas, puestas en las calles para adornar un decrépito e insano tumulto de ideas, puestas en las paredes y adornadas en las bocas que muerden la codicia en un trozo de revuelo infantil, que con el tiempo se mermó en la falta de humildad y de honestidad, para afrontar la inmadura inocencia en rabia e ira en vez de de alegría y espontaneidad.
       Los grandes, los adultos que enfrentan a la vida con un puñado de gratas insatisfacciones, merodean por entre los cabritos de la inconsciencia para regalar un poco, solo un poco de la poca forma que se le da al conocimiento de la vida, pues aparte de poner todo el empeño en crecer con recelo y envidias, solo al colocar la mente en un distraído espacio oportuno detrás de las esquinas y adornándolos con ceniza y una gran cantidad de disparates, siendo el incidente unas pocas monedas para cambiar al mejor postor el hálito de la injusta competencia entre unos pocos que siembran terror y otros pocos que recogen miedo. No dejaría a ninguno en una esquina, en cualquier esquina que preste a preámbulos insistentes entre el mejor o lo peor, entre lo mezquino o lo ingrato, no dejaría a un trozo de mi independencia sujeto a una pulcritud que emana de mis razones dignas de entendimiento, de razones por las que luchar sin dar tregua a los insustancial de la propia vida que se empeña en divagar hasta encontrar una propia manera de vivir y una propia manera de lograr el propósito en la juventud, sin libros ni clases, sin dogmas ni estilos, solo con unas pocas piedras en los bolsillos para que el viento arrecie y no pueda levantar ni una sola paja del suelo.
      Es así, de triste y de ingrato, en la vida que llevamos para darnos cuenta de los motivos por los que “doblar las esquinas” sean privilegio, como cuando en el limite y en las fronteras de la civilización, dentro de argots irresolutos en un saludo y en una despedida, sean marca de la casa que cubre las intencionadas sonrisas de quienes invitan a la dichosa satisfacción de unas pocas palabras entendidas y muchas otras disueltas en el barrunto de pocas ideas y de pocas razones. Darnos cuenta de lo significativo de participar en coros callejeros, en los sitios que tientan a malintencionar la cordura, dentro de los rangos explícitos de una mentalidad coherente, cabe esperar un poco de abrumamiento o un poco de extenuación cuando el ápice de la codicia es el ser mismo por el egoísmo de la vida, cuando en las comunidades luchar por el mejor sitio no vale, estar en el mejor momento no cuenta, sentir pletórico el instante para acrecentar es sinónimo de dopar, solo cuando entre los brazos tienes afín un montón de rayas, dibujos y garabatos, siendo lo que importa en el futuro inmediato del tiempo que rueda en dirección contraria al tiempo que no vuelve en la dirección correcta. Es así y no queda otra que prestar al tiempo las prisas de unos y los lentos y largos momentos de otros, para llegar a entender que el tiempo se pierde, en vez de ganar al tiempo todo lo que en experiencias nos da, para alargar el préstamo justo de ese tiempo que nos envuelve entre una manta arropándonos en un sofá o con una caña en la mano pegado al precipicio de una barra de bar. Cuando el tiempo que nos regalan es para nosotros y solo para nosotros, esa tuburbiaredad de anclarse en un rincón de una barra de bar queda lejos de explicarse ya que no existiría para los ociosos pues se buscaría tiempo para andar, correr, nadar o incluso saltar a la comba en algún lugar mas idóneo, aunque masquemos chicle sin darnos cuenta. El que hace posible encontrar un lugar mas idóneo que amparar cuartos escondido en un bajo, hace entender que su posibilidad de ir por medios sería mas útil, pues el que ampara todo lo que quiere bajo su préstamo económico a cambio de una o dos formas de intercambiar, da mas cuando es aferente efectivo y menos cuando los relojes se atrasan metidos en una mesita de cabecera de cama.

      El que deja a un lado es porque no necesita el valor que le puede dar algo sin pedirlo, el que deja a otro lado lo que pide es porque no tiene lo que necesita y el que simplemente deja encima de una mesa algo olvidado se percatará del olvido cuando se acuerde de que hace falta tenerlo encima. Todo lo demás no cuenta pues pretenderemos tener de todo sin romper el saco para hacernos lo mejor, el mejor de todos los que hay con algo o de los que tienen por algo, aunque el que puede sera mejor que el que tiene, a sabiendas de que todos podemos tener algo y aun mejor que poder tener algo, pero cuando lo que no tenemos es de otra índole, romperemos todo lo que haga falta para tener y poder tener lo que no somos o no tenemos. Aun así, seria beneficiario de lo mejor aun a sabiendas de que ya lo tengo y no por eso voy a ser peor, pero un poco mejor si le doy el uso que necesita verdaderamente tener para poder tener su justa medida y su justo valor.

domingo, 31 de enero de 2016

La salobridad que se encuentra.

Las razones por las que dar un salto a lo desconocido, lleva la sensación pegada a la valentía y el impulso necesarios para dar un gran salto al vacío, a diferencia de si tirarse a una piscina vacía de cabeza sin mirar es sinónimo de romperte la crisma. Una sensación que invade para aterrar en lo desconocido es mejor buscar en lo fiable, para poder dejar en claro que el propósito de embargar todo el tiempo en un riesgo inminente. Podrá hacerse mejor en el indagado mundo de la seguridad, donde apelamos a tener claro que es lo que hacemos y para que, ya que hacerse con lo desconocido con el riesgo de ganar mas que de perder puede hacer mella en la diferencia de un temerario a un valiente o de un atrevido a un osado, que solo busca la sensación de perpetrar un riesgo en cuenta de ese valor que pierde cuando no tiene sentido. Dar la vuelta al tiempo es imposible, mas aun cuando queremos dar marcha atrás a un suceso que si el valor nos deja podríamos hacer de el el recuerdo perfecto. La llave que abre la certidumbre de connotar ese pasaje entre la realidad que enseña los dientes y la subconsciencia que permite pasar los impulsos erráticos, cuando entregados al subconsciente nos abre la ternura de comprender que es lo posible cuando entre unos y otros que salan las conciencias para quitar el agrio y amargo sabor de la incertidumbre, deja entregado a la rotunda idea de apaciguar el entredicho por mucho menos que entregar la constancia en una rutina aparente, llena de halagos por un lado y llena de discriminación por otro, hasta dar cuenta de qué es mejor, si apalabrar un contratiempo o insinuar una palabra para llevar el contraste del pensamiento hasta hacerlo digno, pues entre unas razones y entre un sabor al que recurrir siempre queda la sensación aromática que envuelven los lazos del día a día, ya que unos piensan en positivo para seguir dando unilateralidad en la vida, siendo otros los que colectívamente impregnan la razón con sus postuladas apariencias, antes de dar por sentado que las posibilidades de dar y de recibir son tan contradictorias que emplean la mano fácil para apretarla antes de saber que contrato dará el ir a los campos en los que se refugia la vida, en una difícil apreciación al gusto por el que hacer las cosas tal y como mandan, ya que unos dicen y dicen qué es mejor, pero otros ni cuentan ni comparten las propias razones por las que dar una dignidad al tumulto de improperios, dejando a un lado la prosperidad que da el saberte humilde y seguro, antes de romper con esa rutina que ciega de vicios nos lleva a aparentar las condiciones humanas de los que destruyen mas que construir.
Hay muchos sentidos que le damos a una misma peculiaridad, pero hacer posible el entendimiento a uno solo, mientras pasan rápido las demás insinuaciones, es preferible recordar que uno sólo delante, otro al medio y otro al final, ponen los sentidos que se solapan para desarrollar el comportamiento que nos hace falta cuando en silencio paramos el motor de la inercia y nos regocijamos con el sentimiento que necesitamos, un sentimiento plácido y estático, para dar movimiento al pasado hasta prendar el futuro de mejores enseñanzas, que iremos haciendo sin trompicones, delante de las experiencias que marcadas con las hazañas nos hacen posible vivir dignamente, antes de que desaparezca el pudor y la honradez que guardamos en un recoveco de alma, pues antes que desalmados encontraremos las guerras y conflictos de gente que no es gente y de personas que no son personas. Dejando a un lado la dicha que nos conmueve, el darle a quienes no se lo merecen el valor de los sentimientos, dejará preocupado a quienes saben que existe esta similitud de ideas, contrastadas con los epígrafes de noticias que vulneran la sensibilidad, para morder el sentimiento de quienes pulcros dejaron de serlo, alimentando el ego que provoca la difusión de la moralidad concurrente, hasta emprender en el camino de la cordura el entendimiento que nos deja perplejos cuando sin razón le damos a los sueños que vivos despiertan pasiones, para dar el vivir en un infierno a quienes atrapados en la mafia de los recelos que evocan los resentimientos profundos del ser humano, vinculados a los propósitos que nos hacen merecer apelativos con razón, hará la interpretación de la vida alrededor de los malos hábitos y merodeará en la codicia con el valor que le damos unos u otros, inclinándonos al temperamento correcto los que posibilitan liberar a los sueños que enfrascados entre cuatro paredes y cerrados en un abismo concordante posibilitamos la pasión por esa libertad en la inseguridad que nos proporciona la dependencia a quienes atados a un lujo inconmesuralbe nos desvelan en ese apacible entender de la propia y nefasta idea de amarrar un buque a una boya de profundidad, pues profundo es el océano y la ilusión flota en cada uno de nosotros, para dar en cada propio océano una cierta cantidad de sal, para que la flotabilidad de uno de nosotros pueda hacer al agarrar la mano de otro, un reflotamiento de las emociones y sentimientos que marcan nuestra vida, en nuestro rumbo por las ilusiones que humildemente proponemos en las guerras que otros hunden con plomo en los costados de los que libres piensan y de los que liberados sueñan.

lunes, 11 de enero de 2016

Después de la mentira.

       En el rellano de las apariencias, quien sabe distinguir entre lo verdadero y lo falso, argumenta más que un principio de normalidad entre las desmesuradas mentiras de un océano inmundo, aspecto que tiene formándose gota a gota en vez de átomo a átomo y molécula por molécula, ya que si limpiamos en ese rellano, formaríamos un aparente entrar en una antesala de verdades hechas para los verdaderos y puesta a prueba por los que se mienten hasta si mismos, pues formalizar una aparente entrada en un lugar que apreciáramos por su pulcritud. Pocos entrarían con los zapatos puestos, para dejar fuera el dolor y la rabia que provoca el sentirse pisado por las inmundicias que promueven los que solo saben mentir, ya que la mentira en boca de quienes prefieren engañar su honestidad solo formaliza al manchar esas gotas con sucios pesares. Hacer del rellano un lugar en el que entras y dejas los zapatos para respetar el sitio por el que pisas, es un encantador método para dejar afuera las zozobrantes vibraciones que emanan del mundo exterior antes de guardar reposo en el cubículo de la armonía, en la entresala de las apariencias, donde solo podemos decir que descalzos el suelo pisa nuestros pies y nosotros rozamos el suelo. La mentira, el mero hecho de decir lo que no es, poniendo de entredicho una falsa sensación o un falso comentario, que encelado por la propia indignidad que promueven los pensamientos para engañar a quien solo quiere oír una palabra decente, hace que esos impulsos erráticos sean vistos de mala manera, tanto por quien quiere aparentar o tanto por quien quiere creerse sus propias palabras, quehacientes de un rellano lleno de incógnitas de par en par, para hacer posible una forma o un ente en el que endiablámdamente nos hemos propuesto asistir para hacer que esas palabras que ciegan el entredicho de una conmensurada apariencia volcada en el ápice de un torbellino de propósitos para dar el ejemplo truncado de la siniestralidad de la verdad, cuando en el regocijo del que propone hacer de verdad un comentario, cela la diplomacia que embriaga con éxtasis profanado un recóndito lugar en el que habitar para encontrar seguridad entre todos los meros y funestos incapié de la mentira que deja a un lado la sinceridad. Aparente o no, la mentira solo hace su dignidad para aferrar un hecho al inculcado menester que nos otorga la simplicidad de hacerlo, de contar con otras palabras más alejadas de la incomprensión por parte propia que por parte de quien escucha, ya que quien sabe de verdad qué es lo que buscamos mintiendo, desmorona cualquier actitud que afronte a la realidad que tenemos entre los verbos ha decir y entre las palabras a contar.
         Decir que la mentira es piadosa es como buscar que decir para dar un rodeo a la verdad, pues mentir piadosamente o no, vulgariza el escondite en el que guardar esa mitad de verdad y la piadosa e inerte mentira, pues incitar a dar la vuelta al conocimiento para volver a encontrar lo que debiéramos de haber tenido antes de todo ese rodeo al placer de quitar, de devolver, de sufragar unas palabras que dichas con un propósito abnega cualquier razón para una comunidad de valores, forjados entre las bendiciones de las palabras hechas verdad y labrado con la esperanza y la mesura de irradiar polos positivos entre una mano y otra, hasta reconocer que el mentiroso solo se morderá la lengua entre las masticadas del bocado de ayer y entre la de hoy sangra por ver que las palabras llenan la boca de sinrazones cuando se miente y no se es honrado y honesto con el interlocutor o con esa comunidad que pretende dejar los zapatos fuera para poder entrar en lo mas sagrado de la intimidad sin suelas ni mentiras que apiaden el alma al fomentar valores o disvalores.