miércoles, 6 de abril de 2016

La pena confundió la salida.

La pena ya no es un llanto para la desolación. Ahora, teniendo en cuenta la propia voz que engulle parásitos adyacentes a la rabia, la ira y la discordia, hacemos al pensar que la pena se va con un leve sentimiento de alegría, por cualquier cosa que pueda producir ese incesante penar de la vida que arrastra el pasado, haciendo que ese tiempo que se nos va no vuelva hasta que esa alegría se vea desbordada por la comprensión que hemos de tener si la madurez que evoca los años nos atañe hasta contemplar el propósito idóneo de las crisis emocionales, hasta ponernos en el lugar y en el sitio adecuado, pues entre otras cosas, la vida nos hace mas fuertes si tenemos esa mentalidad de sosiego para cambiar el estado de ánimo que hace depender entre los fugibles desarmonizados eventos que envuelven ese pasado con lágrimas contenidas en el empapado suelo que presta una lluvia para limpiar ese suelo que pisas y del que si queda huella es porque está marcada en cemento ya que el barro de nuestros pies serán remojados en el charco de la entrada para dejar atrás el camino sembrado de semillas, de las que esperarán a dar fruto cuando ese tiempo pase y deje constancia de que la mano del hombre puede construir con el tiempo la historia, hasta hacer la mejor versión de nosotros mismos y reflejarla entre los días y las noches, haciéndonos pensar en lo mejor y lo mas positivo, pues está la medida de la tristeza pero la alegría por poca que sea se vive intensamente hasta que en el estado evolutivo en el que crezca ese tiempo que hacemos para nosotros, nos de mas vida y entereza a la hora de vivir nuestros momentos, nuestras ilusiones y sueños, que perduran en la alegría mucho mas que en esa tristeza que da pena entre los que han vivido un desapacible entramado entre la vida y la muerte. Prestar a la alegría un entusiasmo mas, para los que lo tienen todo es mucho menos complicado, pero los niños ríen, se ríen de todo, será por eso que están en el reino de los cielos, en el sitio de la inocencia nata, hasta saber que el hombre con sus ideales ha puesto precio a los brazos y piernas que han de hacer el camino con sus manos, pues el que ha de trabajar y sacrificar su tiempo, mide las esperanzas con el poco que tiene libre, ya que hemos de pararnos a pensar que es la felicidad en su estado puro, y no es mas que estar rodeado de tu familia y de tu gente. Para el solitario, el que encuentra en su lugar refugio, para el que es estado de paz es la soledad, ha de buscarse alegrías en el estado mas puro de su inercia, al rodearse de música para bailar sentado, o al encontrar en el silencio la propia esencia de su ser, y así poder rodear con los brazos su árbol favorito o hablar con las piedras que antes le hicieron caer, para dejarlas fuera de la mochila en la que llevaba todas esas piedras envueltas en papel de seda, y que con el tiempo se han ido yendo de ese pasado que no volverá hasta que otra vez, esa pena que sin querer se ha escapado por la rendija del pensamiento, otra vez vuelva a saber que una vez hubo una piedra en el camino y que sin querer tropezó. Hemos de darnos cuenta de que ese regalo a la vida es otra forma de hacerla alegre cuando en soledad sentimos la tranquilidad, pero ha de haber gente en nuestras vidas y esa gente, la del día a día, es la importante, la gente a la que puedes regalar una sonrisa, a la que puedes darles un apretón de manos y preguntar que tal van las cosas, la gente que se siente en el parque a comer pipas y que te prestan un puñado de ellas por un simple “hola” o un “que tal estas”, para continuar con los que van y vienen en las calles, personas y gente que hacen de la vida un lugar para si mismos y que regalan esas sonrisas, que son motivos para estar alegres y aunque no entusiasmados los suficientes, sirve para combatir ese hambre de presencia al que le hace falta un abrazo, al que le hace falta sentirse agradado, al que le hace falta calor humano, ya que si solo el que tiene un sitio para estar es feliz, mas feliz será si comparte momentos en los que las palabras brinden un apoyo y las risas y fiestas un lugar en el que sentirse seguro, consigo mismo y con su alter ego, ya que para quienes rondamos esa soledad a medias, encontrar un lugar para ser feliz solo basta con un abrazo familiar. Los que dependan emocionalmente de esos abrazos, lo tendrá mas duro hasta que ese mismo fin sea el de agradar, hasta que pueda decir que con unos pocos pasos hacia la puerta y ver que hay detrás, hasta que diga ese sitio me lo merezco y es lo mejor que me puede pasar ya que hay vida detrás, pues entre mis pasos y una puerta cerrada, lo único que me falta es abrazar mi confianza y salir a estrechar la mano al pomo de la puerta, salir y decidirme por que camino he de liberarme para no encontrar piedras que me molesten o que vaya dejando las que anteriormente me hicieron pesar en el alma, hasta saber que en el recorrido habrá un sinfin de cosas gratas que me hagan reír o embozar una sonrisa, con los vecinos que dan la tabarra cuando esa música que les envuelve está mas alta de lo normal, o seguir hasta que los pies lleguen cargados de pisadas en el suelo que nos ha hecho ver que existe la vida fuera de las puertas que en la soledad solo ven la obscuridad de una ventana cerrada a cal y canto, ya que el que sale para ver la luz del sol, aunque llueva y se moje, vive alegre de saber que hay vida después de un desafortunado pensamiento de pena, ya que sin el antagonismo de nosotros mismo en distintas representaciones de la vida, el sufrimiento que nos envuelve algún momento errático, la dicha de saber levantar la cabeza y sonreír a quien quiera mirarte a los ojos, es el logro mas sencillo de todos los momentos si esa estima es la alegría de sentirte digno

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