La pena ya no es un
llanto para la desolación. Ahora, teniendo en cuenta la propia voz
que engulle parásitos adyacentes a la rabia, la ira y la discordia,
hacemos al pensar que la pena se va con un leve sentimiento de
alegría, por cualquier cosa que pueda producir ese incesante penar
de la vida que arrastra el pasado, haciendo que ese tiempo que se nos
va no vuelva hasta que esa alegría se vea desbordada por la
comprensión que hemos de tener si la madurez que evoca los años nos
atañe hasta contemplar el propósito idóneo de las crisis
emocionales, hasta ponernos en el lugar y en el sitio adecuado, pues
entre otras cosas, la vida nos hace mas fuertes si tenemos esa
mentalidad de sosiego para cambiar el estado de ánimo que hace
depender entre los fugibles desarmonizados eventos que envuelven ese
pasado con lágrimas contenidas en el empapado suelo que presta una
lluvia para limpiar ese suelo que pisas y del que si queda huella es
porque está marcada en cemento ya que el barro de nuestros pies
serán remojados en el charco de la entrada para dejar atrás el
camino sembrado de semillas, de las que esperarán a dar fruto cuando
ese tiempo pase y deje constancia de que la mano del hombre puede
construir con el tiempo la historia, hasta hacer la mejor versión de
nosotros mismos y reflejarla entre los días y las noches,
haciéndonos pensar en lo mejor y lo mas positivo, pues está la
medida de la tristeza pero la alegría por poca que sea se vive
intensamente hasta que en el estado evolutivo en el que crezca ese
tiempo que hacemos para nosotros, nos de mas vida y entereza a la
hora de vivir nuestros momentos, nuestras ilusiones y sueños, que
perduran en la alegría mucho mas que en esa tristeza que da pena
entre los que han vivido un desapacible entramado entre la vida y la
muerte. Prestar a la alegría un entusiasmo mas, para los que lo
tienen todo es mucho menos complicado, pero los niños ríen, se ríen
de todo, será por eso que están en el reino de los cielos, en el
sitio de la inocencia nata, hasta saber que el hombre con sus ideales
ha puesto precio a los brazos y piernas que han de hacer el camino
con sus manos, pues el que ha de trabajar y sacrificar su tiempo,
mide las esperanzas con el poco que tiene libre, ya que hemos de
pararnos a pensar que es la felicidad en su estado puro, y no es mas
que estar rodeado de tu familia y de tu gente. Para el solitario, el
que encuentra en su lugar refugio, para el que es estado de paz es la
soledad, ha de buscarse alegrías en el estado mas puro de su
inercia, al rodearse de música para bailar sentado, o al encontrar
en el silencio la propia esencia de su ser, y así poder rodear con
los brazos su árbol favorito o hablar con las piedras que antes le
hicieron caer, para dejarlas fuera de la mochila en la que llevaba
todas esas piedras envueltas en papel de seda, y que con el tiempo se
han ido yendo de ese pasado que no volverá hasta que otra vez, esa
pena que sin querer se ha escapado por la rendija del pensamiento,
otra vez vuelva a saber que una vez hubo una piedra en el camino y
que sin querer tropezó. Hemos de darnos cuenta de que ese regalo a
la vida es otra forma de hacerla alegre cuando en soledad sentimos la
tranquilidad, pero ha de haber gente en nuestras vidas y esa gente,
la del día a día, es la importante, la gente a la que puedes
regalar una sonrisa, a la que puedes darles un apretón de manos y
preguntar que tal van las cosas, la gente que se siente en el parque
a comer pipas y que te prestan un puñado de ellas por un simple
“hola” o un “que tal estas”, para continuar con los que van y
vienen en las calles, personas y gente que hacen de la vida un lugar
para si mismos y que regalan esas sonrisas, que son motivos para
estar alegres y aunque no entusiasmados los suficientes, sirve para
combatir ese hambre de presencia al que le hace falta un abrazo, al
que le hace falta sentirse agradado, al que le hace falta calor
humano, ya que si solo el que tiene un sitio para estar es feliz, mas
feliz será si comparte momentos en los que las palabras brinden un
apoyo y las risas y fiestas un lugar en el que sentirse seguro,
consigo mismo y con su alter ego, ya que para quienes rondamos esa
soledad a medias, encontrar un lugar para ser feliz solo basta con un
abrazo familiar. Los que dependan emocionalmente de esos abrazos, lo
tendrá mas duro hasta que ese mismo fin sea el de agradar, hasta que
pueda decir que con unos pocos pasos hacia la puerta y ver que hay
detrás, hasta que diga ese sitio me lo merezco y es lo mejor que me
puede pasar ya que hay vida detrás, pues entre mis pasos y una
puerta cerrada, lo único que me falta es abrazar mi confianza y
salir a estrechar la mano al pomo de la puerta, salir y decidirme por
que camino he de liberarme para no encontrar piedras que me molesten
o que vaya dejando las que anteriormente me hicieron pesar en el
alma, hasta saber que en el recorrido habrá un sinfin de cosas
gratas que me hagan reír o embozar una sonrisa, con los vecinos que
dan la tabarra cuando esa música que les envuelve está mas alta de
lo normal, o seguir hasta que los pies lleguen cargados de pisadas en
el suelo que nos ha hecho ver que existe la vida fuera de las puertas
que en la soledad solo ven la obscuridad de una ventana cerrada a cal
y canto, ya que el que sale para ver la luz del sol, aunque llueva y
se moje, vive alegre de saber que hay vida después de un
desafortunado pensamiento de pena, ya que sin el antagonismo de
nosotros mismo en distintas representaciones de la vida, el
sufrimiento que nos envuelve algún momento errático, la dicha de
saber levantar la cabeza y sonreír a quien quiera mirarte a los
ojos, es el logro mas sencillo de todos los momentos si esa estima es
la alegría de sentirte digno
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