miércoles, 13 de abril de 2016

El silencio que apaga la llama.

La vida se apaga cuando en el último momento expire la llama, pero dará de si todo lo que anduvimos y por todo lo que transitamos seremos recompensados mas o menos, tal y como hacemos al vivir, recibiendo cordiales alegrías cuando en el camino nos hacemos felices unos a otros, cuando nos damos la mano para entablar un momento de presentación o de cordialidad, para cuando nos hacemos cómplices del que se presta a recibir un cordial apretón de manos. Es lo normal, cuando estamos en la vida, caminando para llegar a algún lado, en algún recodo habrá alguien para prestar ese encuentro dichoso con la realidad. El dar un abrazo sin explicaciones puede confundir al que se presta a recibirlo pues no estamos acostumbrados a estar abrazado, pero hay que estarlos al menos treinta segundos al día. Yo me abrazo a la almohada nueve horas para estar descansado y a lo mejor no es es abrazo mas cálido pero si el mas seguro, con respecto a la vida que se nos cierne cuando queremos mas de lo que necesitamos o cuando apreciamos mas al que no se deja ver siendo amigo de interés, o siendo el conocido que te presta un apretón de manos solo cuando el abrazo no es momentáneo como otras veces, cuando nada mas ver el interés se nos presta toda condición apacible sin dejar a un lado lo interesado del momento, pero no en el último momento es cuando hay que esperar a decir o expresar los sentimientos ya que en la vida todos nos encontramos a quien hacer valedor de nuestras recompensas al conseguir como triunfo el velador secreto de la intimidad, ya que rebuscándolo entre el besar en los recibimientos solo conseguirás tener un poco de felicidad cuando puedes tener todo lo que hay en la alegría con solo mirar a los ojos de quien está enfrente y te hace partícipe de la felicidad, ya que estar horas sentado, mirando el interior que reluce de satisfacción, poco dará cuando quien lo necesita solo busca para si y no para dar un poco mas de si, como al enfrentar dos contrapuestos sentimientos y hacer que solo gane uno en vez de potenciar el que desinteresádamente vaya mas acorde con lo que se necesita y con lo que se aprecia, para dar sentido a ese abrazo que antes de darlo fue prestado por el precio que tiene la amistad, si cada vez que hace falta o se necesita y no lo tenemos, será entonces cuando le demos el valor que precisa y que de cualquier forma nos hace valernos mas por lo que se siente que por lo que se necesita. La llama de la vida no expira en el momento en el que nos quedamos en silencio pero si calma esa necesidad de autoestima para dar valor a lo que sufrimos, a lo que perdemos, a lo que sentimos, a lo que nos corroe por dentro y solo pesadumbrádamente nos embota y nos hace frágiles en el entorno en el que se volvieron contra nosotros los abrazos que regalábamos, y que ahora se buscan en cualquier rincón por no haber sabido cuidar el valor con el que se da un apretón de manos o por el precio que se ha de pagar para tener los abrazos mas caros del mundo, los que se dan a quien no siente ni padece nuestra alegría de darlos, a quien no sabe por donde ir para que ese abrazó se encauce y nos tome por la iniciativa de cuidar el valor con el que prestamos nuestro silencio, nuestra llama que resplandece en lo alto de nuestra cabeza y nos hace pensar en la divina actuación que hemos de preparar para que en ese recibimiento tengamos la vida entera en nuestras manos y del que en un solo gesto pueda impulsar el acometido para hacer feliz a quien desespera por perder su noción del amor, de la alegría, del entusiasmo de esperar a que vengan a verte o simplemente de saber que quieren verte, pues haciendo soledad solo te quedarás, aunque perdido en el tiempo la contradicción de ganar para valerte solo será la forma en la que pierdas poco a poco con el cansancio, el precio que pusiste al valor de un abrazo y ahora tenga que dar uno sin saber lo poco que cuesta darlo de corazón y sabiendo que por humildad es el valor que atañe al sentido del calor humano el que presta a saber que se puede estar en silencio cuando todo lo demás es ruido y así, esperar a que venga esa luz a ti, ese valor que solo es luz en armonía o ese valor que solo son vibraciones frescas para hacer refrescar la memoria que te hizo vencer a la vida y pensar en la destrucción final del encuentro con la muerte, para pararte sin saber como y para hacerte vividor de tu vida sin saber con cuanto puedes cargar para desesperar en un momento de lucidez y hacerte tambalear en un momento de euforia, pues entre el entusiasmo que damos a los que propician vida y calor si saben como, el que propicia desesperación y temor, rabia e ira, solo desembocará en un canto letánico a la cordialidad que se regala a manos llenas, para dar por sentado que en la vida hay que luchar y vivir para contar que se puede hacer con nuestras manos lo que necesitamos para vivir si se entiende que es lo propiciado para dar unos céntimos al bolsillo que no necesita mas que un poco de pan y otro poco de vino, si desde que hemos rendido cuentas por todo lo que se nos hizo costumbre, empezará a contar esos céntimos para saber que cuesta en la vida el silencio que regalamos, si entre lineas encontramos un valor que se nos hace claro y afectuoso, pues sin pararnos a pensar en el calor de la vida o en el frío de la muerte, ese tajante salto en especies se puede entender como el regalo de prestar un poco de alegría y felicidad al entorno que se nos regaló una vez y del que hemos de prestar mas atención para que cuando vuelva, sea entonces, cuando entendamos que una llama puede apagar la existencia de un papel, pero el silencio puede apagar todo el llanto que surta en el mar de dudas.

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