La vida se apaga cuando
en el último momento expire la llama, pero dará de si todo lo que
anduvimos y por todo lo que transitamos seremos recompensados mas o
menos, tal y como hacemos al vivir, recibiendo cordiales alegrías
cuando en el camino nos hacemos felices unos a otros, cuando nos
damos la mano para entablar un momento de presentación o de
cordialidad, para cuando nos hacemos cómplices del que se presta a
recibir un cordial apretón de manos. Es lo normal, cuando estamos en
la vida, caminando para llegar a algún lado, en algún recodo habrá
alguien para prestar ese encuentro dichoso con la realidad. El dar un
abrazo sin explicaciones puede confundir al que se presta a recibirlo
pues no estamos acostumbrados a estar abrazado, pero hay que estarlos
al menos treinta segundos al día. Yo me abrazo a la almohada nueve
horas para estar descansado y a lo mejor no es es abrazo mas cálido
pero si el mas seguro, con respecto a la vida que se nos cierne
cuando queremos mas de lo que necesitamos o cuando apreciamos mas al
que no se deja ver siendo amigo de interés, o siendo el conocido que
te presta un apretón de manos solo cuando el abrazo no es momentáneo
como otras veces, cuando nada mas ver el interés se nos presta toda
condición apacible sin dejar a un lado lo interesado del momento,
pero no en el último momento es cuando hay que esperar a decir o
expresar los sentimientos ya que en la vida todos nos encontramos a
quien hacer valedor de nuestras recompensas al conseguir como triunfo
el velador secreto de la intimidad, ya que rebuscándolo entre el
besar en los recibimientos solo conseguirás tener un poco de
felicidad cuando puedes tener todo lo que hay en la alegría con solo
mirar a los ojos de quien está enfrente y te hace partícipe de la
felicidad, ya que estar horas sentado, mirando el interior que reluce
de satisfacción, poco dará cuando quien lo necesita solo busca para
si y no para dar un poco mas de si, como al enfrentar dos
contrapuestos sentimientos y hacer que solo gane uno en vez de
potenciar el que desinteresádamente vaya mas acorde con lo que se
necesita y con lo que se aprecia, para dar sentido a ese abrazo que
antes de darlo fue prestado por el precio que tiene la amistad, si
cada vez que hace falta o se necesita y no lo tenemos, será entonces
cuando le demos el valor que precisa y que de cualquier forma nos
hace valernos mas por lo que se siente que por lo que se necesita. La
llama de la vida no expira en el momento en el que nos quedamos en
silencio pero si calma esa necesidad de autoestima para dar valor a
lo que sufrimos, a lo que perdemos, a lo que sentimos, a lo que nos
corroe por dentro y solo pesadumbrádamente nos embota y nos hace
frágiles en el entorno en el que se volvieron contra nosotros los
abrazos que regalábamos, y que ahora se buscan en cualquier rincón
por no haber sabido cuidar el valor con el que se da un apretón de
manos o por el precio que se ha de pagar para tener los abrazos mas
caros del mundo, los que se dan a quien no siente ni padece nuestra
alegría de darlos, a quien no sabe por donde ir para que ese abrazó
se encauce y nos tome por la iniciativa de cuidar el valor con el que
prestamos nuestro silencio, nuestra llama que resplandece en lo alto
de nuestra cabeza y nos hace pensar en la divina actuación que hemos
de preparar para que en ese recibimiento tengamos la vida entera en
nuestras manos y del que en un solo gesto pueda impulsar el acometido
para hacer feliz a quien desespera por perder su noción del amor, de
la alegría, del entusiasmo de esperar a que vengan a verte o
simplemente de saber que quieren verte, pues haciendo soledad solo te
quedarás, aunque perdido en el tiempo la contradicción de ganar
para valerte solo será la forma en la que pierdas poco a poco con el
cansancio, el precio que pusiste al valor de un abrazo y ahora tenga
que dar uno sin saber lo poco que cuesta darlo de corazón y sabiendo
que por humildad es el valor que atañe al sentido del calor humano
el que presta a saber que se puede estar en silencio cuando todo lo
demás es ruido y así, esperar a que venga esa luz a ti, ese valor
que solo es luz en armonía o ese valor que solo son vibraciones
frescas para hacer refrescar la memoria que te hizo vencer a la vida
y pensar en la destrucción final del encuentro con la muerte, para
pararte sin saber como y para hacerte vividor de tu vida sin saber
con cuanto puedes cargar para desesperar en un momento de lucidez y
hacerte tambalear en un momento de euforia, pues entre el entusiasmo
que damos a los que propician vida y calor si saben como, el que
propicia desesperación y temor, rabia e ira, solo desembocará en un
canto letánico a la cordialidad que se regala a manos llenas, para
dar por sentado que en la vida hay que luchar y vivir para contar que
se puede hacer con nuestras manos lo que necesitamos para vivir si se
entiende que es lo propiciado para dar unos céntimos al bolsillo que
no necesita mas que un poco de pan y otro poco de vino, si desde que
hemos rendido cuentas por todo lo que se nos hizo costumbre, empezará
a contar esos céntimos para saber que cuesta en la vida el silencio
que regalamos, si entre lineas encontramos un valor que se nos hace
claro y afectuoso, pues sin pararnos a pensar en el calor de la vida
o en el frío de la muerte, ese tajante salto en especies se puede
entender como el regalo de prestar un poco de alegría y felicidad al
entorno que se nos regaló una vez y del que hemos de prestar mas
atención para que cuando vuelva, sea entonces, cuando entendamos que
una llama puede apagar la existencia de un papel, pero el silencio
puede apagar todo el llanto que surta en el mar de dudas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario