Perdido en la sombra que
emerge de un aislado encierro, encierro fortuito de la vida que
ampara la lograda disidencia que guardó la familiaridad de unos
pocos, por la legendaria y versátil ocupación del desamparo, que
tras los años no dejó hacer mas que unas pocas enemistades y otras
tantos agresivos encuentros entregados a la amistad, ya que una vez
hecho el primer comentario que sonó a risas entre los comedidos, la
cara de espanto que guardó el pobre muchacho ante semejante
barbaridad, el mero sentido de la dignidad tirada por los suelos le
dejó perplejo, y mucho mas aún cuando después de las risas
vinieron los insultos y el desprecio. Con el tiempo esas burlas se
hicieron mucho mas patentes entre los supuestos amigos y con el
preciado tiempo por delante, abrupto por no poder decidir en que
bando estar ya que uno eran los que allegados decían serlo y el otro
la soledad amparada por el aislado destierro de su suerte, pues
entregados a la vida entre compañeros, otros hacían el desvelo de
lo fortuito que en ocasiones marcaba el tiempo, hasta perpetrar un
pasado arruinado por un presente dañado entre sus quehaceres y por
un futuro obscuro abocado por el sutil aroma de la incertidumbre.
Entre los peñascos que tubo que tirar al desfiladero antes de caer
fue el peso de ese pasado que le llevaba todo el tiempo ordenar, para
darse cuenta de que solo era eso, peso que debía de quitarse de
encima para dar sentido a la dignidad, a la poca dignidad que le
dejaban tener, pues todo lo que hacía estaba mal y peor aun si
intentaba arreglarlo, ya que se habían empeñado en hacer daño a un
personaje que débil solo podía hacerse fuerte con el mesurado
tiempo que le restaba a la meditación, pues entre carcajadas hechas
entre paredes que solo reunían a unos pocos para hacer las burlas
entre el techo que arropaba a los semejantes, la cordura se desató
hasta el punto en el que la maldad se hizo con ese pasado que en el
presente solo dio un golpe siniestro a la vida, cuando intentando
hacerse con los mando de su vida ajetreada los impulsos que volcaron
a la paciencia y al mismísimo Dios de su pedestal, los hirientes
solo reían mas y mucho mas cuando la voz se hacia con el tiempo,
voces que retumbaban entre esas paredes que bajo el mismo techo solo
podrían hacerse con el eco de los corazones que vibraban para hacer
un poco de esa maldad que guardaban entre sus comentarios. La pesada
piedra que debiera de tirar en el último momento decidió cargársela
a los hombros ya que por los abruptos comentarios decidían por el
hasta el punto que partió de sus bocas el mismo hecho de persuasión
obligada entre los que ya sabía de esa herramienta que le daba voces
a cambio de silencio y que aisladamente solo podía tragar la misma
sensación que le obligaba a estar encerrado en ese asilo familiar
que tenía como camino la desolación de ver como se tragaba el
tiempo a ese pobre muchacho, que aislado de la vida se quebró al
intentar cargar esa piedra enorme que debía de llevar en los hombros
el resto de su vida. Parecía cuento de piratas el que el pobre
muchacho tuviera que navegar solo entre tantos grumetes a bordo, en
una barcaza que le dio el capitán en forma de habitación y de la
cual, si salía, los tiburones que acechaban acabarían comiéndoselo,
ya que los grumetes estaban al quite para darle golpes nada mas sea
visible a los ojos del barco pirata: la habitación grande que reunía
a muchos y de los cuales ninguno simpatizaba con el pobre muchacho
que guardaba temeroso encontrarse con alguien de a bordo en los
pasillos. Su temeridad creció al igual que su corazón, que guardo
mucho tiempo la paciencia necesaria para no dejarse atrapar por las
redes de semejantes hijos de mala madre, ya que le hacían sufrir con
comentarios del pasado y construían entre sus palabras
malquesonantes aberraciones para que en un futuro, como en una
historia de miedo, el atajara con su vida, hasta el punto de querer
quitarlo de el medio, de eliminarlo, de borrarlo del planeta para que
entre los que guardaban el barco pirata pudieran decir que el grumete
ya no está atado al cabo que mecía la barca en la que descansaba.
Todos sabían que hacían mal, que estaba muy mal que ellos desearan
ese tipo de cosas, incluso a los que llegaban nuevo y oían la
historia de terror que tenían construida, ser repelían de volver a
encontrarse en semejante situación pero la fuerza de la costumbre
volvía e incidía entre los que presuntamente no querían saber del
tema, hasta el punto de acostumbrarse a semejantes villanos haciendo
de un pobre e indefenso muchacho, un espacio en el que nunca debió
de existir, pues quien propuso una idea al principio para hacer unas
risas, acabo en un desprecio a quien por naturaleza era bueno y
sensato, pero que los intereses del poder acabar con semejante
desprecio, solo fuera el principio de un hombre que nunca tendrá
corazón pues vendido al diablo, una vez, lo cambio por poder tener
poder sobre los demás. Eso lo tendría en cuenta quien hizo su
sortilegio que engañándolo solo le daría disgustos y un problema
extra, pues desempeñar semejante labor entre los que decía querer,
se vino a casar con una mujer que también había vendido algo al
diablo y no era su corazón sino su alma. Esas almas que viven entre
la miseria el y desprecio solo se merecen perder lo que tienen para
recuperar algo de amor si les cabe en el corazón, en vez de lapidar
con todo el peso de las piedras que tenia ese pobre muchacho en la
espalada, que una vez tiradas al precipicio y olvidad su carga no
arremetieron, pues en la vida hay que saber olvidar y perdonar aunque
cueste vender el espíritu al servicio de la Divinidad.
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