lunes, 12 de diciembre de 2016

Por las risas de un pasado.

Perdido en la sombra que emerge de un aislado encierro, encierro fortuito de la vida que ampara la lograda disidencia que guardó la familiaridad de unos pocos, por la legendaria y versátil ocupación del desamparo, que tras los años no dejó hacer mas que unas pocas enemistades y otras tantos agresivos encuentros entregados a la amistad, ya que una vez hecho el primer comentario que sonó a risas entre los comedidos, la cara de espanto que guardó el pobre muchacho ante semejante barbaridad, el mero sentido de la dignidad tirada por los suelos le dejó perplejo, y mucho mas aún cuando después de las risas vinieron los insultos y el desprecio. Con el tiempo esas burlas se hicieron mucho mas patentes entre los supuestos amigos y con el preciado tiempo por delante, abrupto por no poder decidir en que bando estar ya que uno eran los que allegados decían serlo y el otro la soledad amparada por el aislado destierro de su suerte, pues entregados a la vida entre compañeros, otros hacían el desvelo de lo fortuito que en ocasiones marcaba el tiempo, hasta perpetrar un pasado arruinado por un presente dañado entre sus quehaceres y por un futuro obscuro abocado por el sutil aroma de la incertidumbre. Entre los peñascos que tubo que tirar al desfiladero antes de caer fue el peso de ese pasado que le llevaba todo el tiempo ordenar, para darse cuenta de que solo era eso, peso que debía de quitarse de encima para dar sentido a la dignidad, a la poca dignidad que le dejaban tener, pues todo lo que hacía estaba mal y peor aun si intentaba arreglarlo, ya que se habían empeñado en hacer daño a un personaje que débil solo podía hacerse fuerte con el mesurado tiempo que le restaba a la meditación, pues entre carcajadas hechas entre paredes que solo reunían a unos pocos para hacer las burlas entre el techo que arropaba a los semejantes, la cordura se desató hasta el punto en el que la maldad se hizo con ese pasado que en el presente solo dio un golpe siniestro a la vida, cuando intentando hacerse con los mando de su vida ajetreada los impulsos que volcaron a la paciencia y al mismísimo Dios de su pedestal, los hirientes solo reían mas y mucho mas cuando la voz se hacia con el tiempo, voces que retumbaban entre esas paredes que bajo el mismo techo solo podrían hacerse con el eco de los corazones que vibraban para hacer un poco de esa maldad que guardaban entre sus comentarios. La pesada piedra que debiera de tirar en el último momento decidió cargársela a los hombros ya que por los abruptos comentarios decidían por el hasta el punto que partió de sus bocas el mismo hecho de persuasión obligada entre los que ya sabía de esa herramienta que le daba voces a cambio de silencio y que aisladamente solo podía tragar la misma sensación que le obligaba a estar encerrado en ese asilo familiar que tenía como camino la desolación de ver como se tragaba el tiempo a ese pobre muchacho, que aislado de la vida se quebró al intentar cargar esa piedra enorme que debía de llevar en los hombros el resto de su vida. Parecía cuento de piratas el que el pobre muchacho tuviera que navegar solo entre tantos grumetes a bordo, en una barcaza que le dio el capitán en forma de habitación y de la cual, si salía, los tiburones que acechaban acabarían comiéndoselo, ya que los grumetes estaban al quite para darle golpes nada mas sea visible a los ojos del barco pirata: la habitación grande que reunía a muchos y de los cuales ninguno simpatizaba con el pobre muchacho que guardaba temeroso encontrarse con alguien de a bordo en los pasillos. Su temeridad creció al igual que su corazón, que guardo mucho tiempo la paciencia necesaria para no dejarse atrapar por las redes de semejantes hijos de mala madre, ya que le hacían sufrir con comentarios del pasado y construían entre sus palabras malquesonantes aberraciones para que en un futuro, como en una historia de miedo, el atajara con su vida, hasta el punto de querer quitarlo de el medio, de eliminarlo, de borrarlo del planeta para que entre los que guardaban el barco pirata pudieran decir que el grumete ya no está atado al cabo que mecía la barca en la que descansaba. Todos sabían que hacían mal, que estaba muy mal que ellos desearan ese tipo de cosas, incluso a los que llegaban nuevo y oían la historia de terror que tenían construida, ser repelían de volver a encontrarse en semejante situación pero la fuerza de la costumbre volvía e incidía entre los que presuntamente no querían saber del tema, hasta el punto de acostumbrarse a semejantes villanos haciendo de un pobre e indefenso muchacho, un espacio en el que nunca debió de existir, pues quien propuso una idea al principio para hacer unas risas, acabo en un desprecio a quien por naturaleza era bueno y sensato, pero que los intereses del poder acabar con semejante desprecio, solo fuera el principio de un hombre que nunca tendrá corazón pues vendido al diablo, una vez, lo cambio por poder tener poder sobre los demás. Eso lo tendría en cuenta quien hizo su sortilegio que engañándolo solo le daría disgustos y un problema extra, pues desempeñar semejante labor entre los que decía querer, se vino a casar con una mujer que también había vendido algo al diablo y no era su corazón sino su alma. Esas almas que viven entre la miseria el y desprecio solo se merecen perder lo que tienen para recuperar algo de amor si les cabe en el corazón, en vez de lapidar con todo el peso de las piedras que tenia ese pobre muchacho en la espalada, que una vez tiradas al precipicio y olvidad su carga no arremetieron, pues en la vida hay que saber olvidar y perdonar aunque cueste vender el espíritu al servicio de la Divinidad.

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