La intransigencia que
provoca verse envuelto en adinerados poderes que desvelan el sustento
de actitudes corrosivas como las dependencias adictivas, como el
juego que parte de una mesa para que entre cartas ganemos o perdamos,
desvela que la fragilidad humana es cosa de verse obsesionado por
algo o por alguien, hasta memorar y sufragar los cuartos que quedan
entre las vasijas de oro, puesto que el que mas tiene puede tener y
mas puede gastar, ya que así es parte de la vida, sabiendo que no se
necesita mucho para vivir, pero para mantener esas actitudes que nos
develan y nos hacen buscar entre la piedras hasta encontrar lo
innombrable, la vida se nos hace mejor para aquellos que saben bien
lo que tienen, sin necesidad de rebuscar entre los pajares para sacar
mas grano. Los que se hacen a la medida del lujo y despiertan al
diablo que mece las adicciones, tendrán mucho que hacer durante el
día, pues tendrán que pensar cómo lograr más y más dinero para
que luego, entre las noches que están hechas para dormir, sean los
reyes de una sala o de una barra americana, pues tener mas incita a
ser despechados con el que solo tiene un real y si hablamos de
ebriedad ya solo queda aguantar a quien presume de tener lo
inmemorable. Todos merecemos vivir y el nivel de vida de cada uno es
parte de este juego que nos toca vivir, siendo afortunados el que
menos necesita y siendo abrumador e intolerante el que derrocha a
mansalva, pues entre las condiciones que nos hacen en este mudo
personas no se mide con el dinero, ni con tanto vales tanto tienes.
Si miramos a los ojos de quienes tienen una sonrisa desde la mañana
para hacerse valer y un trabajo que le hace existir, los que se
sientan en sus cómodos sillones y contemplan lo que los ojos solo
pueden ver en pensamientos, los que se van del sofá a la barra a
tomar y luego a pasear en sus lujosos coches, los que se sientan en
un lugar reservado desde el mediodía y compran una botella de vino
en el mejor de los restaurantes para comer los mejores mariscos de la
mar, los que se hacen a si mismos promesas de que bajaran el
colesterol con una pastillita y no cuidan sus adicciones- que pueden
ser muchas- serán personas que se llevaran junto con la mortaja un
montón de cosas buenas vivida sin mirar alrededor mientras tienen la
cabeza bien alta y estirada, con sus relojes de rubíes y corbatas de
seda, a la vez que no saben que hora es o de que color se la a
puesto, pues entre los hombres y mujeres adinerados, la mejor de las
sonrisas es a la vez que están poniéndote otra cara cuando te das la
vuelta, ya que esa adicción a la vida lujosa solo se consigue
después de tener suerte o de haber heredado el poder y la gloria de
quienes trabajaron para conseguirlo, y aún así el talento de tener
entre los pensamientos una sola palabra de agradecimiento se pierde y
se merma con los años que te hacen jugar y gastar sin promesas ya
que el pudiente entre las personas siempre quiere mas y mas. La vida
nos hace que seamos personas y a lo largo de esos maravillosos años
que pasamos educándonos somos el reflejo de lo que vemos alrededor,
y nos hacemos a la idea de lo que hay que hacer, si sentarse en una
mesa de juego y apostar a lo grande o dedicarte a trabajar en algo
para que esas horas en las que estamos sentados solo sea un rato en
la tarde para la hora de la siesta, suponiendo que entre los
educandos y profesores haya sentido común, pues entre la vida que
queremos sin consciencia no es vida y heredamos también esa manera
de educar hasta que alguien con sentido común nos hace ver que hay
muchas cosas que deberíamos hacer en esta vida en vez de dejarla
ociosa, ya que entre los que aprendemos de nuestros padres, otros
aprenden de sus hermanos, tíos y tías, abuelos y abuelas, primos y
primas, hasta personas que se encargan de educar. Hasta que no se
conozca en la vida alguien capaz de hacernos ver que los vicios solo
cargan la vanidad, la falta de respeto y violencia, hasta que no nos
tropecemos con alguien que nos haga ver el valor de la vida en todos
sus sentidos, hasta que no venga alguien o aparezca y nos haga
entender que el dinero solo es la parte de la apariencia del poder,
cuando alguien nos haga entender que somos parte de un diván en el
que recostados contamos todo lo que nos gusta gastar en vez de
invertir, cuando esa persona tenga que reconocer que ha estudiado
para hacerte entender que el consumismo no es lo mismo que adicción,
cuando esa persona tenga que indagar en tu vida y hacerte entender en
lo que estabas equivocado para reeducarte e intentar hacerte mejor
persona, cuando esa persona te diga lo que está bien o está mal,
cuando es misma persona tenga que ser confidente de tus deseos y
acciones, cuando gastabas en vicios que harían un motón de cosas
buenas si se hubiese desviado ese dinero en cosas mas gratas y
solidarias, solo entonces te darás cuenta de lo poco que vales.
Incluso en cuestiones propias como tener más para poder tener mucho
más, pero claro, ahí esta la cuestión, que nos merecemos el vivir
lo mejor que podamos y podemos darnos cuenta de lo que hacemos, pero
nadie mira al otro y contempla su vida, ya que nos ensimismamos en
nuestro poder y hacemos de él el mejor sitio para estar, sin
importarnos las guerras o los desastres naturales, sin importarnos la
vida ajena a la que solo estamos acostumbrados a ver, que no es otra
que la propia costumbre heredada desde que nacemos, creciendo y
viendo todo lo que hay alrededor, siendo importante para nosotros el
ejemplo, y así, en esa mezquindad que nos da la vida y que nos
arrebata cada momento que no sabemos vivir, es la manera en la que
vemos que cada uno tendrá su felicidad, si cree conveniente que en
cada instante que saboreamos de la mejor forma es lo adecuado para
cada ejemplo, siendo tantos y tan diversos que tendríamos que dar
una clase entera, un curso o quizás una carrera para darnos cuenta
que hay que vivir y la manera que elijamos o la manera que nos dejan
hacer, siendo cuestión de poder mirar hacia el frente y tener de
acuerdo con nosotros mismo, la condición de ser persona.
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