lunes, 2 de enero de 2017

El precio adulterado de la vida.

La intransigencia que provoca verse envuelto en adinerados poderes que desvelan el sustento de actitudes corrosivas como las dependencias adictivas, como el juego que parte de una mesa para que entre cartas ganemos o perdamos, desvela que la fragilidad humana es cosa de verse obsesionado por algo o por alguien, hasta memorar y sufragar los cuartos que quedan entre las vasijas de oro, puesto que el que mas tiene puede tener y mas puede gastar, ya que así es parte de la vida, sabiendo que no se necesita mucho para vivir, pero para mantener esas actitudes que nos develan y nos hacen buscar entre la piedras hasta encontrar lo innombrable, la vida se nos hace mejor para aquellos que saben bien lo que tienen, sin necesidad de rebuscar entre los pajares para sacar mas grano. Los que se hacen a la medida del lujo y despiertan al diablo que mece las adicciones, tendrán mucho que hacer durante el día, pues tendrán que pensar cómo lograr más y más dinero para que luego, entre las noches que están hechas para dormir, sean los reyes de una sala o de una barra americana, pues tener mas incita a ser despechados con el que solo tiene un real y si hablamos de ebriedad ya solo queda aguantar a quien presume de tener lo inmemorable. Todos merecemos vivir y el nivel de vida de cada uno es parte de este juego que nos toca vivir, siendo afortunados el que menos necesita y siendo abrumador e intolerante el que derrocha a mansalva, pues entre las condiciones que nos hacen en este mudo personas no se mide con el dinero, ni con tanto vales tanto tienes. Si miramos a los ojos de quienes tienen una sonrisa desde la mañana para hacerse valer y un trabajo que le hace existir, los que se sientan en sus cómodos sillones y contemplan lo que los ojos solo pueden ver en pensamientos, los que se van del sofá a la barra a tomar y luego a pasear en sus lujosos coches, los que se sientan en un lugar reservado desde el mediodía y compran una botella de vino en el mejor de los restaurantes para comer los mejores mariscos de la mar, los que se hacen a si mismos promesas de que bajaran el colesterol con una pastillita y no cuidan sus adicciones- que pueden ser muchas- serán personas que se llevaran junto con la mortaja un montón de cosas buenas vivida sin mirar alrededor mientras tienen la cabeza bien alta y estirada, con sus relojes de rubíes y corbatas de seda, a la vez que no saben que hora es o de que color se la a puesto, pues entre los hombres y mujeres adinerados, la mejor de las sonrisas es a la vez que están poniéndote otra cara cuando te das la vuelta, ya que esa adicción a la vida lujosa solo se consigue después de tener suerte o de haber heredado el poder y la gloria de quienes trabajaron para conseguirlo, y aún así el talento de tener entre los pensamientos una sola palabra de agradecimiento se pierde y se merma con los años que te hacen jugar y gastar sin promesas ya que el pudiente entre las personas siempre quiere mas y mas. La vida nos hace que seamos personas y a lo largo de esos maravillosos años que pasamos educándonos somos el reflejo de lo que vemos alrededor, y nos hacemos a la idea de lo que hay que hacer, si sentarse en una mesa de juego y apostar a lo grande o dedicarte a trabajar en algo para que esas horas en las que estamos sentados solo sea un rato en la tarde para la hora de la siesta, suponiendo que entre los educandos y profesores haya sentido común, pues entre la vida que queremos sin consciencia no es vida y heredamos también esa manera de educar hasta que alguien con sentido común nos hace ver que hay muchas cosas que deberíamos hacer en esta vida en vez de dejarla ociosa, ya que entre los que aprendemos de nuestros padres, otros aprenden de sus hermanos, tíos y tías, abuelos y abuelas, primos y primas, hasta personas que se encargan de educar. Hasta que no se conozca en la vida alguien capaz de hacernos ver que los vicios solo cargan la vanidad, la falta de respeto y violencia, hasta que no nos tropecemos con alguien que nos haga ver el valor de la vida en todos sus sentidos, hasta que no venga alguien o aparezca y nos haga entender que el dinero solo es la parte de la apariencia del poder, cuando alguien nos haga entender que somos parte de un diván en el que recostados contamos todo lo que nos gusta gastar en vez de invertir, cuando esa persona tenga que reconocer que ha estudiado para hacerte entender que el consumismo no es lo mismo que adicción, cuando esa persona tenga que indagar en tu vida y hacerte entender en lo que estabas equivocado para reeducarte e intentar hacerte mejor persona, cuando esa persona te diga lo que está bien o está mal, cuando es misma persona tenga que ser confidente de tus deseos y acciones, cuando gastabas en vicios que harían un motón de cosas buenas si se hubiese desviado ese dinero en cosas mas gratas y solidarias, solo entonces te darás cuenta de lo poco que vales. Incluso en cuestiones propias como tener más para poder tener mucho más, pero claro, ahí esta la cuestión, que nos merecemos el vivir lo mejor que podamos y podemos darnos cuenta de lo que hacemos, pero nadie mira al otro y contempla su vida, ya que nos ensimismamos en nuestro poder y hacemos de él el mejor sitio para estar, sin importarnos las guerras o los desastres naturales, sin importarnos la vida ajena a la que solo estamos acostumbrados a ver, que no es otra que la propia costumbre heredada desde que nacemos, creciendo y viendo todo lo que hay alrededor, siendo importante para nosotros el ejemplo, y así, en esa mezquindad que nos da la vida y que nos arrebata cada momento que no sabemos vivir, es la manera en la que vemos que cada uno tendrá su felicidad, si cree conveniente que en cada instante que saboreamos de la mejor forma es lo adecuado para cada ejemplo, siendo tantos y tan diversos que tendríamos que dar una clase entera, un curso o quizás una carrera para darnos cuenta que hay que vivir y la manera que elijamos o la manera que nos dejan hacer, siendo cuestión de poder mirar hacia el frente y tener de acuerdo con nosotros mismo, la condición de ser persona.

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