El
apesadumbrado bienestar que vive de nostalgias hace que el estar
existiendo pese mas que solo un desgastado bien vivir que nos da la
vuelta desde el principio hasta el fin de cada pensamiento,
desvarando una y otra vez los haces de luz que contemplan la dignidad
del ser humano. Cada segundo que se pasa agonizando por el pasado,
cada vez que se hace posible entender que lo causa o cada vez que
pensamos que es lo propio de estar contemplativo, da un estado en el
que viajar en ese pasado no arreglar nada, dejando cada vez que la
propia inercia vuelva ha recordar. Cada vez que la propia voz que
emana del infinito susurre que eres capaz, sera la chispa que
recuerde tu esencia, la propia voz que hablará de lo que eres capaz,
de un pasado en el que envuelto en tragedias nos desvelamos a el
amparo de los gratos caminos que hacemos cada día, sin entumecer los
huesos con la frialdad de la humedad que estorba entre los rincones
ya que en esos caminos, la luz que emerge cada día nos dará ese
espacio que vemos tan cerca, lejos de nosotros mismos y con la
desesperación del tiempo que va dejando que pase ese momento en el
que reaccionas hacia un desconocido sueño que empuja quienes no
quieres y quienes hacen que todo sea posible, sin contar contigo,
dejando que ese momento en el que decides plantear una lágrima a la
desconsolada vida nos devuelva un grato favor, para que en ese
rellano de incertidumbres, las inconsciencias sean solo para quienes
quieren oírlas, dejando que ese bienestar sea tan solo el principio
de la propia lealtad que nos debemos a la ilusión de los años que
nos enseñan, de los vuelcos de la vida en los que festejamos la
creíble madurez de estos momentos, sin caer en el rellano de la
inconsciencia otra vez por parte de quienes fueron partícipes de
esas congregaciones que fueron haciendo mella en la propia inmadurez,
hasta ver que entre los esclavos de la discordia solo depende caer
entre uno de ellos para que ese caos rompa la buenaventura de los que
vamos caminando, hacia un sendero en el que compartir los lados de su
sombra sea la propia quietud que despoja el velo de un nuevo día
para encontrar lo justo y deseado, por hacer posible que la
tranquilidad de ver a salvo un nuevo amanecer sea lo que entregamos a
esos centelleantes puntos blanco que tenemos entre un pensamiento y
otro, dándonos el mejor resultado para que cada pensamiento sea
único, y con el valor de otros tantos conseguir que la inercia de la
vida nos devuelva ese llanto que apagamos con lentitud antes de caer
rendido en alegrías que después nos hicieron fuertes. Ya que
dejarse llevar a un sinsentido obligado, donde cada interés corre
por parte de quien premedita constantemente en alcanzar ese
condicionamiento recurrente en el pasado y vuelto a entregar a un
futuro sin mejorarlo, un recuerdo que habita en una consciencia
desmesurada por la gratitud y amparada por el inciso de sus
reacciones cuando esa luz nos permite ver que hay detrás de cada
segundo, de cada milésima o de cada vez que nos embriagamos y
decidimos que es lo mejor, sin acordarte de lo que eso significa,
para dar la vuelta a las satisfacciones de la vida en un pequeño
consejo que dio una chispa de la propia esencia que nos envuelve sea
acorde al principio de gravedad natural que nos impulsa en ese viaje
hacia lo desconocido, en donde cada rellano de inconsciencias creará
un mundo paralelo para ver que hay detrás de lo bueno, cuando en
realidad solo queremos mirar y ver plenitud cuando estamos aislados,
por dejar entrever lo sensato y dispersar la credulidad nula de un
mundo mejor, en el que la cordura falta y el entendimiento nos
desvela que poco a poco nos vamos haciendo al entorno, hasta poner tu
sinceridad entredicha por la nostalgia de perder un recuerdo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario