La incondicional lealtad
a uno mismo, mella en las decisiones que perpetramos en nuestro
inconsciente, pues desleal o no, la fuerza que emana del
subconsciente, entre las palabras y acciones que hemos de dar
sentido, la única verdad que tiñe de colores la realidad es ese
hilo rojo que traspasamos a través del espejo que nos mira pidiendo
comprensión. Antes de enhebrar la aguja con seda, queda el valor del
esparto cuando la calidad del preciado pensamiento no rige en esas
consciencias que colectivamente han regido un punto en común,
desapegándose de esa inercia que hace posible entenderlo, pues con
un soslayo encuentra la palabra correcta, pero un pensamiento fugaz
que intente invadir en contra de la intuición que refleja la
realidad, difiere de ese sentido común que antes o después iba de
la mano del entendimiento. La verdad que envuelve el pensamiento,
cuando en los sueños desvelamos su significado, nos deja ver que hay
en el entramado de las proyecciones que nuestro subconsciente nos
regala con cada virtualización que hacemos sin darnos cuenta, pero
que en el fondo, su intrínseco revoloteo de ideas manifestándose a
través de las imágenes que trafican con sentimientos y emociones,
dan para estar bien cuerdo, haciendo depender del colectivo para
entramar los resultados de ese significado que le damos desde un
punto de vista hasta el otro sentido digno de cordura, aunque
entregado a los sueños, nos demos cuenta de su valor hasta pensar
qué es posible recordar de entre unos y otros o qué es posible
encontrar cuando sin querer los sueños se vuelven pesadilla. Aun
así, la realidad que hacemos posible con cada palabra y con cada
pensamiento, es diferente en cada cual, representando el indicio de
un camino que seguir o complaciendo el recorrido que llevamos entre
el punto de partida de un hecho y el digno estar en el camino que
llevamos por dentro, por nuestra psique y ondas colectivas, que dando
incapié a las decisiones tomadas a mano alzada infiere en el
transcurso de esos que prefieren codiciar al entendimiento que
manifestar un acuerdo entre mandatarios del placido sueño que
envuelve el día con su noche. Cada forma de pensar hace única la
tradición que hemos de seguir pero el que no sabe estar en el
momento presente, con los que en ese momento predicen para lograr ese
entendimiento futuro, que mella entre lo cuerdo y la fantasía,
propaga un rayo de incertidumbre entre los que apaciguan con halos de
desesperación la frontera de ese hilo de seda, que antes de quedar
en desacuerdo, fundamenta al principio del logro antes de asumir la
calidad de vida o la calidad de hermandad que sufragan las decisiones
posibles antes de dar sentido al acometer la dicha con un inesperado
contratiempo a corto plazo, ya que lograr a todo largo plazo un
acuerdo común entre los que prefieren donar vida a los que necesitan
robarla, da entre los trompicones del desacuerdo mutuo que hilvana
dos prendas distintas como pensamientos entre si, dando como
resultado un acuerdo dividido por las mismas prisas que da recorrer
todos los pensamientos en un solo segundo y ver con claridad que ese
inconsciente es el hálito que mueve la intuición, aunque veces sean
quienes no quieren regirse por esos codiciosos y deshonestos
principios, para ver si en el transcurso de la necesidad que nos hace
humanos, una decisión que particularice ese sentido digno de
honradez para enmendar las situaciones difíciles que nos hacen ver
la crisis particular en un encuentro con la dignidad que nos ha de
dar satisfacciones. Una vez conseguido el pensamiento al unísono de
un acuerdo mutuo en compañía de la certidumbre, mueve mas tiempo
prestado que el robado por las innecesarias cautelas que privan de
seguridad al humano que pretende pensar en positivo y adecuados los
modos por los que luchar, hacer de las palabras una posible conexión
de dialogo en vez de ruptura inadecuada por los valores que ciernen
las propias palabras, de boca en boca y de discurso en discurso, sin
apoyar mas que a la gloria de sentir el hondo hueco que cae cuando
aun no nos hemos levantado, insistiendo en repercutir sobre el
mandato de la acción que llevan a cabo unos pocos por la verdadera
decisión que mueve honradez y humildad antes del nefasto acuerdo que
vela por la corrupción propia e indebida de quienes mueven la
condición humana a la salvaje y brutal connotación de guerras y
disputas. Ser cruel no vale la pena, ser rencoroso ahoga el alma, ser
codicioso rompe el saco, ser inexpugnable forma un muro que has de
saltar tu mismo, ser adecuado no adecua mas que unos principios y ser
fiel no lleva mas que a ser uno mismo con la integridad propia de
esos principios que nos envuelven entre lo real y lo verdadero que
tiene ser uno mismo.
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