martes, 20 de enero de 2015

EL INICIO DE UN REENCUENTRO AFORTUNADO.


Una persona hace posible su entrega a la vida, a la dicha, al encuentro, pues habitamos en un mundo en el que las promesas son el principio de una verdad, hasta que en el camino de regreso al entusiasmo, se pierda la dignidad, la humildad y la entrega, que nos hace fuerte cuando sabemos quién hace posible entendernos, pues entre todos los que hacemos una posibilidad de los encuentros deseados o de los encuentros fortuitos, la propia humanidad encuentra a los que dejan de buscar su sentido a la razón humana, pues entre los que racionalizan hacia una verbalización sin realidad, los que van hacia un pensamiento con ideas preconcebidas de la razón con un acierto de probabilidades numéricas, o los que van hacia un sueño que invita a revolver en las entrañas para sacar un poco ese miedo que no tendríamos si la seguridad de tener un sueño placentero con la inercia concevida de la vida, da un sentido en  las emociones para hacer posible cada encuentro con los que necesitamos, o cada  sensación de paz en cada uno de esos momentos. Los que van hacia ese recuerdo del que emanó de una vida truncada por el celo propio de la envidia y el egoismo, encuentran más de una sola razón para encender un fuego y entregarle la propia insistencia a las capacidades humanas, y merodear por los caminos del tiempo para regodear en la ira que provoca las inusuales palabras, cuando los empeños en dar sentido a las emociones ingratas nos revelan que las capacidades humanas como el perdón y la entrega, nos racionalizan mucho mas para comprender quién posibilita la armonía entre los que quieren superar sus miedos y sus inseguridades. Cuando una persona hace posible que el perdón en la vida sea el ejemplo para entender que hacer daño es una cuestión salvaje propia de animales de otras especies y propia de seres que pelean por un interes de la propia raza, cuando una persona entiende por qué ese perdón es la causa, de que en 28.000 años la humanidad no encuentre otra cosa qué saber de esa razón, de esa otra cosa que nos da una emoción contenida por la impotencia y la rábia de no comprender su propia inercia en las entregas diarias de la convivencia, en comprender que la razón principal en decir que la valentia consta por mirar al otro y decirle por encima del hombro que esa manera de actuar es fundamentada y principalmente regida por un dios que solo sabe beber y cantar, dormir y retozar, y cuando una persona digna de entender qué ha pasado con una actitud evitable por el ejemplo, saber qué posibilita a una piedra Filosofal para dar ese ejemplo de comprensión y razonamiento emocional, alentará a muchos y a otros tantos sobre la posibilidad de mirar a los ojos y ver que hay detras de ellos. El alma entrega a muchos la sensación de paz cuando duele, a otros les da por arder en llamas cuando esa paz falta y no la encuentra, a otros les da por ver el alma como un sitio en el que habíta la dignidad humana, a otros, ver en el alma no siginifica nada, pues todo está en la mente, pero para muchos, ver en el alma es ir a favor de una inercia constituida por ese ejemplo que nos lleva lejos, que nos hace persona, que nos construye a cada rato para dar un gran paso en un pequeño momento, en el alma de todos y cada uno de los sentidos que hicieron posible entender, comprender, saber de la propia vida cuando en ese camino nos cruzamos para recoger un trozo de tiempo, y entregarlo con calma, con decisión, con humildad, con esperanza y sobre todo, con la mano en el corazón para que el deseo mas puro de la vida nos devuelva esa razón, pero mil veces envuelta en el amor de la vida. Llevar a los sueños un trozo de esperanza, es mirar a la luna y contemplar su tiempo, su espacio, su eternidad constante en cada uno de nosotros, pero solo es una, una luna que pudiera hacer de hermana de la tierra, antes de llegar desde los deseos, lejos, a un lugar que entregará la dignidad de ser persona, la inocencia de ser como un niño, la seguridad de ser valiente y reconocer qué es perdonar, la responsabilidad y disciplina de dar a entender qué es el gozo a la vez de la dicha y paz de los hombres que aman con el corazón, mirando al pasado del que aprendemos y el cual nos enseña a comprender, y en el que todos y cada uno de los que hacen posible la entrega a la valentia del perdón y  no ser egoístas con el propio engaño para dignificar un presente y hacer posible un futuro que nos permita evolucionar aun mas que ahora, es dar un trozo de tiempo al universo para entregar una vida entera a la sabiduria de la paciencia y la contemplación. Una persona que entienda quién hace posible que los encuentros sean fortuitos o no, una persona que comprenda por qué hacemos unas cosas y otras no, que actua para dar ejemplo cuando el entorno se hace fuerte con el entendimiento hacia el objetivo del crecimiento y desarrollo colectivo, cuando una persona entiende que todo lo que nos presta la vida está alrededor de nosotros mismos y lo que tenemos que hacer es mejorar ese entorno en nosotros  y un poco en los demás, cuando sin querer nos encontramos con una vida truncada en el deseo de crecer y vivir, por causas que en la vida normal, solo entenderíamos si en vez de dos razones para decir que no buscamos una sola para dar sentido y entender que es posible preguntar de otra manera, cada uno de nosotros entendería si entregar una piedra para lanzarla lejos es igual que dejarla en el suelo. En el mismo sitio al que pertenece, el fuego que destruye todo lo malo, quema todo lo que no necesitamos para crear un habitad mejor de calor y confort, o derrite casi todo lo que hay en un trozo de vida cuando prestamos ese candor a fulgor de unas llamas vivas, cuando el trozo de ilusión que desprendemos de la razón para apoderarnos de la entrega a la calma por una justificada emoción de dignidad, el concepto de entendernos como personas depende de si ese fuego abrasa, quema o simplemente entivia la razón humana, cuando hacemos posible y con tranquilidad, una justa y entera posibilidad en el amor que procesamos por los demas. Sentarse y mirar a los ojos para ver que ocurre cuando el salvajismo desaparece y nos proporciona dignidad, sentarse y mirar al cielo y a la tierra, nos hace fuertes al contemplar el universo, pero no miramos al de al lado que hace maldad ni opresión por querer hacerse fuerte, pues es de cobarde pegar con la falta injustificada del odio, del rencor, de la ambición y de la deslealtad hacia uno mismo, pues toda la maldad que hacen los que no entienden que nos posibilita a encontrar un lugar mejor, al proponer al fuerte su realidad, y al hacer entender al fuerte su cobardia, o hacer entender al fuerte su error, que no es otro que la propia educación que recibimos de nuestro entorno, lo que cogemos de alrededor y digerimos o lo que buscamos en los demás que puede que necesitemos de verdad sin hacernos falta.

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