martes, 20 de enero de 2015

LAS ALMAS QUE ESCUCHARON EN TU SER.




Cuando dos amigos cuentan su historia, cada uno ve la capacidad del otro para poder superar su momento de frustración, entregados a la amistad, pero veces, el compartir la misma decisión cuesta, pues para llegar a entender en una frase que se puede leer dos veces y  que se puede comprender de otra manera el mismo contenido, una sola razón a la misma amistad, une mucho mas que cualquier motivo por la que deshacerla. Un amigo llega y sabe que hacer en un momento de inercia con la vida, pues sabe qué quiere y qué necesita. Cuando llegan tres amigos y ven que no pueden con lo que necesitan y quieren saber por qué otros tienen lo que buscan, encuentran. Cuando una mujer tiene que encontar su propio sentido, en un lugar muy cerca del corazón y que tiene muy proximo en su amor, en su entrega a la soledad y a la comprensión de su necesidad humana de razonamiento, en la que su busqueda de la capacidad  de entrega al silencio, una decisión incorrecta en un momento inoportuno, aviva su prestado encanto hermoso para llevarla lejos, donde une a la otra amistad que surge de un imprevisto y necesario encuentro, de una experiencia motivada por ese encanto sutíl que aviva la conciencia cuando desespera la razón. Sin motivo alguno recurre a la búsqueda de enfrentarse a los miedos que emergen de la dualidad espiritual, apegada al ser que no vemos enfrente del espejo, o a la busqueda del reflejo que emerge de la vida cuando sentimos el alma de otras vidas en el mismo centro de la mente y no tienen ese pequeño instante por el que seguir, o la busqueda de la ilusión prestada a cambio en dos instantes efímeros, que vuelan en la propia mente, para entender que és necesario cambiar el rumbo de una decisión pues en su vida ha de lograr mucho más que dos pequeñas indecisiones, ya que se logra y se entiende con la propia razón humana de la existencia. Si pasamos  los límites de la soledad y caémos al vacío, dejar una sola razón para tener ese motivo en un poco del encanto que nos deja la amistad, es cuando enfrente de la vida tenemos un poco de ti en mi  y todo mi ser en tus manos, o cuando tenemos un poco de amistad y entendemos que las manos son el principio de la mágia que nos regala el cuerpo, o cuando entendemos que la amistad es el principio para entregar las manos abiertas en cada uno de los sentidos, y así ceñiremos la propia vida a esa amistad que nos regala el instante en el momento de encontrarnos, uno enfrente del otro para ver que hay detras de ese reflejo o para ver cada vez que sentimos la vida, alrededor nuestro, en  un universo repleto de estrellas y en un mar lleno de vida, en un cuerpo vivo y entregado a las decisiones y una vida entregada a la cara de la luna que nos ve llegar  antes de irnos, para siempre, antes de que vuelva al entender la propia sabiduria de los sentidos que todos prestan a esas decisiones, cuando la propia vida que entrega su particular sentimiento humano, su amor y entendimiento, su capacidad y  su solidaridad humana , crece en cada palabra y en cada instante en el que labró su escucha con la humildad del corazón, al latír con el frío y el calor de la vida, al sentir la esperanza como un camino al que llegar para verter una sola razón por la que prestar un momento más, la ilusión y al deseo de saber que siempre se es útil, cuando alguien te necesita, pues es la condición que nos repara cuando emprendemos el viaje de regreso, hacia algún lugar en algún sitio o hacia tú lugar, donde te espera el amigo que recuerda siempre tu nombre y lo lleva grabado en el pecho con letras de luz de otro planeta, y del cual, en ese regreso, esa condición que une las vidas, esa realidad que emerge del entusiamo por la entrega, esa necesidad por seguir el camino hasta llegar a buen fin, esa bondad sincera de un momento eterno, será el candor y el fulgor para hacer posible una realidad compartida, para saber que todos sentimos lo mismo del otro, lo que queremos ver en el otro nos lo imaginamos, lo que queremos del otro se lo decimos, lo que queremos del otro se lo pedimos, lo que queremos de otros se lo solicitamos, hasta poder dar ese poco de ser uno mismo en otros o ese ser especial, que nos diferencia cuando respiramos el aire de una sincera y honesta reflexión, para entender al otro que nos regala cuando simplemente necesita dar sin mirar por qué, o en uno mismo, o en los dos que ven el reflejo del alma humana, buscando donde teminar el mejor momento, o buscando donde dejar todo lo que tenemos para poder ofrecer un poco de vida en ese mismo final, en ese mismo comienzo, en ese mismo isntante en el que dos vidas buscan hasta donde llegar y uno solo en la vida necesita ser escuchado.

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