La intransigencia que
provoca verse envuelto en adinerados poderes que desvelan el sustento
de actitudes corrosivas como las dependencias adictivas, como el
juego que parte de una mesa para que entre cartas ganemos o perdamos,
desvela que la fragilidad humana es cosa de verse obsesionado por
algo o por alguien, hasta memorar y sufragar los cuartos que quedan
entre las vasijas de oro, puesto que el que mas tiene puede tener y
mas puede gastar, ya que así es parte de la vida, sabiendo que no se
necesita mucho para vivir, pero para mantener esas actitudes que nos
develan y nos hacen buscar entre la piedras hasta encontrar lo
innombrable, la vida se nos hace mejor para aquellos que saben bien
lo que tienen, sin necesidad de rebuscar entre los pajares para sacar
mas grano. Los que se hacen a la medida del lujo y despiertan al
diablo que mece las adicciones, tendrán mucho que hacer durante el
día, pues tendrán que pensar cómo lograr más y más dinero para
que luego, entre las noches que están hechas para dormir, sean los
reyes de una sala o de una barra americana, pues tener mas incita a
ser despechados con el que solo tiene un real y si hablamos de
ebriedad ya solo queda aguantar a quien presume de tener lo
inmemorable. Todos merecemos vivir y el nivel de vida de cada uno es
parte de este juego que nos toca vivir, siendo afortunados el que
menos necesita y siendo abrumador e intolerante el que derrocha a
mansalva, pues entre las condiciones que nos hacen en este mudo
personas no se mide con el dinero, ni con tanto vales tanto tienes.
Si miramos a los ojos de quienes tienen una sonrisa desde la mañana
para hacerse valer y un trabajo que le hace existir, los que se
sientan en sus cómodos sillones y contemplan lo que los ojos solo
pueden ver en pensamientos, los que se van del sofá a la barra a
tomar y luego a pasear en sus lujosos coches, los que se sientan en
un lugar reservado desde el mediodía y compran una botella de vino
en el mejor de los restaurantes para comer los mejores mariscos de la
mar, los que se hacen a si mismos promesas de que bajaran el
colesterol con una pastillita y no cuidan sus adicciones- que pueden
ser muchas- serán personas que se llevaran junto con la mortaja un
montón de cosas buenas vivida sin mirar alrededor mientras tienen la
cabeza bien alta y estirada, con sus relojes de rubíes y corbatas de
seda, a la vez que no saben que hora es o de que color se la a
puesto, pues entre los hombres y mujeres adinerados, la mejor de las
sonrisas es a la vez que están poniéndote otra cara cuando te das la
vuelta, ya que esa adicción a la vida lujosa solo se consigue
después de tener suerte o de haber heredado el poder y la gloria de
quienes trabajaron para conseguirlo, y aún así el talento de tener
entre los pensamientos una sola palabra de agradecimiento se pierde y
se merma con los años que te hacen jugar y gastar sin promesas ya
que el pudiente entre las personas siempre quiere mas y mas. La vida
nos hace que seamos personas y a lo largo de esos maravillosos años
que pasamos educándonos somos el reflejo de lo que vemos alrededor,
y nos hacemos a la idea de lo que hay que hacer, si sentarse en una
mesa de juego y apostar a lo grande o dedicarte a trabajar en algo
para que esas horas en las que estamos sentados solo sea un rato en
la tarde para la hora de la siesta, suponiendo que entre los
educandos y profesores haya sentido común, pues entre la vida que
queremos sin consciencia no es vida y heredamos también esa manera
de educar hasta que alguien con sentido común nos hace ver que hay
muchas cosas que deberíamos hacer en esta vida en vez de dejarla
ociosa, ya que entre los que aprendemos de nuestros padres, otros
aprenden de sus hermanos, tíos y tías, abuelos y abuelas, primos y
primas, hasta personas que se encargan de educar. Hasta que no se
conozca en la vida alguien capaz de hacernos ver que los vicios solo
cargan la vanidad, la falta de respeto y violencia, hasta que no nos
tropecemos con alguien que nos haga ver el valor de la vida en todos
sus sentidos, hasta que no venga alguien o aparezca y nos haga
entender que el dinero solo es la parte de la apariencia del poder,
cuando alguien nos haga entender que somos parte de un diván en el
que recostados contamos todo lo que nos gusta gastar en vez de
invertir, cuando esa persona tenga que reconocer que ha estudiado
para hacerte entender que el consumismo no es lo mismo que adicción,
cuando esa persona tenga que indagar en tu vida y hacerte entender en
lo que estabas equivocado para reeducarte e intentar hacerte mejor
persona, cuando esa persona te diga lo que está bien o está mal,
cuando es misma persona tenga que ser confidente de tus deseos y
acciones, cuando gastabas en vicios que harían un motón de cosas
buenas si se hubiese desviado ese dinero en cosas mas gratas y
solidarias, solo entonces te darás cuenta de lo poco que vales.
Incluso en cuestiones propias como tener más para poder tener mucho
más, pero claro, ahí esta la cuestión, que nos merecemos el vivir
lo mejor que podamos y podemos darnos cuenta de lo que hacemos, pero
nadie mira al otro y contempla su vida, ya que nos ensimismamos en
nuestro poder y hacemos de él el mejor sitio para estar, sin
importarnos las guerras o los desastres naturales, sin importarnos la
vida ajena a la que solo estamos acostumbrados a ver, que no es otra
que la propia costumbre heredada desde que nacemos, creciendo y
viendo todo lo que hay alrededor, siendo importante para nosotros el
ejemplo, y así, en esa mezquindad que nos da la vida y que nos
arrebata cada momento que no sabemos vivir, es la manera en la que
vemos que cada uno tendrá su felicidad, si cree conveniente que en
cada instante que saboreamos de la mejor forma es lo adecuado para
cada ejemplo, siendo tantos y tan diversos que tendríamos que dar
una clase entera, un curso o quizás una carrera para darnos cuenta
que hay que vivir y la manera que elijamos o la manera que nos dejan
hacer, siendo cuestión de poder mirar hacia el frente y tener de
acuerdo con nosotros mismo, la condición de ser persona.
lunes, 2 de enero de 2017
sábado, 24 de diciembre de 2016
Cuadrados perfectos.
El universo que habita en
el alma, es la parte de la vida que nos lleva lejos, cuando queremos
estar cerca. La precisa condición humana nos reverbera la inmensa
cotidianidad que nos envuelve el preciso instante que espera la
propia sensación personal, o el que inspira la propia
sensacionalidad que emerge de los altares de la economía, el mundo
convencido de la reciprocidad que nos entrega la propia sazón de
unos instantes, la propia sinrazón de un papel hecho para resistir
la condición de entrega, hasta los hechos en pantallas que emergen
de la propia locura del abismo en el que la razón y la propia
inercia que nos precipita a encontrarnos, hacer de la sinrazón un
mundo en el que las ideas cohabitan con los propios seres que nos
rodean con las palabras, entre un ser que coordina su alter con la
cordura de un ser que busca algo que hacer entre las noches, buscar
que encontrar durante el día y ser un protagonista entre los
recursos que nos envuelven para hacernos mejor. El mejor de los
regalos es la soledad, para entender que hay sitios por los que la
vida nos lleva con el sentido correcto, según la propia voz que nos
guie, para darnos el propio carisma que nos enreda entre la propia
razón de soñar o la propia decisión que nos enreja en un pedestal
de rabia cuando ceñimos la vista y se nos enreda la comprensión
entre los albores de la naturaleza, puestos en la medida justa en el
momento justo, pues es cuando la proporcionalidad de la madurez en
los actos los que nos determina cuando somo capaces de dar en vez de
recibir, en la totalidad de la acción lo que nos hace saber de unos
y otros, dados a lo capaces entendimientos que nos albergan y que nos
ponen en alguna situación. Esmerados, unos y otros nos llevan lejos
de cada situación, para encontrarnos cerca en algún lugar, perdidos
entre marismas hechas de pasajes y costas cálidas que pierden las
mareas cuando ganan unos metros. Hacer posible que entandamos que
cada situación nos sumerge en otra, para emerger posiblemente en
otro sitio, otro lugar a miles de kilómetros, juntos, hechos de la
misma talla y de la misma pulcritud, haciendo lo que entendemos por
sinergia, producida por la misma espontaneidad que mantenemos en
algún tipo de hilo celestial, que nos va apagando en determinados
momentos, hechos para el destino que nos hace posible subsistir,
entre las sendas hecha para dar pasos certeros y las que a su vez nos
guía mientras que otras veces nos enciende provocando la sensación
de plenitud que nos embriaga cada vez que topamos con la copa llena y
poco a poco va surgiendo el pleno derecho de la mezquindad,
produciendo entre los estados de conciencia en los que habitamos en
el cuerpo de otro para ponernos en su pellejo, ya que entre la
discordias excéntricas nos habituamos a dar por sentado que la
propia mente está sujeta a valores que no damos en la vida ni por
cinco euros, ya que soltando la imaginación propia conduce a la
incidencia de la propia divinidad o la propia maldad que nos sujeta a
un abismo, entregado a ver el por qué de las cosas que hacemos sin
darnos cuenta, para ser consecuente con los premeditados actos de
valor, un valor que nos pone a prueba delante de la verdad que sujeta
a juicios propios de pensamientos mediocres, nos lleva a dar la
vuelta a la hoja sin que la tinta esté completamente seca, ya que
los rasgos de la pluma encallecida da la propia condición a esa
letra que marca un brazo sin serlo, siendo una transcripción la
propia palabra hecha pedazos.
Hay que sujetar la vida
a un trozo de esperanza, propia en cada uno, que revela la situación
cómica de la mejor de las alegrías, ya que en cada trazo de unión
con la propia consciencia nos revela la situación propia de una
imagen sacada de un trozo de fotografía iónica, pretendiendo
encelar a la propia naturaleza, en un cosmos sugerido que embelesa la
particularidad que envuelve cada imagen micro por cada contemplación
macro, haciendo que cada una sea parecida en un universo persuadido
de la propia ciencia, que entre los recovecos de la imaginación se
parecen entre sus principales pensamientos.
lunes, 12 de diciembre de 2016
Por las risas de un pasado.
Perdido en la sombra que
emerge de un aislado encierro, encierro fortuito de la vida que
ampara la lograda disidencia que guardó la familiaridad de unos
pocos, por la legendaria y versátil ocupación del desamparo, que
tras los años no dejó hacer mas que unas pocas enemistades y otras
tantos agresivos encuentros entregados a la amistad, ya que una vez
hecho el primer comentario que sonó a risas entre los comedidos, la
cara de espanto que guardó el pobre muchacho ante semejante
barbaridad, el mero sentido de la dignidad tirada por los suelos le
dejó perplejo, y mucho mas aún cuando después de las risas
vinieron los insultos y el desprecio. Con el tiempo esas burlas se
hicieron mucho mas patentes entre los supuestos amigos y con el
preciado tiempo por delante, abrupto por no poder decidir en que
bando estar ya que uno eran los que allegados decían serlo y el otro
la soledad amparada por el aislado destierro de su suerte, pues
entregados a la vida entre compañeros, otros hacían el desvelo de
lo fortuito que en ocasiones marcaba el tiempo, hasta perpetrar un
pasado arruinado por un presente dañado entre sus quehaceres y por
un futuro obscuro abocado por el sutil aroma de la incertidumbre.
Entre los peñascos que tubo que tirar al desfiladero antes de caer
fue el peso de ese pasado que le llevaba todo el tiempo ordenar, para
darse cuenta de que solo era eso, peso que debía de quitarse de
encima para dar sentido a la dignidad, a la poca dignidad que le
dejaban tener, pues todo lo que hacía estaba mal y peor aun si
intentaba arreglarlo, ya que se habían empeñado en hacer daño a un
personaje que débil solo podía hacerse fuerte con el mesurado
tiempo que le restaba a la meditación, pues entre carcajadas hechas
entre paredes que solo reunían a unos pocos para hacer las burlas
entre el techo que arropaba a los semejantes, la cordura se desató
hasta el punto en el que la maldad se hizo con ese pasado que en el
presente solo dio un golpe siniestro a la vida, cuando intentando
hacerse con los mando de su vida ajetreada los impulsos que volcaron
a la paciencia y al mismísimo Dios de su pedestal, los hirientes
solo reían mas y mucho mas cuando la voz se hacia con el tiempo,
voces que retumbaban entre esas paredes que bajo el mismo techo solo
podrían hacerse con el eco de los corazones que vibraban para hacer
un poco de esa maldad que guardaban entre sus comentarios. La pesada
piedra que debiera de tirar en el último momento decidió cargársela
a los hombros ya que por los abruptos comentarios decidían por el
hasta el punto que partió de sus bocas el mismo hecho de persuasión
obligada entre los que ya sabía de esa herramienta que le daba voces
a cambio de silencio y que aisladamente solo podía tragar la misma
sensación que le obligaba a estar encerrado en ese asilo familiar
que tenía como camino la desolación de ver como se tragaba el
tiempo a ese pobre muchacho, que aislado de la vida se quebró al
intentar cargar esa piedra enorme que debía de llevar en los hombros
el resto de su vida. Parecía cuento de piratas el que el pobre
muchacho tuviera que navegar solo entre tantos grumetes a bordo, en
una barcaza que le dio el capitán en forma de habitación y de la
cual, si salía, los tiburones que acechaban acabarían comiéndoselo,
ya que los grumetes estaban al quite para darle golpes nada mas sea
visible a los ojos del barco pirata: la habitación grande que reunía
a muchos y de los cuales ninguno simpatizaba con el pobre muchacho
que guardaba temeroso encontrarse con alguien de a bordo en los
pasillos. Su temeridad creció al igual que su corazón, que guardo
mucho tiempo la paciencia necesaria para no dejarse atrapar por las
redes de semejantes hijos de mala madre, ya que le hacían sufrir con
comentarios del pasado y construían entre sus palabras
malquesonantes aberraciones para que en un futuro, como en una
historia de miedo, el atajara con su vida, hasta el punto de querer
quitarlo de el medio, de eliminarlo, de borrarlo del planeta para que
entre los que guardaban el barco pirata pudieran decir que el grumete
ya no está atado al cabo que mecía la barca en la que descansaba.
Todos sabían que hacían mal, que estaba muy mal que ellos desearan
ese tipo de cosas, incluso a los que llegaban nuevo y oían la
historia de terror que tenían construida, ser repelían de volver a
encontrarse en semejante situación pero la fuerza de la costumbre
volvía e incidía entre los que presuntamente no querían saber del
tema, hasta el punto de acostumbrarse a semejantes villanos haciendo
de un pobre e indefenso muchacho, un espacio en el que nunca debió
de existir, pues quien propuso una idea al principio para hacer unas
risas, acabo en un desprecio a quien por naturaleza era bueno y
sensato, pero que los intereses del poder acabar con semejante
desprecio, solo fuera el principio de un hombre que nunca tendrá
corazón pues vendido al diablo, una vez, lo cambio por poder tener
poder sobre los demás. Eso lo tendría en cuenta quien hizo su
sortilegio que engañándolo solo le daría disgustos y un problema
extra, pues desempeñar semejante labor entre los que decía querer,
se vino a casar con una mujer que también había vendido algo al
diablo y no era su corazón sino su alma. Esas almas que viven entre
la miseria el y desprecio solo se merecen perder lo que tienen para
recuperar algo de amor si les cabe en el corazón, en vez de lapidar
con todo el peso de las piedras que tenia ese pobre muchacho en la
espalada, que una vez tiradas al precipicio y olvidad su carga no
arremetieron, pues en la vida hay que saber olvidar y perdonar aunque
cueste vender el espíritu al servicio de la Divinidad.
jueves, 12 de mayo de 2016
El otro lugar del silencio.
Inundado el corazón con
otro pulso, con otro compás cerca de el que late apresuradamente,
contagia de esperanza y anhelos acompasados, con otro lugar donde se
esconde el ruido. El silencio que guarda en si para oír el otro
latido de un corazón vivo y adherente a la vida, que hace posible el
encanto que guarda la vida en un pequeño momento de expansión, en
donde recela el pasado y vive el presente la dicha que emerge de un
sinuoso tambor que late fuerte y que se oye claro, sin confusiones
propias del día a día, para caer en el arrumaco de una sola caricia
en el aire, exhalando todo el gran suspiro para dar paso a otro gesto
en forma de pensamiento, en un solo silencio que invade la alcoba,
hasta terminar todo el aire que quedaba dentro de los pulmones,
incluso hasta dentro del pensamiento, propiciando un entrañable
ambiente entre la música de los latidos en forma de tambores que
tañen en lo mas profundo del alma, acompañando el sabor de los
besos que se pierden en la noche, hasta contrarrestar al despertar
esos compases que inundan el corazón con otro pulso, con otra medida
de cariño y pasión que guardan las cabañas, en el dulce renacer de
un día, hasta hacer posible el despertar con la imaginación puesta
en lo mas alto de la vida, en lo mas alto de querer ser humano, para
dar comienzo a la propia rutina que nos envuelve, cuando olvidamos el
silencio, cuando nos dejamos caer y nos acordamos de que existe, que
hay un vinculo entre estar en paz y quietud y estar activo y
manejando situaciones. Lo que ocurre en este momento mágico,
envuelve para uno mismo el secreto de amar, de querer por querer amar
y de amar porque existimos, hasta el punto de saber querernos a
nosotros mismos y complacernos por el mero hecho de vivir con
armonía, puesta en el sonido de una voz que nos arrulla hasta
extasiarnos de paz y cariño, que una vez despertada en nosotros nos
hace movernos con ese amor que nos ata a la vida y a la realidad,
pues humano es ser humano pero sentirse humano es llevar por delante
la generosidad de saber dar con medidas lo justo y lo necesario a
quienes prestan un poco de atención o a quienes necesitan una sola
palabra para ser justos y medidos. Hasta el punto de propiciar un
encanto sutil en la envoltura del pensamiento, hace a la medida justa
otro halo que envuelve la noción del tiempo, hasta llevar lejos la
noción que presta al instante la mágica percepción de un sueño
evocado con los vapores del éter que respiramos sin mas, sin dar
medida justa a ese poquito de instinto que nos deja ver que es
posible con el encanto de un adormilado amanecer, entrañando entre
el rayo de sol que asoma por la cortina de la ventana y el ruido de
los pájaros que aúnan fuerzas para cantar mas alto de la rama para
dar paso a su festín que espera en el césped, pues los trozos de
ayer que quedaron fuera, es ahora un manjar para la codiciosa
intemperie que remojados en una serenada que evoca al amanecer con
tibias gotas de amor, remojan ese pan que después de ser comidos
todavía siguen siendo alimento para los invitados del día en una
mañana que reboza de paz. En el inicio de otra manifestación
clandestina, entre los invitados que todavía duermen y los perros
que ladran al son de los gatos, da tiempo para otra vez empezar a oír
esos latidos que nos envuelven en un susurro despegado de la inercia
que nos recela cuando oímos otro vez las campanas que dan las y
media y a la vez que otro susurro invade invitando a dormir sin
desperar del sueño, nos dejamos envolver otra vez en la mañana que
presta la sensación placida de otro silencio por escuchar y de otra
palabra a la que oír sin antes dejarnos caer por el silencio y por
el sonido de ese tambor en forma de corazón que hace posible
entrañar tanto o mas que un simple golpe de tos, antes de dormecer
en esta mañana de domingo.
sábado, 30 de abril de 2016
Un rato desmedido.
Surge, de mil maneras, el
auge para ceñir los pensamientos, que desbocados atrapan la araña
que pasa rápido por el alfeizar de la ventana, sabiendo que cada
pensamiento era propio de la acera de enfrente, en donde voces y
tacones van a todas horas, mas los coches contaminantes que pasan sin
aviso previo, a provocar un indeseable zumbido entre los oídos, como
si fuesen acompañando al vehículo que pasa veloz entre los cuarenta
kilómetros hora a los que puede ir, sabiendo que a las tres de la
mañana poco iba a esperar de la noche, con su silencio agudizado con
el vibrar de los transformadores que se cuelan en el tendido
eléctrico, o el zumbido de la nevera que carga para decirte que
tiene frío puesto en marcha y que si aguanta el aguacate partido a la
mitad es hasta mañana. Tranquilamente lanzo la araña unos metros
mas allá de mis narices y veo como el hilo transparente se alza por
el viento, que meciendo gotas tempranas del apacible rocío y la luz
de las farolas, dejaban ver caer a la araña unos metros mas abajo,
agarrada otra vez a la fachada del edificio en donde empezará a
buscar un nuevo cobijo, tal vez un poco mas arriba, y si hay suerte
en donde estaba, ya que pasó varios años la misma araña en la
esquina del quicio de la ventana, hasta que una noche de fiesta, la
araña voló por entre las gotas de lluvia hasta empezar en otro
punto su inercia, que la llevará a sobrevivir otra vez, en otro
lugar y en otro sitio, para dejarse ver en otras circunstancias o tal
vez, cuando vaya a visitar a la vecina esté en su ventana, en una
esquina en la que ha pasado sigilosamente unos meses, acostumbrándose
al olor de los cocidos y potajes, en comparación a mis ráfagas de
humo del cigarrillo, que bien sabidos o no, mata, hasta el punto de
tener que abrir la ventana por la noche, para poder coger el aire que
entra por la rendija, entre la cortina y la pared, que limpia el aire
en la noche y deja entrar el fresco que se cuela suavemente y me roza
la cara, semitapada por la manta y la colcha en la que la nariz se
refrescaba un poco mas cuando el tiempo refresca y las serenadas son
mucho mas frías. Una araña que vuela abajo, colgando de su hilo
aferrado a un punto disperso en el que se verá hasta donde puede
llegar y desde donde puede partir, para buscar el mejor sitio en el
que estar y al que ir, solo siendo una araña tiene sitio para estar
y solo siendo uno mas cuesta tener un sitio para hacer lo propio de
la vida, existir, ya que desde que seamos unos pocos en donde solo
pueden estar unos cuantos, el dilema será grande si hay que buscar
sitio para que en cualquier caso se pueda estar, con la vida, con los
amigos, con los familiares, con los que estemos en ese momento en
alguna parada de autobús o de metro, en la entrada a una panadería
o en la esquina de los sorteos, donde se juntan los loteros a dar
todo lo que tienen en sus manos llenas de riquezas inalcanzables,
donde entre el justo parecer de la victoriosa contradicción de un
mal dicho impertinente e insostenible que hace imposible deletrear la
fracción que corresponde a tres por cuatro, y en donde poner un solo
ápice de tiempo es poner una gota de la lluvia que sale a
borbotones, recorra todo un camino por la frente hasta la barbilla,
sin pensar en donde podría secar con la toalla de algodón de antes
de salir, y en donde sin querer se había quedado dormida la gata que
custodiaba la ventana pues el bochorno ya era inconcebible con
respecto a los días y las noches que nublaban el horizonte con
vapor, y con el pavor de quedarnos hirviendo en un planeta en donde
solo una araña puede buscarse otro sitio, otro lugar, otros momentos
pues en los pies del suelo ya pagas por donde pisas y ya pagas por lo
que andas, impuestos nuevos que han de verse los céntimos pues ya
pagamos por pisar la tierra en donde pocos pasos puedes dar y en
donde pocos sitios ya quedan por ver.
miércoles, 13 de abril de 2016
El silencio que apaga la llama.
La vida se apaga cuando
en el último momento expire la llama, pero dará de si todo lo que
anduvimos y por todo lo que transitamos seremos recompensados mas o
menos, tal y como hacemos al vivir, recibiendo cordiales alegrías
cuando en el camino nos hacemos felices unos a otros, cuando nos
damos la mano para entablar un momento de presentación o de
cordialidad, para cuando nos hacemos cómplices del que se presta a
recibir un cordial apretón de manos. Es lo normal, cuando estamos en
la vida, caminando para llegar a algún lado, en algún recodo habrá
alguien para prestar ese encuentro dichoso con la realidad. El dar un
abrazo sin explicaciones puede confundir al que se presta a recibirlo
pues no estamos acostumbrados a estar abrazado, pero hay que estarlos
al menos treinta segundos al día. Yo me abrazo a la almohada nueve
horas para estar descansado y a lo mejor no es es abrazo mas cálido
pero si el mas seguro, con respecto a la vida que se nos cierne
cuando queremos mas de lo que necesitamos o cuando apreciamos mas al
que no se deja ver siendo amigo de interés, o siendo el conocido que
te presta un apretón de manos solo cuando el abrazo no es momentáneo
como otras veces, cuando nada mas ver el interés se nos presta toda
condición apacible sin dejar a un lado lo interesado del momento,
pero no en el último momento es cuando hay que esperar a decir o
expresar los sentimientos ya que en la vida todos nos encontramos a
quien hacer valedor de nuestras recompensas al conseguir como triunfo
el velador secreto de la intimidad, ya que rebuscándolo entre el
besar en los recibimientos solo conseguirás tener un poco de
felicidad cuando puedes tener todo lo que hay en la alegría con solo
mirar a los ojos de quien está enfrente y te hace partícipe de la
felicidad, ya que estar horas sentado, mirando el interior que reluce
de satisfacción, poco dará cuando quien lo necesita solo busca para
si y no para dar un poco mas de si, como al enfrentar dos
contrapuestos sentimientos y hacer que solo gane uno en vez de
potenciar el que desinteresádamente vaya mas acorde con lo que se
necesita y con lo que se aprecia, para dar sentido a ese abrazo que
antes de darlo fue prestado por el precio que tiene la amistad, si
cada vez que hace falta o se necesita y no lo tenemos, será entonces
cuando le demos el valor que precisa y que de cualquier forma nos
hace valernos mas por lo que se siente que por lo que se necesita. La
llama de la vida no expira en el momento en el que nos quedamos en
silencio pero si calma esa necesidad de autoestima para dar valor a
lo que sufrimos, a lo que perdemos, a lo que sentimos, a lo que nos
corroe por dentro y solo pesadumbrádamente nos embota y nos hace
frágiles en el entorno en el que se volvieron contra nosotros los
abrazos que regalábamos, y que ahora se buscan en cualquier rincón
por no haber sabido cuidar el valor con el que se da un apretón de
manos o por el precio que se ha de pagar para tener los abrazos mas
caros del mundo, los que se dan a quien no siente ni padece nuestra
alegría de darlos, a quien no sabe por donde ir para que ese abrazó
se encauce y nos tome por la iniciativa de cuidar el valor con el que
prestamos nuestro silencio, nuestra llama que resplandece en lo alto
de nuestra cabeza y nos hace pensar en la divina actuación que hemos
de preparar para que en ese recibimiento tengamos la vida entera en
nuestras manos y del que en un solo gesto pueda impulsar el acometido
para hacer feliz a quien desespera por perder su noción del amor, de
la alegría, del entusiasmo de esperar a que vengan a verte o
simplemente de saber que quieren verte, pues haciendo soledad solo te
quedarás, aunque perdido en el tiempo la contradicción de ganar
para valerte solo será la forma en la que pierdas poco a poco con el
cansancio, el precio que pusiste al valor de un abrazo y ahora tenga
que dar uno sin saber lo poco que cuesta darlo de corazón y sabiendo
que por humildad es el valor que atañe al sentido del calor humano
el que presta a saber que se puede estar en silencio cuando todo lo
demás es ruido y así, esperar a que venga esa luz a ti, ese valor
que solo es luz en armonía o ese valor que solo son vibraciones
frescas para hacer refrescar la memoria que te hizo vencer a la vida
y pensar en la destrucción final del encuentro con la muerte, para
pararte sin saber como y para hacerte vividor de tu vida sin saber
con cuanto puedes cargar para desesperar en un momento de lucidez y
hacerte tambalear en un momento de euforia, pues entre el entusiasmo
que damos a los que propician vida y calor si saben como, el que
propicia desesperación y temor, rabia e ira, solo desembocará en un
canto letánico a la cordialidad que se regala a manos llenas, para
dar por sentado que en la vida hay que luchar y vivir para contar que
se puede hacer con nuestras manos lo que necesitamos para vivir si se
entiende que es lo propiciado para dar unos céntimos al bolsillo que
no necesita mas que un poco de pan y otro poco de vino, si desde que
hemos rendido cuentas por todo lo que se nos hizo costumbre, empezará
a contar esos céntimos para saber que cuesta en la vida el silencio
que regalamos, si entre lineas encontramos un valor que se nos hace
claro y afectuoso, pues sin pararnos a pensar en el calor de la vida
o en el frío de la muerte, ese tajante salto en especies se puede
entender como el regalo de prestar un poco de alegría y felicidad al
entorno que se nos regaló una vez y del que hemos de prestar mas
atención para que cuando vuelva, sea entonces, cuando entendamos que
una llama puede apagar la existencia de un papel, pero el silencio
puede apagar todo el llanto que surta en el mar de dudas.
miércoles, 6 de abril de 2016
La pena confundió la salida.
La pena ya no es un
llanto para la desolación. Ahora, teniendo en cuenta la propia voz
que engulle parásitos adyacentes a la rabia, la ira y la discordia,
hacemos al pensar que la pena se va con un leve sentimiento de
alegría, por cualquier cosa que pueda producir ese incesante penar
de la vida que arrastra el pasado, haciendo que ese tiempo que se nos
va no vuelva hasta que esa alegría se vea desbordada por la
comprensión que hemos de tener si la madurez que evoca los años nos
atañe hasta contemplar el propósito idóneo de las crisis
emocionales, hasta ponernos en el lugar y en el sitio adecuado, pues
entre otras cosas, la vida nos hace mas fuertes si tenemos esa
mentalidad de sosiego para cambiar el estado de ánimo que hace
depender entre los fugibles desarmonizados eventos que envuelven ese
pasado con lágrimas contenidas en el empapado suelo que presta una
lluvia para limpiar ese suelo que pisas y del que si queda huella es
porque está marcada en cemento ya que el barro de nuestros pies
serán remojados en el charco de la entrada para dejar atrás el
camino sembrado de semillas, de las que esperarán a dar fruto cuando
ese tiempo pase y deje constancia de que la mano del hombre puede
construir con el tiempo la historia, hasta hacer la mejor versión de
nosotros mismos y reflejarla entre los días y las noches,
haciéndonos pensar en lo mejor y lo mas positivo, pues está la
medida de la tristeza pero la alegría por poca que sea se vive
intensamente hasta que en el estado evolutivo en el que crezca ese
tiempo que hacemos para nosotros, nos de mas vida y entereza a la
hora de vivir nuestros momentos, nuestras ilusiones y sueños, que
perduran en la alegría mucho mas que en esa tristeza que da pena
entre los que han vivido un desapacible entramado entre la vida y la
muerte. Prestar a la alegría un entusiasmo mas, para los que lo
tienen todo es mucho menos complicado, pero los niños ríen, se ríen
de todo, será por eso que están en el reino de los cielos, en el
sitio de la inocencia nata, hasta saber que el hombre con sus ideales
ha puesto precio a los brazos y piernas que han de hacer el camino
con sus manos, pues el que ha de trabajar y sacrificar su tiempo,
mide las esperanzas con el poco que tiene libre, ya que hemos de
pararnos a pensar que es la felicidad en su estado puro, y no es mas
que estar rodeado de tu familia y de tu gente. Para el solitario, el
que encuentra en su lugar refugio, para el que es estado de paz es la
soledad, ha de buscarse alegrías en el estado mas puro de su
inercia, al rodearse de música para bailar sentado, o al encontrar
en el silencio la propia esencia de su ser, y así poder rodear con
los brazos su árbol favorito o hablar con las piedras que antes le
hicieron caer, para dejarlas fuera de la mochila en la que llevaba
todas esas piedras envueltas en papel de seda, y que con el tiempo se
han ido yendo de ese pasado que no volverá hasta que otra vez, esa
pena que sin querer se ha escapado por la rendija del pensamiento,
otra vez vuelva a saber que una vez hubo una piedra en el camino y
que sin querer tropezó. Hemos de darnos cuenta de que ese regalo a
la vida es otra forma de hacerla alegre cuando en soledad sentimos la
tranquilidad, pero ha de haber gente en nuestras vidas y esa gente,
la del día a día, es la importante, la gente a la que puedes
regalar una sonrisa, a la que puedes darles un apretón de manos y
preguntar que tal van las cosas, la gente que se siente en el parque
a comer pipas y que te prestan un puñado de ellas por un simple
“hola” o un “que tal estas”, para continuar con los que van y
vienen en las calles, personas y gente que hacen de la vida un lugar
para si mismos y que regalan esas sonrisas, que son motivos para
estar alegres y aunque no entusiasmados los suficientes, sirve para
combatir ese hambre de presencia al que le hace falta un abrazo, al
que le hace falta sentirse agradado, al que le hace falta calor
humano, ya que si solo el que tiene un sitio para estar es feliz, mas
feliz será si comparte momentos en los que las palabras brinden un
apoyo y las risas y fiestas un lugar en el que sentirse seguro,
consigo mismo y con su alter ego, ya que para quienes rondamos esa
soledad a medias, encontrar un lugar para ser feliz solo basta con un
abrazo familiar. Los que dependan emocionalmente de esos abrazos, lo
tendrá mas duro hasta que ese mismo fin sea el de agradar, hasta que
pueda decir que con unos pocos pasos hacia la puerta y ver que hay
detrás, hasta que diga ese sitio me lo merezco y es lo mejor que me
puede pasar ya que hay vida detrás, pues entre mis pasos y una
puerta cerrada, lo único que me falta es abrazar mi confianza y
salir a estrechar la mano al pomo de la puerta, salir y decidirme por
que camino he de liberarme para no encontrar piedras que me molesten
o que vaya dejando las que anteriormente me hicieron pesar en el
alma, hasta saber que en el recorrido habrá un sinfin de cosas
gratas que me hagan reír o embozar una sonrisa, con los vecinos que
dan la tabarra cuando esa música que les envuelve está mas alta de
lo normal, o seguir hasta que los pies lleguen cargados de pisadas en
el suelo que nos ha hecho ver que existe la vida fuera de las puertas
que en la soledad solo ven la obscuridad de una ventana cerrada a cal
y canto, ya que el que sale para ver la luz del sol, aunque llueva y
se moje, vive alegre de saber que hay vida después de un
desafortunado pensamiento de pena, ya que sin el antagonismo de
nosotros mismo en distintas representaciones de la vida, el
sufrimiento que nos envuelve algún momento errático, la dicha de
saber levantar la cabeza y sonreír a quien quiera mirarte a los
ojos, es el logro mas sencillo de todos los momentos si esa estima es
la alegría de sentirte digno
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