lunes, 2 de enero de 2017

El precio adulterado de la vida.

La intransigencia que provoca verse envuelto en adinerados poderes que desvelan el sustento de actitudes corrosivas como las dependencias adictivas, como el juego que parte de una mesa para que entre cartas ganemos o perdamos, desvela que la fragilidad humana es cosa de verse obsesionado por algo o por alguien, hasta memorar y sufragar los cuartos que quedan entre las vasijas de oro, puesto que el que mas tiene puede tener y mas puede gastar, ya que así es parte de la vida, sabiendo que no se necesita mucho para vivir, pero para mantener esas actitudes que nos develan y nos hacen buscar entre la piedras hasta encontrar lo innombrable, la vida se nos hace mejor para aquellos que saben bien lo que tienen, sin necesidad de rebuscar entre los pajares para sacar mas grano. Los que se hacen a la medida del lujo y despiertan al diablo que mece las adicciones, tendrán mucho que hacer durante el día, pues tendrán que pensar cómo lograr más y más dinero para que luego, entre las noches que están hechas para dormir, sean los reyes de una sala o de una barra americana, pues tener mas incita a ser despechados con el que solo tiene un real y si hablamos de ebriedad ya solo queda aguantar a quien presume de tener lo inmemorable. Todos merecemos vivir y el nivel de vida de cada uno es parte de este juego que nos toca vivir, siendo afortunados el que menos necesita y siendo abrumador e intolerante el que derrocha a mansalva, pues entre las condiciones que nos hacen en este mudo personas no se mide con el dinero, ni con tanto vales tanto tienes. Si miramos a los ojos de quienes tienen una sonrisa desde la mañana para hacerse valer y un trabajo que le hace existir, los que se sientan en sus cómodos sillones y contemplan lo que los ojos solo pueden ver en pensamientos, los que se van del sofá a la barra a tomar y luego a pasear en sus lujosos coches, los que se sientan en un lugar reservado desde el mediodía y compran una botella de vino en el mejor de los restaurantes para comer los mejores mariscos de la mar, los que se hacen a si mismos promesas de que bajaran el colesterol con una pastillita y no cuidan sus adicciones- que pueden ser muchas- serán personas que se llevaran junto con la mortaja un montón de cosas buenas vivida sin mirar alrededor mientras tienen la cabeza bien alta y estirada, con sus relojes de rubíes y corbatas de seda, a la vez que no saben que hora es o de que color se la a puesto, pues entre los hombres y mujeres adinerados, la mejor de las sonrisas es a la vez que están poniéndote otra cara cuando te das la vuelta, ya que esa adicción a la vida lujosa solo se consigue después de tener suerte o de haber heredado el poder y la gloria de quienes trabajaron para conseguirlo, y aún así el talento de tener entre los pensamientos una sola palabra de agradecimiento se pierde y se merma con los años que te hacen jugar y gastar sin promesas ya que el pudiente entre las personas siempre quiere mas y mas. La vida nos hace que seamos personas y a lo largo de esos maravillosos años que pasamos educándonos somos el reflejo de lo que vemos alrededor, y nos hacemos a la idea de lo que hay que hacer, si sentarse en una mesa de juego y apostar a lo grande o dedicarte a trabajar en algo para que esas horas en las que estamos sentados solo sea un rato en la tarde para la hora de la siesta, suponiendo que entre los educandos y profesores haya sentido común, pues entre la vida que queremos sin consciencia no es vida y heredamos también esa manera de educar hasta que alguien con sentido común nos hace ver que hay muchas cosas que deberíamos hacer en esta vida en vez de dejarla ociosa, ya que entre los que aprendemos de nuestros padres, otros aprenden de sus hermanos, tíos y tías, abuelos y abuelas, primos y primas, hasta personas que se encargan de educar. Hasta que no se conozca en la vida alguien capaz de hacernos ver que los vicios solo cargan la vanidad, la falta de respeto y violencia, hasta que no nos tropecemos con alguien que nos haga ver el valor de la vida en todos sus sentidos, hasta que no venga alguien o aparezca y nos haga entender que el dinero solo es la parte de la apariencia del poder, cuando alguien nos haga entender que somos parte de un diván en el que recostados contamos todo lo que nos gusta gastar en vez de invertir, cuando esa persona tenga que reconocer que ha estudiado para hacerte entender que el consumismo no es lo mismo que adicción, cuando esa persona tenga que indagar en tu vida y hacerte entender en lo que estabas equivocado para reeducarte e intentar hacerte mejor persona, cuando esa persona te diga lo que está bien o está mal, cuando es misma persona tenga que ser confidente de tus deseos y acciones, cuando gastabas en vicios que harían un motón de cosas buenas si se hubiese desviado ese dinero en cosas mas gratas y solidarias, solo entonces te darás cuenta de lo poco que vales. Incluso en cuestiones propias como tener más para poder tener mucho más, pero claro, ahí esta la cuestión, que nos merecemos el vivir lo mejor que podamos y podemos darnos cuenta de lo que hacemos, pero nadie mira al otro y contempla su vida, ya que nos ensimismamos en nuestro poder y hacemos de él el mejor sitio para estar, sin importarnos las guerras o los desastres naturales, sin importarnos la vida ajena a la que solo estamos acostumbrados a ver, que no es otra que la propia costumbre heredada desde que nacemos, creciendo y viendo todo lo que hay alrededor, siendo importante para nosotros el ejemplo, y así, en esa mezquindad que nos da la vida y que nos arrebata cada momento que no sabemos vivir, es la manera en la que vemos que cada uno tendrá su felicidad, si cree conveniente que en cada instante que saboreamos de la mejor forma es lo adecuado para cada ejemplo, siendo tantos y tan diversos que tendríamos que dar una clase entera, un curso o quizás una carrera para darnos cuenta que hay que vivir y la manera que elijamos o la manera que nos dejan hacer, siendo cuestión de poder mirar hacia el frente y tener de acuerdo con nosotros mismo, la condición de ser persona.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Cuadrados perfectos.

        El universo que habita en el alma, es la parte de la vida que nos lleva lejos, cuando queremos estar cerca. La precisa condición humana nos reverbera la inmensa cotidianidad que nos envuelve el preciso instante que espera la propia sensación personal, o el que inspira la propia sensacionalidad que emerge de los altares de la economía, el mundo convencido de la reciprocidad que nos entrega la propia sazón de unos instantes, la propia sinrazón de un papel hecho para resistir la condición de entrega, hasta los hechos en pantallas que emergen de la propia locura del abismo en el que la razón y la propia inercia que nos precipita a encontrarnos, hacer de la sinrazón un mundo en el que las ideas cohabitan con los propios seres que nos rodean con las palabras, entre un ser que coordina su alter con la cordura de un ser que busca algo que hacer entre las noches, buscar que encontrar durante el día y ser un protagonista entre los recursos que nos envuelven para hacernos mejor. El mejor de los regalos es la soledad, para entender que hay sitios por los que la vida nos lleva con el sentido correcto, según la propia voz que nos guie, para darnos el propio carisma que nos enreda entre la propia razón de soñar o la propia decisión que nos enreja en un pedestal de rabia cuando ceñimos la vista y se nos enreda la comprensión entre los albores de la naturaleza, puestos en la medida justa en el momento justo, pues es cuando la proporcionalidad de la madurez en los actos los que nos determina cuando somo capaces de dar en vez de recibir, en la totalidad de la acción lo que nos hace saber de unos y otros, dados a lo capaces entendimientos que nos albergan y que nos ponen en alguna situación. Esmerados, unos y otros nos llevan lejos de cada situación, para encontrarnos cerca en algún lugar, perdidos entre marismas hechas de pasajes y costas cálidas que pierden las mareas cuando ganan unos metros. Hacer posible que entandamos que cada situación nos sumerge en otra, para emerger posiblemente en otro sitio, otro lugar a miles de kilómetros, juntos, hechos de la misma talla y de la misma pulcritud, haciendo lo que entendemos por sinergia, producida por la misma espontaneidad que mantenemos en algún tipo de hilo celestial, que nos va apagando en determinados momentos, hechos para el destino que nos hace posible subsistir, entre las sendas hecha para dar pasos certeros y las que a su vez nos guía mientras que otras veces nos enciende provocando la sensación de plenitud que nos embriaga cada vez que topamos con la copa llena y poco a poco va surgiendo el pleno derecho de la mezquindad, produciendo entre los estados de conciencia en los que habitamos en el cuerpo de otro para ponernos en su pellejo, ya que entre la discordias excéntricas nos habituamos a dar por sentado que la propia mente está sujeta a valores que no damos en la vida ni por cinco euros, ya que soltando la imaginación propia conduce a la incidencia de la propia divinidad o la propia maldad que nos sujeta a un abismo, entregado a ver el por qué de las cosas que hacemos sin darnos cuenta, para ser consecuente con los premeditados actos de valor, un valor que nos pone a prueba delante de la verdad que sujeta a juicios propios de pensamientos mediocres, nos lleva a dar la vuelta a la hoja sin que la tinta esté completamente seca, ya que los rasgos de la pluma encallecida da la propia condición a esa letra que marca un brazo sin serlo, siendo una transcripción la propia palabra hecha pedazos.
       Hay que sujetar la vida a un trozo de esperanza, propia en cada uno, que revela la situación cómica de la mejor de las alegrías, ya que en cada trazo de unión con la propia consciencia nos revela la situación propia de una imagen sacada de un trozo de fotografía iónica, pretendiendo encelar a la propia naturaleza, en un cosmos sugerido que embelesa la particularidad que envuelve cada imagen micro por cada contemplación macro, haciendo que cada una sea parecida en un universo persuadido de la propia ciencia, que entre los recovecos de la imaginación se parecen entre sus principales pensamientos.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Por las risas de un pasado.

Perdido en la sombra que emerge de un aislado encierro, encierro fortuito de la vida que ampara la lograda disidencia que guardó la familiaridad de unos pocos, por la legendaria y versátil ocupación del desamparo, que tras los años no dejó hacer mas que unas pocas enemistades y otras tantos agresivos encuentros entregados a la amistad, ya que una vez hecho el primer comentario que sonó a risas entre los comedidos, la cara de espanto que guardó el pobre muchacho ante semejante barbaridad, el mero sentido de la dignidad tirada por los suelos le dejó perplejo, y mucho mas aún cuando después de las risas vinieron los insultos y el desprecio. Con el tiempo esas burlas se hicieron mucho mas patentes entre los supuestos amigos y con el preciado tiempo por delante, abrupto por no poder decidir en que bando estar ya que uno eran los que allegados decían serlo y el otro la soledad amparada por el aislado destierro de su suerte, pues entregados a la vida entre compañeros, otros hacían el desvelo de lo fortuito que en ocasiones marcaba el tiempo, hasta perpetrar un pasado arruinado por un presente dañado entre sus quehaceres y por un futuro obscuro abocado por el sutil aroma de la incertidumbre. Entre los peñascos que tubo que tirar al desfiladero antes de caer fue el peso de ese pasado que le llevaba todo el tiempo ordenar, para darse cuenta de que solo era eso, peso que debía de quitarse de encima para dar sentido a la dignidad, a la poca dignidad que le dejaban tener, pues todo lo que hacía estaba mal y peor aun si intentaba arreglarlo, ya que se habían empeñado en hacer daño a un personaje que débil solo podía hacerse fuerte con el mesurado tiempo que le restaba a la meditación, pues entre carcajadas hechas entre paredes que solo reunían a unos pocos para hacer las burlas entre el techo que arropaba a los semejantes, la cordura se desató hasta el punto en el que la maldad se hizo con ese pasado que en el presente solo dio un golpe siniestro a la vida, cuando intentando hacerse con los mando de su vida ajetreada los impulsos que volcaron a la paciencia y al mismísimo Dios de su pedestal, los hirientes solo reían mas y mucho mas cuando la voz se hacia con el tiempo, voces que retumbaban entre esas paredes que bajo el mismo techo solo podrían hacerse con el eco de los corazones que vibraban para hacer un poco de esa maldad que guardaban entre sus comentarios. La pesada piedra que debiera de tirar en el último momento decidió cargársela a los hombros ya que por los abruptos comentarios decidían por el hasta el punto que partió de sus bocas el mismo hecho de persuasión obligada entre los que ya sabía de esa herramienta que le daba voces a cambio de silencio y que aisladamente solo podía tragar la misma sensación que le obligaba a estar encerrado en ese asilo familiar que tenía como camino la desolación de ver como se tragaba el tiempo a ese pobre muchacho, que aislado de la vida se quebró al intentar cargar esa piedra enorme que debía de llevar en los hombros el resto de su vida. Parecía cuento de piratas el que el pobre muchacho tuviera que navegar solo entre tantos grumetes a bordo, en una barcaza que le dio el capitán en forma de habitación y de la cual, si salía, los tiburones que acechaban acabarían comiéndoselo, ya que los grumetes estaban al quite para darle golpes nada mas sea visible a los ojos del barco pirata: la habitación grande que reunía a muchos y de los cuales ninguno simpatizaba con el pobre muchacho que guardaba temeroso encontrarse con alguien de a bordo en los pasillos. Su temeridad creció al igual que su corazón, que guardo mucho tiempo la paciencia necesaria para no dejarse atrapar por las redes de semejantes hijos de mala madre, ya que le hacían sufrir con comentarios del pasado y construían entre sus palabras malquesonantes aberraciones para que en un futuro, como en una historia de miedo, el atajara con su vida, hasta el punto de querer quitarlo de el medio, de eliminarlo, de borrarlo del planeta para que entre los que guardaban el barco pirata pudieran decir que el grumete ya no está atado al cabo que mecía la barca en la que descansaba. Todos sabían que hacían mal, que estaba muy mal que ellos desearan ese tipo de cosas, incluso a los que llegaban nuevo y oían la historia de terror que tenían construida, ser repelían de volver a encontrarse en semejante situación pero la fuerza de la costumbre volvía e incidía entre los que presuntamente no querían saber del tema, hasta el punto de acostumbrarse a semejantes villanos haciendo de un pobre e indefenso muchacho, un espacio en el que nunca debió de existir, pues quien propuso una idea al principio para hacer unas risas, acabo en un desprecio a quien por naturaleza era bueno y sensato, pero que los intereses del poder acabar con semejante desprecio, solo fuera el principio de un hombre que nunca tendrá corazón pues vendido al diablo, una vez, lo cambio por poder tener poder sobre los demás. Eso lo tendría en cuenta quien hizo su sortilegio que engañándolo solo le daría disgustos y un problema extra, pues desempeñar semejante labor entre los que decía querer, se vino a casar con una mujer que también había vendido algo al diablo y no era su corazón sino su alma. Esas almas que viven entre la miseria el y desprecio solo se merecen perder lo que tienen para recuperar algo de amor si les cabe en el corazón, en vez de lapidar con todo el peso de las piedras que tenia ese pobre muchacho en la espalada, que una vez tiradas al precipicio y olvidad su carga no arremetieron, pues en la vida hay que saber olvidar y perdonar aunque cueste vender el espíritu al servicio de la Divinidad.

jueves, 12 de mayo de 2016

El otro lugar del silencio.

Inundado el corazón con otro pulso, con otro compás cerca de el que late apresuradamente, contagia de esperanza y anhelos acompasados, con otro lugar donde se esconde el ruido. El silencio que guarda en si para oír el otro latido de un corazón vivo y adherente a la vida, que hace posible el encanto que guarda la vida en un pequeño momento de expansión, en donde recela el pasado y vive el presente la dicha que emerge de un sinuoso tambor que late fuerte y que se oye claro, sin confusiones propias del día a día, para caer en el arrumaco de una sola caricia en el aire, exhalando todo el gran suspiro para dar paso a otro gesto en forma de pensamiento, en un solo silencio que invade la alcoba, hasta terminar todo el aire que quedaba dentro de los pulmones, incluso hasta dentro del pensamiento, propiciando un entrañable ambiente entre la música de los latidos en forma de tambores que tañen en lo mas profundo del alma, acompañando el sabor de los besos que se pierden en la noche, hasta contrarrestar al despertar esos compases que inundan el corazón con otro pulso, con otra medida de cariño y pasión que guardan las cabañas, en el dulce renacer de un día, hasta hacer posible el despertar con la imaginación puesta en lo mas alto de la vida, en lo mas alto de querer ser humano, para dar comienzo a la propia rutina que nos envuelve, cuando olvidamos el silencio, cuando nos dejamos caer y nos acordamos de que existe, que hay un vinculo entre estar en paz y quietud y estar activo y manejando situaciones. Lo que ocurre en este momento mágico, envuelve para uno mismo el secreto de amar, de querer por querer amar y de amar porque existimos, hasta el punto de saber querernos a nosotros mismos y complacernos por el mero hecho de vivir con armonía, puesta en el sonido de una voz que nos arrulla hasta extasiarnos de paz y cariño, que una vez despertada en nosotros nos hace movernos con ese amor que nos ata a la vida y a la realidad, pues humano es ser humano pero sentirse humano es llevar por delante la generosidad de saber dar con medidas lo justo y lo necesario a quienes prestan un poco de atención o a quienes necesitan una sola palabra para ser justos y medidos. Hasta el punto de propiciar un encanto sutil en la envoltura del pensamiento, hace a la medida justa otro halo que envuelve la noción del tiempo, hasta llevar lejos la noción que presta al instante la mágica percepción de un sueño evocado con los vapores del éter que respiramos sin mas, sin dar medida justa a ese poquito de instinto que nos deja ver que es posible con el encanto de un adormilado amanecer, entrañando entre el rayo de sol que asoma por la cortina de la ventana y el ruido de los pájaros que aúnan fuerzas para cantar mas alto de la rama para dar paso a su festín que espera en el césped, pues los trozos de ayer que quedaron fuera, es ahora un manjar para la codiciosa intemperie que remojados en una serenada que evoca al amanecer con tibias gotas de amor, remojan ese pan que después de ser comidos todavía siguen siendo alimento para los invitados del día en una mañana que reboza de paz. En el inicio de otra manifestación clandestina, entre los invitados que todavía duermen y los perros que ladran al son de los gatos, da tiempo para otra vez empezar a oír esos latidos que nos envuelven en un susurro despegado de la inercia que nos recela cuando oímos otro vez las campanas que dan las y media y a la vez que otro susurro invade invitando a dormir sin desperar del sueño, nos dejamos envolver otra vez en la mañana que presta la sensación placida de otro silencio por escuchar y de otra palabra a la que oír sin antes dejarnos caer por el silencio y por el sonido de ese tambor en forma de corazón que hace posible entrañar tanto o mas que un simple golpe de tos, antes de dormecer en esta mañana de domingo.

sábado, 30 de abril de 2016

Un rato desmedido.

Surge, de mil maneras, el auge para ceñir los pensamientos, que desbocados atrapan la araña que pasa rápido por el alfeizar de la ventana, sabiendo que cada pensamiento era propio de la acera de enfrente, en donde voces y tacones van a todas horas, mas los coches contaminantes que pasan sin aviso previo, a provocar un indeseable zumbido entre los oídos, como si fuesen acompañando al vehículo que pasa veloz entre los cuarenta kilómetros hora a los que puede ir, sabiendo que a las tres de la mañana poco iba a esperar de la noche, con su silencio agudizado con el vibrar de los transformadores que se cuelan en el tendido eléctrico, o el zumbido de la nevera que carga para decirte que tiene frío puesto en marcha y que si aguanta el aguacate partido a la mitad es hasta mañana. Tranquilamente lanzo la araña unos metros mas allá de mis narices y veo como el hilo transparente se alza por el viento, que meciendo gotas tempranas del apacible rocío y la luz de las farolas, dejaban ver caer a la araña unos metros mas abajo, agarrada otra vez a la fachada del edificio en donde empezará a buscar un nuevo cobijo, tal vez un poco mas arriba, y si hay suerte en donde estaba, ya que pasó varios años la misma araña en la esquina del quicio de la ventana, hasta que una noche de fiesta, la araña voló por entre las gotas de lluvia hasta empezar en otro punto su inercia, que la llevará a sobrevivir otra vez, en otro lugar y en otro sitio, para dejarse ver en otras circunstancias o tal vez, cuando vaya a visitar a la vecina esté en su ventana, en una esquina en la que ha pasado sigilosamente unos meses, acostumbrándose al olor de los cocidos y potajes, en comparación a mis ráfagas de humo del cigarrillo, que bien sabidos o no, mata, hasta el punto de tener que abrir la ventana por la noche, para poder coger el aire que entra por la rendija, entre la cortina y la pared, que limpia el aire en la noche y deja entrar el fresco que se cuela suavemente y me roza la cara, semitapada por la manta y la colcha en la que la nariz se refrescaba un poco mas cuando el tiempo refresca y las serenadas son mucho mas frías. Una araña que vuela abajo, colgando de su hilo aferrado a un punto disperso en el que se verá hasta donde puede llegar y desde donde puede partir, para buscar el mejor sitio en el que estar y al que ir, solo siendo una araña tiene sitio para estar y solo siendo uno mas cuesta tener un sitio para hacer lo propio de la vida, existir, ya que desde que seamos unos pocos en donde solo pueden estar unos cuantos, el dilema será grande si hay que buscar sitio para que en cualquier caso se pueda estar, con la vida, con los amigos, con los familiares, con los que estemos en ese momento en alguna parada de autobús o de metro, en la entrada a una panadería o en la esquina de los sorteos, donde se juntan los loteros a dar todo lo que tienen en sus manos llenas de riquezas inalcanzables, donde entre el justo parecer de la victoriosa contradicción de un mal dicho impertinente e insostenible que hace imposible deletrear la fracción que corresponde a tres por cuatro, y en donde poner un solo ápice de tiempo es poner una gota de la lluvia que sale a borbotones, recorra todo un camino por la frente hasta la barbilla, sin pensar en donde podría secar con la toalla de algodón de antes de salir, y en donde sin querer se había quedado dormida la gata que custodiaba la ventana pues el bochorno ya era inconcebible con respecto a los días y las noches que nublaban el horizonte con vapor, y con el pavor de quedarnos hirviendo en un planeta en donde solo una araña puede buscarse otro sitio, otro lugar, otros momentos pues en los pies del suelo ya pagas por donde pisas y ya pagas por lo que andas, impuestos nuevos que han de verse los céntimos pues ya pagamos por pisar la tierra en donde pocos pasos puedes dar y en donde pocos sitios ya quedan por ver.

miércoles, 13 de abril de 2016

El silencio que apaga la llama.

La vida se apaga cuando en el último momento expire la llama, pero dará de si todo lo que anduvimos y por todo lo que transitamos seremos recompensados mas o menos, tal y como hacemos al vivir, recibiendo cordiales alegrías cuando en el camino nos hacemos felices unos a otros, cuando nos damos la mano para entablar un momento de presentación o de cordialidad, para cuando nos hacemos cómplices del que se presta a recibir un cordial apretón de manos. Es lo normal, cuando estamos en la vida, caminando para llegar a algún lado, en algún recodo habrá alguien para prestar ese encuentro dichoso con la realidad. El dar un abrazo sin explicaciones puede confundir al que se presta a recibirlo pues no estamos acostumbrados a estar abrazado, pero hay que estarlos al menos treinta segundos al día. Yo me abrazo a la almohada nueve horas para estar descansado y a lo mejor no es es abrazo mas cálido pero si el mas seguro, con respecto a la vida que se nos cierne cuando queremos mas de lo que necesitamos o cuando apreciamos mas al que no se deja ver siendo amigo de interés, o siendo el conocido que te presta un apretón de manos solo cuando el abrazo no es momentáneo como otras veces, cuando nada mas ver el interés se nos presta toda condición apacible sin dejar a un lado lo interesado del momento, pero no en el último momento es cuando hay que esperar a decir o expresar los sentimientos ya que en la vida todos nos encontramos a quien hacer valedor de nuestras recompensas al conseguir como triunfo el velador secreto de la intimidad, ya que rebuscándolo entre el besar en los recibimientos solo conseguirás tener un poco de felicidad cuando puedes tener todo lo que hay en la alegría con solo mirar a los ojos de quien está enfrente y te hace partícipe de la felicidad, ya que estar horas sentado, mirando el interior que reluce de satisfacción, poco dará cuando quien lo necesita solo busca para si y no para dar un poco mas de si, como al enfrentar dos contrapuestos sentimientos y hacer que solo gane uno en vez de potenciar el que desinteresádamente vaya mas acorde con lo que se necesita y con lo que se aprecia, para dar sentido a ese abrazo que antes de darlo fue prestado por el precio que tiene la amistad, si cada vez que hace falta o se necesita y no lo tenemos, será entonces cuando le demos el valor que precisa y que de cualquier forma nos hace valernos mas por lo que se siente que por lo que se necesita. La llama de la vida no expira en el momento en el que nos quedamos en silencio pero si calma esa necesidad de autoestima para dar valor a lo que sufrimos, a lo que perdemos, a lo que sentimos, a lo que nos corroe por dentro y solo pesadumbrádamente nos embota y nos hace frágiles en el entorno en el que se volvieron contra nosotros los abrazos que regalábamos, y que ahora se buscan en cualquier rincón por no haber sabido cuidar el valor con el que se da un apretón de manos o por el precio que se ha de pagar para tener los abrazos mas caros del mundo, los que se dan a quien no siente ni padece nuestra alegría de darlos, a quien no sabe por donde ir para que ese abrazó se encauce y nos tome por la iniciativa de cuidar el valor con el que prestamos nuestro silencio, nuestra llama que resplandece en lo alto de nuestra cabeza y nos hace pensar en la divina actuación que hemos de preparar para que en ese recibimiento tengamos la vida entera en nuestras manos y del que en un solo gesto pueda impulsar el acometido para hacer feliz a quien desespera por perder su noción del amor, de la alegría, del entusiasmo de esperar a que vengan a verte o simplemente de saber que quieren verte, pues haciendo soledad solo te quedarás, aunque perdido en el tiempo la contradicción de ganar para valerte solo será la forma en la que pierdas poco a poco con el cansancio, el precio que pusiste al valor de un abrazo y ahora tenga que dar uno sin saber lo poco que cuesta darlo de corazón y sabiendo que por humildad es el valor que atañe al sentido del calor humano el que presta a saber que se puede estar en silencio cuando todo lo demás es ruido y así, esperar a que venga esa luz a ti, ese valor que solo es luz en armonía o ese valor que solo son vibraciones frescas para hacer refrescar la memoria que te hizo vencer a la vida y pensar en la destrucción final del encuentro con la muerte, para pararte sin saber como y para hacerte vividor de tu vida sin saber con cuanto puedes cargar para desesperar en un momento de lucidez y hacerte tambalear en un momento de euforia, pues entre el entusiasmo que damos a los que propician vida y calor si saben como, el que propicia desesperación y temor, rabia e ira, solo desembocará en un canto letánico a la cordialidad que se regala a manos llenas, para dar por sentado que en la vida hay que luchar y vivir para contar que se puede hacer con nuestras manos lo que necesitamos para vivir si se entiende que es lo propiciado para dar unos céntimos al bolsillo que no necesita mas que un poco de pan y otro poco de vino, si desde que hemos rendido cuentas por todo lo que se nos hizo costumbre, empezará a contar esos céntimos para saber que cuesta en la vida el silencio que regalamos, si entre lineas encontramos un valor que se nos hace claro y afectuoso, pues sin pararnos a pensar en el calor de la vida o en el frío de la muerte, ese tajante salto en especies se puede entender como el regalo de prestar un poco de alegría y felicidad al entorno que se nos regaló una vez y del que hemos de prestar mas atención para que cuando vuelva, sea entonces, cuando entendamos que una llama puede apagar la existencia de un papel, pero el silencio puede apagar todo el llanto que surta en el mar de dudas.

miércoles, 6 de abril de 2016

La pena confundió la salida.

La pena ya no es un llanto para la desolación. Ahora, teniendo en cuenta la propia voz que engulle parásitos adyacentes a la rabia, la ira y la discordia, hacemos al pensar que la pena se va con un leve sentimiento de alegría, por cualquier cosa que pueda producir ese incesante penar de la vida que arrastra el pasado, haciendo que ese tiempo que se nos va no vuelva hasta que esa alegría se vea desbordada por la comprensión que hemos de tener si la madurez que evoca los años nos atañe hasta contemplar el propósito idóneo de las crisis emocionales, hasta ponernos en el lugar y en el sitio adecuado, pues entre otras cosas, la vida nos hace mas fuertes si tenemos esa mentalidad de sosiego para cambiar el estado de ánimo que hace depender entre los fugibles desarmonizados eventos que envuelven ese pasado con lágrimas contenidas en el empapado suelo que presta una lluvia para limpiar ese suelo que pisas y del que si queda huella es porque está marcada en cemento ya que el barro de nuestros pies serán remojados en el charco de la entrada para dejar atrás el camino sembrado de semillas, de las que esperarán a dar fruto cuando ese tiempo pase y deje constancia de que la mano del hombre puede construir con el tiempo la historia, hasta hacer la mejor versión de nosotros mismos y reflejarla entre los días y las noches, haciéndonos pensar en lo mejor y lo mas positivo, pues está la medida de la tristeza pero la alegría por poca que sea se vive intensamente hasta que en el estado evolutivo en el que crezca ese tiempo que hacemos para nosotros, nos de mas vida y entereza a la hora de vivir nuestros momentos, nuestras ilusiones y sueños, que perduran en la alegría mucho mas que en esa tristeza que da pena entre los que han vivido un desapacible entramado entre la vida y la muerte. Prestar a la alegría un entusiasmo mas, para los que lo tienen todo es mucho menos complicado, pero los niños ríen, se ríen de todo, será por eso que están en el reino de los cielos, en el sitio de la inocencia nata, hasta saber que el hombre con sus ideales ha puesto precio a los brazos y piernas que han de hacer el camino con sus manos, pues el que ha de trabajar y sacrificar su tiempo, mide las esperanzas con el poco que tiene libre, ya que hemos de pararnos a pensar que es la felicidad en su estado puro, y no es mas que estar rodeado de tu familia y de tu gente. Para el solitario, el que encuentra en su lugar refugio, para el que es estado de paz es la soledad, ha de buscarse alegrías en el estado mas puro de su inercia, al rodearse de música para bailar sentado, o al encontrar en el silencio la propia esencia de su ser, y así poder rodear con los brazos su árbol favorito o hablar con las piedras que antes le hicieron caer, para dejarlas fuera de la mochila en la que llevaba todas esas piedras envueltas en papel de seda, y que con el tiempo se han ido yendo de ese pasado que no volverá hasta que otra vez, esa pena que sin querer se ha escapado por la rendija del pensamiento, otra vez vuelva a saber que una vez hubo una piedra en el camino y que sin querer tropezó. Hemos de darnos cuenta de que ese regalo a la vida es otra forma de hacerla alegre cuando en soledad sentimos la tranquilidad, pero ha de haber gente en nuestras vidas y esa gente, la del día a día, es la importante, la gente a la que puedes regalar una sonrisa, a la que puedes darles un apretón de manos y preguntar que tal van las cosas, la gente que se siente en el parque a comer pipas y que te prestan un puñado de ellas por un simple “hola” o un “que tal estas”, para continuar con los que van y vienen en las calles, personas y gente que hacen de la vida un lugar para si mismos y que regalan esas sonrisas, que son motivos para estar alegres y aunque no entusiasmados los suficientes, sirve para combatir ese hambre de presencia al que le hace falta un abrazo, al que le hace falta sentirse agradado, al que le hace falta calor humano, ya que si solo el que tiene un sitio para estar es feliz, mas feliz será si comparte momentos en los que las palabras brinden un apoyo y las risas y fiestas un lugar en el que sentirse seguro, consigo mismo y con su alter ego, ya que para quienes rondamos esa soledad a medias, encontrar un lugar para ser feliz solo basta con un abrazo familiar. Los que dependan emocionalmente de esos abrazos, lo tendrá mas duro hasta que ese mismo fin sea el de agradar, hasta que pueda decir que con unos pocos pasos hacia la puerta y ver que hay detrás, hasta que diga ese sitio me lo merezco y es lo mejor que me puede pasar ya que hay vida detrás, pues entre mis pasos y una puerta cerrada, lo único que me falta es abrazar mi confianza y salir a estrechar la mano al pomo de la puerta, salir y decidirme por que camino he de liberarme para no encontrar piedras que me molesten o que vaya dejando las que anteriormente me hicieron pesar en el alma, hasta saber que en el recorrido habrá un sinfin de cosas gratas que me hagan reír o embozar una sonrisa, con los vecinos que dan la tabarra cuando esa música que les envuelve está mas alta de lo normal, o seguir hasta que los pies lleguen cargados de pisadas en el suelo que nos ha hecho ver que existe la vida fuera de las puertas que en la soledad solo ven la obscuridad de una ventana cerrada a cal y canto, ya que el que sale para ver la luz del sol, aunque llueva y se moje, vive alegre de saber que hay vida después de un desafortunado pensamiento de pena, ya que sin el antagonismo de nosotros mismo en distintas representaciones de la vida, el sufrimiento que nos envuelve algún momento errático, la dicha de saber levantar la cabeza y sonreír a quien quiera mirarte a los ojos, es el logro mas sencillo de todos los momentos si esa estima es la alegría de sentirte digno