domingo, 28 de febrero de 2016

Los límites de la cordura.

Las maneras de hacer en la vida algo con locura dependerá del grado de insatisfacción que acarrea la incertidumbre a la hora de pensar qué es necesario para vivir con ello sin que los remordimientos nos encaucen hacia lo desconocido. Hablamos de locuras por amor, por cariño a quien tenemos al lado y nos brinda instantes para recordar, hablamos de la locura sana, la que puede hacer posible que las risas embriaguen la mente y nos envuelva con dulzura a la vez que roza la suave brisa por entre los recovecos del pelo ensortijado, hablamos de la locura pasional que nos delata cuando emocionados cruzamos los límites creíbles de la cordura, una cordura subjetiva que nos envuelve a cada uno de nosotros. El fin de acarrear problemas por sentirnos locos es por la perspectiva que nos enseña el mundo con su propia locura, cuando llevamos al límite nuestro razonamiento y sin darnos cuenta estamos sumergidos en un conflicto sin sentido, cuando en la vida de otros simplemente es un suspiro mas del hálito de esa vida que enseña a levantarnos cuando caemos en un sin sentido de la cordialidad, mezclado con el sudor de la impaciencia que evoca el conflicto cuando las manos tiemblan y las palabras se truncan en una indignidad provocada por el mero hecho de la ineptitud que nos recela cuando aun sentimos lejos los latidos del corazón. Es la manera de hacer y pensar todo lo que podamos de antemano o simplemente vislumbrar un atisbo de inestabilidad en todo lo que creemos hacer y en todo lo que soñamos al pensar, aun cuando la manera de hacerlo sea correcta, siempre que esté dentro de los limites de la cordura, siempre que sea la manera de hacer una solución en vez de un problema. Ese mero formalismo que ata y embriaga la dignidad fuera de lo común, que se aprovecha de la debilidad del fuerte y que grima la fragilidad del rudo, ese instante en el que vemos repercutir una falta de perdón o que embobados aislamos del pésimo sentido que da la libertad, esa perspectiva que emana de la ligereza de un propósito hacia la inestabilidad preconcebida del apoyo que merma la capacidad de acción, es a fin de cuenta un trozo de tiempo que marca la diferencia entre un malestar y un principio inadecuado que tolera del desistimiento cuando a propia voz rebusca entre los quehaceres de un espacio inadecuado y sobrepasa los limites de la tolerabilidad que nos embauca cuando aun prendemos razones por las que apagar la vela en vez de dejar el candil amparando la poca luz que se necesita en un alma o en un espíritu vivo de alegría. En vez de empezar al terminar o en vez de seguir al desistir, en vez de apaciguar cuando el miedo insiste en perdurar, en vez de acicalar cuando las insatisfacciones despeinan la cordura o cuando la creatividad encierra una falta de dignidad, es cuando la humildad hace posible el embozo de una sonrisa, cuando la seguridad de tener entre unos u otros la propia posibilidad de ser uno dentro de este mundo en el que nos hacemos en cada día, es como ser paciente ante la espera de saber que la tranquilidad nos hace seguros, es cuando la posibilidad de mencionarte y mencionar a otros sin la desigualdad propia de quienes fomentan los engaños nos de acritud y menosprecio sin venir a cuenta para fortalecer los instintos innatos que heredamos de la vida y del sueño que repercute cuando salvajemente nos hemos desaprobado al decir de esos otros o de nosotros mismos. Es la ardua tarea del día a día, que nos construye y nos hace pensar en todo lo que nos rodea cuando simplemente se nos está cayendo el mundo, cuando a nuestros pies arrojan agua hirviendo en vez de dejarlos en reposo tibiamente antes de ir a dormir, para recrear en la paz que nos invade cuando mecemos la cordura, hasta hacer posible ese mal estar que irradia todo lo que tocas cuando aun no has mencionado palabra, al designio particular de tu aventura sin compañía, a la atrocidad de mermar la infancia a dos paredes cerraras, a un pasillo en el que por una puerta estas escondido y en la otra se esconde tu fortuna, para dar las luces que abren el cielo en una mañana a ti mismo en tu propia compañía, hasta llegar hacia otro lado en el que por la tarde buscas con quien ver esas luces que revolotean por tu cabeza sin darte cuenta de que te tienes a ti mismo y a quienes hacen posible tu historia, sean del fondo de tu cabeza los que salen o sean los de tu cabeza los que entran.
Superar con la fuerza de voluntad un acontecimiento impredecible, cuando el canto de las sirenas transforma la sutileza de amar en sumisión, aparenta que servimos a la realidad de ser uno mismo mientras el incesante canto nos va acercando al paraíso del engaño, cuando las razones que embaucan los sentidos nos difiere y alejan de la realidad, puesta entre los pensamientos y reacciones que presumibles antes de tirar al fondo del pozo toda la cordialidad y afecto, hacen que el intercambio de posibilidades fehacientes rompan con su esquema para repercutir en una acción descomunal por llevar a cabo una ilusión desmedida. Para hacer posible una cordura real, en el mundo en el que vivimos, las normas que comparten los prejuiciosos que siembran discordias dan por sentado que recogerán discordias, pero si dejan pasar por alto esas normas que nos definen, la cordura no tendría sensatez, entregados a cumplir lo que pactan para el bien común sin dejar de pensar en la sensatez que nos haría hacer distinto el aislamiento humano, pues hombres de bien somos los que asumimos el papel del verdadero interés que traza la cordialidad entre todos los que sembramos para recoger eso mismo que sentimos en lo mas profundo de la vida, antes de contagiar de ira los que no saben esperar y con los que es mejor dejar a un lado, hasta que la propia vida nos enseñe que estar un poco loco es sinónimo de estar un poco vivo y totalmente cuerdo es aquel que esconde la mano una vez tirada la piedra.

domingo, 21 de febrero de 2016

La inocencia que truncó la desesperación

El torbellino de decisiones que debe de tomar el mando de un ejercito, no es igual cuando las ordenes son claras y sensatas, pues mandar a un grupo de insurgentes que abaten a tiros a todo lo que se mueve es dar riendas a la perspicacia que monda en el terreno angosto de las dificultades enteras y puestas de la mano de guerrilleros que ambicionan el terror y la codicia de aterrorizar a quienes tienen tan solo un momento para darse cuenta y toda una vida para quienes sobreviven en esa contienda de malos modos. Ya puestos a pensar quien es el malo, todo lo que busque un sentido ofensivo en una guerra de ultratumba es cortar la libertad que tenemos todos a la hora de poner un pie si en el quicio de la puerta, si se ha puesto otro para dejar pasar al que entra con malos modos, sea o no el que mande en esos territorios puestos a pedir, ya que quienes ponen la fuerza para aterrar aunque solo sea al vecino, es digno de contemplar su mudez cuando tiembla al ver su peor enemigo, antes de dar por sentado que la vida la hacemos los que vivimos en paz y la deshacen los que indignan al complejo de superioridad. Aterrar o no a quien es hermano de la vida, por pasajeras puestas de miedo en la infancia, cuando todo el terror era apagar la luz de la habitación y al contemplar la linterna entre las sábanas el pavor de iluminar la oscuridad dando miedo es peor que esperar a que vengan con fusiles y bayonetas a cruzar la puerta y con el haz de luz eliminar a todos los que en alguna guerra han pasado, como los abuelos que guerrearon por la patria y aun no han despertado del horror y a sus nietos pavonearse de pistoleros cuando en verdad les entra miedo cuando no están esos mayores que les dan protección. Pero cuando queda uno solo, uno que no quiere guerras y le dan collejas por pasivo. Es el pendonear de la vida ancestral por todo el tiempo que lleva huyendo de sus migas hechas con el pan del propio hermano que mete en el horno el pan de cada día de unos pocos y come el pan de cada día de otros tantos, que hechos ha pedir de boca solo tienen esa rebeldía con la vida puesta en el interés de hacer daño, sin saberlo, sin saber que se es capaz de hacer la vida con dignidad en vez de seguir con esa linterna encendida en medio de la habitación diciendo que la luz corrompe el alma y destroza el espíritu, dando al que agnósticamente ha labrado para un futuro mejor una esencia distinta a la que lleva de por vida, pues semejantes o no cada uno lleva un trozo de vida atado al pasado aunque no lo recordemos. Esa es la esencia que tenemos y el que vibra de corazón con todo el transcendentalismo que repercute en su labor. La propia magia que ejerce el poder de la inocencia no es el mero de ser como un niño y sentirse como tal, es saber que ese don de la humildad que tenemos antes de que lo corrompan los individuos de mal carácter, hace que rompa la dignidad en un percance de esos cuentos que antes sonaban a dicha y que ahora suenan a guerra, pues el que pone los pies en el suelo al levantarse y le invade el terror de que se lo coma un cocodrilo llevado desde los sueños de Piter Pan, es esa madurez que cuenten con los dichos de un adulto antes de dar por sentado que un poco de miedo hará mas fuerte al que no teme, sabiendo que el que está asustado y con miedo es simplemente el mejor resultado de la inocencia humilde y no del machismo desmesurado, que contando con los sueños solo ve en ellos las vueltas que da el horror en un termostato de un horno de pan, ya que todos los que dan por sabido que un hermano es para toda la vida, rompiendo con esa sinceridad que mecía las condicionadas y manipuladas acciones en el juego, antes de ser desapegado por naturaleza de los propios y horrendos padres que sin saber hacían daño y daban pié a un hermano trazador de inconsciencias, pues en la madurez machista que impone con un grito y un puño cerrado en la mesa es peor que cinco hermanos menores pidiendo algo con que comer antes de dar sentido a los que sentados en la mesa esperan que ese trozo de pan llegue de donde sea para poder dar un suspiro al hambre que con el terror se habían encogido los estómagos y se habían dado cuenta de que el miedo a seguir era secundario mientras que las ganas de vivir solo dependerían del entorno que el humilde había conseguido con un poco de trabajo pues los celos del que solo sabia poner masa de pan al horno y el machismo que engendraba con su propia conciencia repartida por los mayores que le hacían caso es peor que el buscador de vida que lejos encontró que hacer para comer mientras cerca de ellos habían monedas para que siguieran comiendo, sin darse cuenta del error al aterrar con palabras malquehacientes que derrotaban la dignidad con solo levantar un poco la voz.

lunes, 8 de febrero de 2016

La insaciable necesidad.

      Abrigarse al lado de la chimenea que quema los recuerdos que nos deja la inconsciencia, cuando queremos dar un paso y ya hemos dado el otro, antes de levantar la cabeza y mirar para donde vamos cuando el paso se ha de dar en firme, en un abrupto y discordante terreno como es el de ser tal y como quieren y no tal y como somos. El camino que seguimos cuando andamos no nos deja ver qué somos cuando vamos anticipando el paso que damos con el posterior, para dar incapié al sentido en el que tenemos que guardar las composturas, en vez de guardar las manos en los bolsillos por si el frio arrecia o por si encontramos en los bolsillo desmedidos tikets de la compra de ayer, cuando sin darnos cuenta fuimos por donde los precios son asequibles para nuestra tarjeta de Visa sin pararnos a pensar en el mundo caótico en el que el consumismo nos da la espalda cuando tenemos con qué gastar y no sabemos el qué comprar, para darle un capricho al discordante embeleso de la televisión que promueve la dicha colectiva cuando se tiene lo mejor de todo y cuando se quiere tener eso que aun sin hacernos falta, admiramos como pieza de caza para dar sentido a nuestra dignidad puesta en manos de un gran almacén o de una tienda exclusiva, donde el juego de los ganadores es tener mas de una moneda en la mano y donde el triunfo del espectador es adinerar a quienes tienen motivos para ganar mas de lo que jamas un pobre habría soñado antes de tener un empleo y un gran coche para llegar a pagar un alquiler o una hipoteca afijadas a unas letras que con el tiempo se incrementa su disposición económica hasta darle el valor que unos cuentan y otros mantienen para dar un tipo de interés a la vida y al valor de poder tener algo, aunque suene a la insaciable necesidad de ser o del ser así, tal y como quieren los que mandan y tal y como mantiene su teoría económica los que aprenden del tipo de interés que forman los consumistas o simplemente cualquier gobierno que quiera mantenerse dentro del estatus global, pues entre los economistas y políticos cabe esperar que el mundo siga tal y como lo vemos, pero el que necesariamente quiere hacer otra vida, puede, con su valor y dignidad por encima de todo, pues hacerse humilde en un mundo materialista es dar un valor añadido a quienes pueden recibir algo a cambio de algo, pero el que ve que tiene para dar y regalar, solo gasta en su condición de pagador, ya que si necesito poco lo invierto en algo que cueste poco, como semillas a las que darle vida en mi necesario terreno, y esperar salud a cambio de un respiro de aire oxigenado es lo que privatizaría un emprendedor con ganas de comer sano y a su salud que coman unos poco mas, pues entre amigos, amigos de compra-venta, estos que son los que esperan de ti un buen pagador, son los que por el mundo merodean entre las llamadas poco afectivas esperando que una buena fiesta llene a todos con el placer de gastar por el interés que afirmativamente estoy proponiendo en mi escucha, en una escucha indirecta que a cada hacedor de palabras propone antes de organizar la merienda con ensalada y fruta o de alquilar un local y merendar con las moras que presta el árbol de la esquina.
      Todo lo que sostiene un precio en estos días en vendible, pero los que tienen precio son los que se venden a mejor postor. Todos nos vendemos por algo pero hay gente que intercambia valores y sentimientos por emociones y gratitudes. Estos que saben qué es ganar tiempo con salud, son los que van mejor en todos los sentidos dignos de la aventura en la vida, pues sentados en un trozo de tierra pueden hacer que la vida pase cada vez que caminan por debajo de sus pies y encima de la tierra la mas generosa de las gratitudes, plantas comestibles que aun sin cosechar ya asoman por la rendija de la vida que en salud nos prestará un trozo de su destino y un poco de su bienestar. Otros que llevan el carro hasta encima de yo que sé que cosas llenas de venenos lentos, que van matando porque se acumula en nuestro cuerpo esas sustancias o no toleramos bien algunas de ellas, es el mundo que nos ha tocado, el mundo que se viste de grandes superficies y del cual ya no aprendemos nada, pues para aprender están los colegios pero para aprender de la vida, ya no está el abuelo que nos contaba o la tía que venía del extranjero con fotos o el sobrino que vuelve de su viaje a África y del cual nos trae semillas de cacao para plantar en la finca de los tíos, pues entregados a una solitaria campaña con el consumismo de la mano poco nos espera de quienes queremos que sigan aprendiendo y solo ven la maldad que evoca un sinfín de atrocidades que aprenden de lo que no es justo y de la maldad que habita en el intrínseco ser humano, cuando en vez de dar la mano mira la cartera y en vez de apretar las manos se agarra a un clavo hirviendo porque es de oro.

lunes, 1 de febrero de 2016

Insiste la codicia.

     Arropar a los derroteros de las disciplinas que emergen de la sociedad, con sus preámbulos de poca insistencias y directos al fehaciente desarrollo de sus complicidades en el activo mundo de las calles, en las que poco de lo que cuentan es agradable y del que en su violencia provoca al invadir una estancia en el recelo de la hipocresía, pues maltratadores los que hacen sentido al poco sumiso acuerdo y malhechores los que promueven el significativo de bienestar. Hay que hacer lo mejor que uno pueda dentro de la dignidad acordada, pero ponerse de acuerdo con la violencia sumergida en un hábito delictivo frecuente en una psicopatía común entre los benefactores de ideas hechas para morir, mientras no se conmueven al saber hacer explicito un significado entre los compañeros de lidiada o los enemigos hermanados de la soledad, opositando las dignas falacias al mero signo de rebatir la cordura con un poco del quehaciente derecho de ignorancia, perpetuo en las exhaladas de humos que comparten las esquinas, puestas en las calles para adornar un decrépito e insano tumulto de ideas, puestas en las paredes y adornadas en las bocas que muerden la codicia en un trozo de revuelo infantil, que con el tiempo se mermó en la falta de humildad y de honestidad, para afrontar la inmadura inocencia en rabia e ira en vez de de alegría y espontaneidad.
       Los grandes, los adultos que enfrentan a la vida con un puñado de gratas insatisfacciones, merodean por entre los cabritos de la inconsciencia para regalar un poco, solo un poco de la poca forma que se le da al conocimiento de la vida, pues aparte de poner todo el empeño en crecer con recelo y envidias, solo al colocar la mente en un distraído espacio oportuno detrás de las esquinas y adornándolos con ceniza y una gran cantidad de disparates, siendo el incidente unas pocas monedas para cambiar al mejor postor el hálito de la injusta competencia entre unos pocos que siembran terror y otros pocos que recogen miedo. No dejaría a ninguno en una esquina, en cualquier esquina que preste a preámbulos insistentes entre el mejor o lo peor, entre lo mezquino o lo ingrato, no dejaría a un trozo de mi independencia sujeto a una pulcritud que emana de mis razones dignas de entendimiento, de razones por las que luchar sin dar tregua a los insustancial de la propia vida que se empeña en divagar hasta encontrar una propia manera de vivir y una propia manera de lograr el propósito en la juventud, sin libros ni clases, sin dogmas ni estilos, solo con unas pocas piedras en los bolsillos para que el viento arrecie y no pueda levantar ni una sola paja del suelo.
      Es así, de triste y de ingrato, en la vida que llevamos para darnos cuenta de los motivos por los que “doblar las esquinas” sean privilegio, como cuando en el limite y en las fronteras de la civilización, dentro de argots irresolutos en un saludo y en una despedida, sean marca de la casa que cubre las intencionadas sonrisas de quienes invitan a la dichosa satisfacción de unas pocas palabras entendidas y muchas otras disueltas en el barrunto de pocas ideas y de pocas razones. Darnos cuenta de lo significativo de participar en coros callejeros, en los sitios que tientan a malintencionar la cordura, dentro de los rangos explícitos de una mentalidad coherente, cabe esperar un poco de abrumamiento o un poco de extenuación cuando el ápice de la codicia es el ser mismo por el egoísmo de la vida, cuando en las comunidades luchar por el mejor sitio no vale, estar en el mejor momento no cuenta, sentir pletórico el instante para acrecentar es sinónimo de dopar, solo cuando entre los brazos tienes afín un montón de rayas, dibujos y garabatos, siendo lo que importa en el futuro inmediato del tiempo que rueda en dirección contraria al tiempo que no vuelve en la dirección correcta. Es así y no queda otra que prestar al tiempo las prisas de unos y los lentos y largos momentos de otros, para llegar a entender que el tiempo se pierde, en vez de ganar al tiempo todo lo que en experiencias nos da, para alargar el préstamo justo de ese tiempo que nos envuelve entre una manta arropándonos en un sofá o con una caña en la mano pegado al precipicio de una barra de bar. Cuando el tiempo que nos regalan es para nosotros y solo para nosotros, esa tuburbiaredad de anclarse en un rincón de una barra de bar queda lejos de explicarse ya que no existiría para los ociosos pues se buscaría tiempo para andar, correr, nadar o incluso saltar a la comba en algún lugar mas idóneo, aunque masquemos chicle sin darnos cuenta. El que hace posible encontrar un lugar mas idóneo que amparar cuartos escondido en un bajo, hace entender que su posibilidad de ir por medios sería mas útil, pues el que ampara todo lo que quiere bajo su préstamo económico a cambio de una o dos formas de intercambiar, da mas cuando es aferente efectivo y menos cuando los relojes se atrasan metidos en una mesita de cabecera de cama.

      El que deja a un lado es porque no necesita el valor que le puede dar algo sin pedirlo, el que deja a otro lado lo que pide es porque no tiene lo que necesita y el que simplemente deja encima de una mesa algo olvidado se percatará del olvido cuando se acuerde de que hace falta tenerlo encima. Todo lo demás no cuenta pues pretenderemos tener de todo sin romper el saco para hacernos lo mejor, el mejor de todos los que hay con algo o de los que tienen por algo, aunque el que puede sera mejor que el que tiene, a sabiendas de que todos podemos tener algo y aun mejor que poder tener algo, pero cuando lo que no tenemos es de otra índole, romperemos todo lo que haga falta para tener y poder tener lo que no somos o no tenemos. Aun así, seria beneficiario de lo mejor aun a sabiendas de que ya lo tengo y no por eso voy a ser peor, pero un poco mejor si le doy el uso que necesita verdaderamente tener para poder tener su justa medida y su justo valor.

domingo, 31 de enero de 2016

La salobridad que se encuentra.

Las razones por las que dar un salto a lo desconocido, lleva la sensación pegada a la valentía y el impulso necesarios para dar un gran salto al vacío, a diferencia de si tirarse a una piscina vacía de cabeza sin mirar es sinónimo de romperte la crisma. Una sensación que invade para aterrar en lo desconocido es mejor buscar en lo fiable, para poder dejar en claro que el propósito de embargar todo el tiempo en un riesgo inminente. Podrá hacerse mejor en el indagado mundo de la seguridad, donde apelamos a tener claro que es lo que hacemos y para que, ya que hacerse con lo desconocido con el riesgo de ganar mas que de perder puede hacer mella en la diferencia de un temerario a un valiente o de un atrevido a un osado, que solo busca la sensación de perpetrar un riesgo en cuenta de ese valor que pierde cuando no tiene sentido. Dar la vuelta al tiempo es imposible, mas aun cuando queremos dar marcha atrás a un suceso que si el valor nos deja podríamos hacer de el el recuerdo perfecto. La llave que abre la certidumbre de connotar ese pasaje entre la realidad que enseña los dientes y la subconsciencia que permite pasar los impulsos erráticos, cuando entregados al subconsciente nos abre la ternura de comprender que es lo posible cuando entre unos y otros que salan las conciencias para quitar el agrio y amargo sabor de la incertidumbre, deja entregado a la rotunda idea de apaciguar el entredicho por mucho menos que entregar la constancia en una rutina aparente, llena de halagos por un lado y llena de discriminación por otro, hasta dar cuenta de qué es mejor, si apalabrar un contratiempo o insinuar una palabra para llevar el contraste del pensamiento hasta hacerlo digno, pues entre unas razones y entre un sabor al que recurrir siempre queda la sensación aromática que envuelven los lazos del día a día, ya que unos piensan en positivo para seguir dando unilateralidad en la vida, siendo otros los que colectívamente impregnan la razón con sus postuladas apariencias, antes de dar por sentado que las posibilidades de dar y de recibir son tan contradictorias que emplean la mano fácil para apretarla antes de saber que contrato dará el ir a los campos en los que se refugia la vida, en una difícil apreciación al gusto por el que hacer las cosas tal y como mandan, ya que unos dicen y dicen qué es mejor, pero otros ni cuentan ni comparten las propias razones por las que dar una dignidad al tumulto de improperios, dejando a un lado la prosperidad que da el saberte humilde y seguro, antes de romper con esa rutina que ciega de vicios nos lleva a aparentar las condiciones humanas de los que destruyen mas que construir.
Hay muchos sentidos que le damos a una misma peculiaridad, pero hacer posible el entendimiento a uno solo, mientras pasan rápido las demás insinuaciones, es preferible recordar que uno sólo delante, otro al medio y otro al final, ponen los sentidos que se solapan para desarrollar el comportamiento que nos hace falta cuando en silencio paramos el motor de la inercia y nos regocijamos con el sentimiento que necesitamos, un sentimiento plácido y estático, para dar movimiento al pasado hasta prendar el futuro de mejores enseñanzas, que iremos haciendo sin trompicones, delante de las experiencias que marcadas con las hazañas nos hacen posible vivir dignamente, antes de que desaparezca el pudor y la honradez que guardamos en un recoveco de alma, pues antes que desalmados encontraremos las guerras y conflictos de gente que no es gente y de personas que no son personas. Dejando a un lado la dicha que nos conmueve, el darle a quienes no se lo merecen el valor de los sentimientos, dejará preocupado a quienes saben que existe esta similitud de ideas, contrastadas con los epígrafes de noticias que vulneran la sensibilidad, para morder el sentimiento de quienes pulcros dejaron de serlo, alimentando el ego que provoca la difusión de la moralidad concurrente, hasta emprender en el camino de la cordura el entendimiento que nos deja perplejos cuando sin razón le damos a los sueños que vivos despiertan pasiones, para dar el vivir en un infierno a quienes atrapados en la mafia de los recelos que evocan los resentimientos profundos del ser humano, vinculados a los propósitos que nos hacen merecer apelativos con razón, hará la interpretación de la vida alrededor de los malos hábitos y merodeará en la codicia con el valor que le damos unos u otros, inclinándonos al temperamento correcto los que posibilitan liberar a los sueños que enfrascados entre cuatro paredes y cerrados en un abismo concordante posibilitamos la pasión por esa libertad en la inseguridad que nos proporciona la dependencia a quienes atados a un lujo inconmesuralbe nos desvelan en ese apacible entender de la propia y nefasta idea de amarrar un buque a una boya de profundidad, pues profundo es el océano y la ilusión flota en cada uno de nosotros, para dar en cada propio océano una cierta cantidad de sal, para que la flotabilidad de uno de nosotros pueda hacer al agarrar la mano de otro, un reflotamiento de las emociones y sentimientos que marcan nuestra vida, en nuestro rumbo por las ilusiones que humildemente proponemos en las guerras que otros hunden con plomo en los costados de los que libres piensan y de los que liberados sueñan.

lunes, 11 de enero de 2016

Después de la mentira.

       En el rellano de las apariencias, quien sabe distinguir entre lo verdadero y lo falso, argumenta más que un principio de normalidad entre las desmesuradas mentiras de un océano inmundo, aspecto que tiene formándose gota a gota en vez de átomo a átomo y molécula por molécula, ya que si limpiamos en ese rellano, formaríamos un aparente entrar en una antesala de verdades hechas para los verdaderos y puesta a prueba por los que se mienten hasta si mismos, pues formalizar una aparente entrada en un lugar que apreciáramos por su pulcritud. Pocos entrarían con los zapatos puestos, para dejar fuera el dolor y la rabia que provoca el sentirse pisado por las inmundicias que promueven los que solo saben mentir, ya que la mentira en boca de quienes prefieren engañar su honestidad solo formaliza al manchar esas gotas con sucios pesares. Hacer del rellano un lugar en el que entras y dejas los zapatos para respetar el sitio por el que pisas, es un encantador método para dejar afuera las zozobrantes vibraciones que emanan del mundo exterior antes de guardar reposo en el cubículo de la armonía, en la entresala de las apariencias, donde solo podemos decir que descalzos el suelo pisa nuestros pies y nosotros rozamos el suelo. La mentira, el mero hecho de decir lo que no es, poniendo de entredicho una falsa sensación o un falso comentario, que encelado por la propia indignidad que promueven los pensamientos para engañar a quien solo quiere oír una palabra decente, hace que esos impulsos erráticos sean vistos de mala manera, tanto por quien quiere aparentar o tanto por quien quiere creerse sus propias palabras, quehacientes de un rellano lleno de incógnitas de par en par, para hacer posible una forma o un ente en el que endiablámdamente nos hemos propuesto asistir para hacer que esas palabras que ciegan el entredicho de una conmensurada apariencia volcada en el ápice de un torbellino de propósitos para dar el ejemplo truncado de la siniestralidad de la verdad, cuando en el regocijo del que propone hacer de verdad un comentario, cela la diplomacia que embriaga con éxtasis profanado un recóndito lugar en el que habitar para encontrar seguridad entre todos los meros y funestos incapié de la mentira que deja a un lado la sinceridad. Aparente o no, la mentira solo hace su dignidad para aferrar un hecho al inculcado menester que nos otorga la simplicidad de hacerlo, de contar con otras palabras más alejadas de la incomprensión por parte propia que por parte de quien escucha, ya que quien sabe de verdad qué es lo que buscamos mintiendo, desmorona cualquier actitud que afronte a la realidad que tenemos entre los verbos ha decir y entre las palabras a contar.
         Decir que la mentira es piadosa es como buscar que decir para dar un rodeo a la verdad, pues mentir piadosamente o no, vulgariza el escondite en el que guardar esa mitad de verdad y la piadosa e inerte mentira, pues incitar a dar la vuelta al conocimiento para volver a encontrar lo que debiéramos de haber tenido antes de todo ese rodeo al placer de quitar, de devolver, de sufragar unas palabras que dichas con un propósito abnega cualquier razón para una comunidad de valores, forjados entre las bendiciones de las palabras hechas verdad y labrado con la esperanza y la mesura de irradiar polos positivos entre una mano y otra, hasta reconocer que el mentiroso solo se morderá la lengua entre las masticadas del bocado de ayer y entre la de hoy sangra por ver que las palabras llenan la boca de sinrazones cuando se miente y no se es honrado y honesto con el interlocutor o con esa comunidad que pretende dejar los zapatos fuera para poder entrar en lo mas sagrado de la intimidad sin suelas ni mentiras que apiaden el alma al fomentar valores o disvalores.

domingo, 27 de diciembre de 2015

El ápice del vértigo.

       La incondicional lealtad a uno mismo, mella en las decisiones que perpetramos en nuestro inconsciente, pues desleal o no, la fuerza que emana del subconsciente, entre las palabras y acciones que hemos de dar sentido, la única verdad que tiñe de colores la realidad es ese hilo rojo que traspasamos a través del espejo que nos mira pidiendo comprensión. Antes de enhebrar la aguja con seda, queda el valor del esparto cuando la calidad del preciado pensamiento no rige en esas consciencias que colectivamente han regido un punto en común, desapegándose de esa inercia que hace posible entenderlo, pues con un soslayo encuentra la palabra correcta, pero un pensamiento fugaz que intente invadir en contra de la intuición que refleja la realidad, difiere de ese sentido común que antes o después iba de la mano del entendimiento. La verdad que envuelve el pensamiento, cuando en los sueños desvelamos su significado, nos deja ver que hay en el entramado de las proyecciones que nuestro subconsciente nos regala con cada virtualización que hacemos sin darnos cuenta, pero que en el fondo, su intrínseco revoloteo de ideas manifestándose a través de las imágenes que trafican con sentimientos y emociones, dan para estar bien cuerdo, haciendo depender del colectivo para entramar los resultados de ese significado que le damos desde un punto de vista hasta el otro sentido digno de cordura, aunque entregado a los sueños, nos demos cuenta de su valor hasta pensar qué es posible recordar de entre unos y otros o qué es posible encontrar cuando sin querer los sueños se vuelven pesadilla. Aun así, la realidad que hacemos posible con cada palabra y con cada pensamiento, es diferente en cada cual, representando el indicio de un camino que seguir o complaciendo el recorrido que llevamos entre el punto de partida de un hecho y el digno estar en el camino que llevamos por dentro, por nuestra psique y ondas colectivas, que dando incapié a las decisiones tomadas a mano alzada infiere en el transcurso de esos que prefieren codiciar al entendimiento que manifestar un acuerdo entre mandatarios del placido sueño que envuelve el día con su noche. Cada forma de pensar hace única la tradición que hemos de seguir pero el que no sabe estar en el momento presente, con los que en ese momento predicen para lograr ese entendimiento futuro, que mella entre lo cuerdo y la fantasía, propaga un rayo de incertidumbre entre los que apaciguan con halos de desesperación la frontera de ese hilo de seda, que antes de quedar en desacuerdo, fundamenta al principio del logro antes de asumir la calidad de vida o la calidad de hermandad que sufragan las decisiones posibles antes de dar sentido al acometer la dicha con un inesperado contratiempo a corto plazo, ya que lograr a todo largo plazo un acuerdo común entre los que prefieren donar vida a los que necesitan robarla, da entre los trompicones del desacuerdo mutuo que hilvana dos prendas distintas como pensamientos entre si, dando como resultado un acuerdo dividido por las mismas prisas que da recorrer todos los pensamientos en un solo segundo y ver con claridad que ese inconsciente es el hálito que mueve la intuición, aunque veces sean quienes no quieren regirse por esos codiciosos y deshonestos principios, para ver si en el transcurso de la necesidad que nos hace humanos, una decisión que particularice ese sentido digno de honradez para enmendar las situaciones difíciles que nos hacen ver la crisis particular en un encuentro con la dignidad que nos ha de dar satisfacciones. Una vez conseguido el pensamiento al unísono de un acuerdo mutuo en compañía de la certidumbre, mueve mas tiempo prestado que el robado por las innecesarias cautelas que privan de seguridad al humano que pretende pensar en positivo y adecuados los modos por los que luchar, hacer de las palabras una posible conexión de dialogo en vez de ruptura inadecuada por los valores que ciernen las propias palabras, de boca en boca y de discurso en discurso, sin apoyar mas que a la gloria de sentir el hondo hueco que cae cuando aun no nos hemos levantado, insistiendo en repercutir sobre el mandato de la acción que llevan a cabo unos pocos por la verdadera decisión que mueve honradez y humildad antes del nefasto acuerdo que vela por la corrupción propia e indebida de quienes mueven la condición humana a la salvaje y brutal connotación de guerras y disputas. Ser cruel no vale la pena, ser rencoroso ahoga el alma, ser codicioso rompe el saco, ser inexpugnable forma un muro que has de saltar tu mismo, ser adecuado no adecua mas que unos principios y ser fiel no lleva mas que a ser uno mismo con la integridad propia de esos principios que nos envuelven entre lo real y lo verdadero que tiene ser uno mismo.